Balada en La Merced

3:53 p.m. Edit This 2 Comments »

Me he preguntado por qué esta noche, el presente y lo mítico, tu amor y la muerte; dan círculos en mi pecho; y por qué la selva roja ha de dormir otra vez ante la rabia. Yo, que ni voy, ni vengo, sin compás de espera, penetro el viento como un sonido que ruge, excitante y dulce. Pero, he de dormir otra vez, entre vasijas muy oscuras, arrodillada en tu ceniza.
Quién sabe, esta noche; qué alfabeto de lagartos reverbera sobre el tiempo. Por qué, así sumergido en legaña verde, aún hierves cual justo sol. Por qué, crucificado como un ebrio, aun subo tus escaleras. Y por qué, orgullosa aún, sobre el cierzo del calabozo, cabalgo aquí; sobre este sueño de papiros.
Este territorio que estalla en la mentira, esta tierra prometida marcada por la pesadilla, es el mismo lomo amarillo donde escribes tu fuga en el mar; quizá estoy hecha de tierra, quizá tú estás hecho de arenas, y nos abrazamos en la misma playa vacía que vibra y rueda.


Vientos de octubre

8:55 p.m. Edit This 0 Comments »

A medianoche, mientras seco mi cabello
y el deshielo del mundo
desemboca en la plaza salvaje
me llevo a cuestas
éste movimiento tuyo
para respirar, para preguntar algo
Entonces, vienes derecho
transversal
y atraviesas mi interior de vidrio,
pero éste, tu duelo en llamas
escamotea la noche,
le da guerra al dolor,
a estos vientos de octubre
Te llevo a cuestas,
ya derretidos los hielos
sobre mis manos
Vienes a mi boca
como el humo al final de un incendio

Fin de mes

8:47 p.m. Edit This 0 Comments »
Te digo, te aguardo en mi memoria, como una piscina repleta de rocas oscuras, más redondas que la luna. Me he perdido, susurra mi perro, y yo le he dicho que hemos de conquistar el miedo, coger el desastre como una masa de pan y hornear nuestra última cena. Creo en Cristo, en esa fotografía malherida que repite su traición; en realidad es una buena película el vía crucis, ya nadie entiende de justicia poética, la sangre es más justa para los ansiosos panes.
Me iré, he dicho; me iré de una vez, cuando este país termine de irse a la mierda; pero sigo sentada diciendo tonterías, el país se fue a la mierda cuando cayó el sol y llegó la pluma. Sigo diciendo, sigo quejándome, de palabras así, un poco vacías, mal escritas, se escribe el mundo, su película y su negocio.


Pase a cobrar a RRHH: su inefable precariedad

Estudios de paraíso

8:44 p.m. Edit This 0 Comments »
Éramos tan jóvenes como el sol…
Ahora la estrella oscura, el agujero negro del tiempo ha jugado libremente con todos los fusiles;
se han acabado todas las balas, y me queda tan solo
un cuchillo en la memoria.
Aquí, arriba
donde la vida se aglutina,
aquí te ofrezco una canción,
un cuerpo oblicuo, para amedrentar este camino,
donde hay fornicación,
la chispa y hay fornicación,
parchando las estrellas y hay fornicación.
Tú ya no recuerdas, vas dormido como isla buscando equipajes.
Acá arriba, en el anteparaíso,
te guardo un fiel martillo para despertarte y devolverte tu perdida ternura.

Cuatro días de oleaje

6:33 p.m. Edit This 0 Comments »

Nosotros beberemos la luz que se extingue sobre la pólvora; aquella liturgia tendida sobre la hoguera. Nosotros, la manada de espinas que tensa su elegía en la ciudad, beberemos el tufo salino de las avenidas, el ácido rumor de una sonrisa prohibida. Y aguardas –te digo- en mis sueños, en un cultivo de amapolas en pleno verano. Pero, la tarde nos subleva; y he oído el rumor del bosque; y he oído caer tu nombre como una catarata de balas sobre mi pecho de perro envenenado. Y he oído, tu silencio de metal. Y he oído, el siseo de tu boca al nombrar la noche. Viene el humo. Viene la noche en su alfombra roja, y toda la fatalidad de tu cuerpo, que golpea mi copa. Viene el diluvio. Este oscuro amanecer, que descansa tu espectro de diamante. Aguarda –te pido- un cajón para guardar tu cólera; aquel viejo reptil que alista la madera, para clavar todas mis palabras en tu Cristo. Adolescente –te pido- conjura mi cabeza de antílope cazado hacia ti.

Por esto, suspendido en el hangar del viento, un lobo adolescente aúlla, descuelga su magia en el alfabeto enfurecido. Por estos cuatro días de oleaje, descuelga tu clava cabeza, para descansar de la marcha y rumiar como una minúscula abeja sobre la flor de los ataúdes.

Punto cero

8:28 p.m. Edit This 0 Comments »

no soy nada
sino un conjunto de escenarios
donde a veces cruza alguien
e irremediablemente ve su sombra
y me ve, y yo lo veo

y luego nada

Canción urgente

7:28 p.m. Edit This 0 Comments »

Y nuestra noche otra vez de noviembre,
supo decir que tu inútil mano hila Itaca
puedo repetir
tanta boca
tanta caverna por esta hoja
puedo repetir el látigo
a Cristo
Decir, tu mano es la carnicera de mi pecho
Todo tiembla y puedo repetir
Que toda gacela es un tambor de amor sonando alto en Altamira

Decimales negativos en el cielo

8:11 p.m. Edit This 0 Comments »

Un obispo tenebroso cuelga la hostia del pecado sobre las nubes, para que todos los seres alados como tú se pierdan acelerados por el vicio de vivir copulando; dándole besos a un Dios montado de planillas. Tú fuiste concebido a esta hora en que te pienso mal y te deseo lo peor del mundo, porque de tanta negación he escrito mi propio rostro y lo beso. 


Alicia en el país de la sal

11:18 p.m. Edit This 0 Comments »

Te miré; y mientras la polilla asomaba su labor, la habitación iba limpiando mi memoria. Alicia, tal vez podamos encontrar ese vestido que baila desde su infancia como un zumbayllu sobre el desierto, como un planeta arrastrando sus signos, como en una reunión atómica donde abrazo este justo momento. Tus vestidos Alicia, el ladrido de la noche en Comas y tu nombre. Se deshace tu nombre AAAAAAA la noche parece suspirar, y todos los perros del parque ingresan en mi cabeza. Suenas y suenas. Repicas en un juego de espejos, tal vez Alicia la simulación de cortar a los testigos, de marchar en hierro, paga bien en los altos suelos. Pero esta habitación, esta ciudad de sal, este mundo que ha virado hacia atrás; suena y suena, como un grupo de mariposas que susurran sus memorias antes de partir.

Porque escribí, Enrique Lihn

7:05 p.m. Edit This 0 Comments »


Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.

Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.

Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
—¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria—
Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces

De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.

La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudarán
de mi existencia real,
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.
En su origen el río es una veta de agua
—allí, por un momento, siquiera, en esa altura—
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.

Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.

Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.

Nepal

7:09 p.m. Edit This 0 Comments »

Veo por las noticias el terremoto de Nepal, el Himalaya se desprende, y la gran herida en el Olimpo de las cumbres se desarticula; ninguna herida es bella para siempre, incluso las cicatrices vuelven descosidas; vaivén de porquería, danzas a tu eterno retorno como un niño en su mecedora de domingo. Lo que me queda es seguir leyendo, y leo como un ignorante su mapa natal, leo y releo las noticias como un manual de sobrevivencia. Alguna de mis voces me reprende y por fin entiendo que mi carne se teje y se desteje en favor de la avalancha, yo que abracé tan fuerte mis estigmas y mis cruces, cual peregrino embrutecido por su Cristo. Voy entendiendo que mi aliento juvenil se extingue, que las placas viran; sin embargo la gran araña que teje mi destino está perdida entre reportes y mails, y traga como una película todas las imágenes y como en un remolino de rio, se lleva los 4 mil muertos de Nepal, los escombros de Nepal, los closeups de Nepal, las espesas nubes de Nepal y todo ingresa a la vorágine, a la danza. Leo como un obsesivo compulsivo, tomo los apuntes, firmo los perfiles, diagnostico hasta el futuro y el ángulo de una casa derruida, y la foto de montículos y escombros, y las piernas sepultadas por cemento, y los autos reducidos a chatarra, y las moscas en su carnaval, y los usuarios embebidos se liban de noticias, nada importa, mi alma llega tarde, olvida registrarse y así va como fantasma apurado por su otro fantasma.

Trilogía en tres actos

11:51 a.m. Edit This 0 Comments »


















A Jorge
I
Allá, donde era
Allá donde la bestia se arremete contra mí
Allá donde una espada visita a los enfermos
Allá donde un torero coge un vaso de cerveza
Allá, donde era Ese animal de aire que va tocando su tambor
II
Pero aquí, ha caído el telón
recogemos nuestras lágrimas y sonrisas,
nuestros vestidos de espuma y de sangre
y este lento alcohol que sube como agua helada hasta mi nariz,
no es más que el chorro de mi aliento
que se abisma desnudo como una cascada violenta
III
Alguien coge una escoba y mi corazón, y va guardando los deshechos en una bolsa
Recogemos nuestros rostros, nos cogemos de la mano los tres
y apagamos las luces.

Llueve

5:59 p.m. Edit This 0 Comments »
I      I        I        I      I    I    I    I                I               I      I
             I        I        I       I          I   I    I    I     I  I          I    I           I         I   I
I  I         I           I         I           I         I           I          I         I
 I       I             I       I       I      I          I      I        I      I         I      I
I I   I     I    I  I         I      I   I      I   I  I     I        I              I     I
Llueve, como si no bastara decir tu nombre, como si tu cuerpo hecho de raíces empezara por rugir; y sin embargo este pasto polinizado por el agua, es también la ceniza y es también tu cuerpo; un papel mojado que me llevo a la boca.

Frankenstein

8:11 a.m. Edit This 0 Comments »


Mi Señor Frankenstein, abraza a todos mis hombres y hazlos tus hijos; que esta noche señor, la arrinconada enciclopedia que llevo por corazón, explote en un charco boreal entre mi perro y la boca del mundo. Aún hay luz, aún hay gente cubriendo este granizo; pero mi demencia existe. Y entonces me convencí, que esto soy ahora: Un caballo desbocado que orina su odio y su belleza ante el primer cadáver de la noche. Mas todo fragmento, y encima todo pensamiento se tarja entre diamantes mientras cocino, mientras te corto y te uno en mi tabla de picar. La fragmentación es mi cuerpo y su historia es trazada en la barbarie; pero avanzo para volver a coser los 5.6 kilómetros entre mi cuerpo y tu rebeldía.

Reinos

2:13 p.m. Edit This 0 Comments »


Intento no dormir, intento no soñar; el sueño fija los recuerdos. Las horas, el cuerpo de los días. Intento no dormir, intento el amor y porque el amor es una silla, donde puedes sentar a todo tipo de reyes, y como todo reino, he sido colonizado, invadido, independizado y arrojado al vacío. Pero intento, intento dibujar una figura sobre mi silla.

Freedom by Paul Eluard

5:57 p.m. Edit This 0 Comments »

Sobre mis cuadernos de colegio
Sobre el pupitre y los árboles
Sobre la arena sobre la nieve
Escribo tu nombre

Sobre todas las páginas leídas
Sobre todas las páginas en blanco
Piedra, sangre, papel o ceniza
Escribo tu nombre

Sobre las imágenes doradas
Sobre las armas de los belicosos
Sobre la corona de reyes
Escribo tu nombre

Sobre la selva y el desierto
Sobre los nidos sobre las retamas
Sobre el eco de mi infancia
Escribo tu nombre

Sobre las maravillas de las noches
Sobre el pan blanco de los días
Sobre las temporadas desposadas
Escribo tu nombre

Sobre todos mis trapos de azul
Sobre el estanque sol enmohecido
Sobre el lago luna viva
Escribo tu nombre

Sobre los campos sobre el horizonte
Sobre las alas de los pájaros
Y sobre el molino de las sombras
Escribo tu nombre

Sobre cada soplo de aurora
Sobre el mar en los barcos
Sobre la montaña lunática
Escribo tu nombre

Sobre la espuma de las nubes
Sobre los sudores de la tormenta
Sobre la lluvia gruesa e insípida
Escribo tu nombre

Sobre las formas que centellean
Sobre las campanas de los colores
Sobre la verdad física
Escribo tu nombre

Sobre las sendas despertadas
Sobre las carreteras desplegadas
Sobre los lugares que desbordan
Escribo tu nombre

Sobre la lámpara que se enciende
Sobre la lámpara que se apaga
Sobre mis casas reunidas
Escribo tu nombre

Sobre el fruto cortado en dos
Espejo y mi habitación
Sobre mi cama vacía
Escribo tu nombre

Sobre mi perro codicioso y tierno
Sobre sus orejas elaboradas
Sobre su pierna torpe
Escribo tu nombre

Sobre el trampolín de mi puerta
Sobre los objetos familiares
Sobre el mar del fuego bendito
Escribo tu nombre

Sobre toda carne concedida
Sobre la frente de mis amigos
Sobre cada mano que se tiende
Escribo tu nombre

Sobre el cristal de las sorpresas
Sobre los labios atentos
Bien sobre el silencio
Escribo tu nombre

Sobre mis refugios destruidos
Sobre mis faros aplastados
Sobre las paredes de mi problema
Escribo tu nombre

Sobre la ausencia sin deseos
Sobre la soledad desnuda
Sobre las marchas de la muerte
Escribo tu nombre

Sobre la salud vuelta de nuevo
Sobre el riesgo desaparecido
Sobre la esperanza sin recuerdos
Escribo tu nombre

Y por el poder de una palabra
Reinicio mi vida
Nací para conocerte
Para nombrarte
Libertad

Hacking to myself

11:06 a.m. Edit This 0 Comments »


 
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        <"Sobre una bicicleta negra viajo::bajo sobre el lomo de tu cuerda vieja bicicleta">
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          <"La rueda gira y yo caigo entre rugidos y avenidas::y más callado el animal que nos respira": 
                                                                    "duerme"/
              /"y más estrecho y arrobado sobre sus arterias: Caigo">
 <"marginal='1'='1'='chicha'">
           <"Hacia el tropiezo en el centro de Lima":
           /"donde tu cuerpo es un muñeco-que-chispeante-se-desangra:sobre las ruedas"
                                                                <"/y el pedal de este archivo llamado Lima">
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            <"/html> y tiran de la soguila dentro de mi">
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Se busca AuTor

4:46 a.m. Edit This 0 Comments »
A Jorge y Samuel

Hace una semana fue inaugurada la muestra “Se busca AuTor” en la Galería J. E. Eielson, que tiene como curador al crítico Guillermo Quezada, quien nos ha hecho una pregunta interesante, sin hacerla. ¿Puede realmente ser anónima una obra en el circuito artístico de hoy en día? Quezada para hacernos más anecdótico el recorrido nos ha concedido unas escasas tres líneas, donde nos dice que esta muestra ha sido elaborada por “artificistas”, nos aclara que esta colectiva fue elegida al azar entre muchas; la decisión fue a voto interno entre todos los participantes –del que no se sabe el número- para elegir, según un hilo conductor desconocido. En la última línea de esta especie de pista policial que nos deja Quezada, ha escrito que son artistas, críticos de arte y aficionados los que han participado en esta especie de boicot al monopolio artístico. Los cuadros no están en venta y el anonimato de los artistas es total.

Haciendo un ejercicio intertextual de la memoria; en 1982, el poeta José Emilio Pacheco cometió un disparate, responder en verso a un estudiante norteamericano que le había enviado alrededor de cien preguntas, éste es un extracto que nos revela de modo análogo, el tono de esta muestra.

No sé por qué escribimos, querido George,
y a veces me pregunto por qué más tarde
publicamos lo escrito.
Es decir, lanzamos
una botella al mar que está repleto
de basura y botellas con mensajes.
Nunca sabremos
a quién ni adónde la arrojarán las mareas.
Lo más probable
es que sucumba en la tempestad y el abismo,
en la arena del fondo que es la muerte.

“Una defensa del anonimato
Carta a George B. Moore”
 
Esta singular exposición ha refrescado el circuito esta semana. No hay realmente un correlato lineal o conceptual aparente, y es que acaso ¿El arte tiene límites o temas a los que obedecer? En esa misma línea, en el Perú, no hay realmente una historia de las artes plásticas que haya interrogado directamente el hecho del autor. Además, ya algunos críticos han señalado a raíz de la muestra, que tenemos que admitir, en general, que la crítica tiene como finalidad la creación de discursos que lleven a la posibilidad de formular preguntas. Quezada se ha burlado de nosotros han dicho algunos, aunque otros han reconocido en esta rebeldía –auspiciada por Jean Yabroff- el valor de actualizar el ejercicio de la libertad y el anonimato en el arte. Por otro lado ha removido los desfasados usos de la crítica peruana, y lo ha reconocido el mismo Berenstein en su blog de crítica, y ha dicho de modo categórico que “la crítica no puede ser una situación cerrada, tiene que ser esencialmente un discurso abierto”.

Otra consideración a resaltar, es el hecho de que una obra, siempre está mediada por la recepción de la misma; el juego de impresiones entre artista y espectador –mediada también por la crítica– son parte también de la obra. Y es justamente este proceso, el que ha sido desnudado esta semana. Hay pocas precisiones que me parecen importantes de puntualizar con respecto a la configuración de la muestra. Tiene muchas lecturas -como habrían querido los artistas- y hasta la anulación de todas ellas; así que solo quisiera presentarles esta vez y para estar a tono, una sola impresión, la mía; que es tan válida como la de cualquiera de ustedes.

La impresión que tengo es que, por lo general, un recorrido está premeditado por el curador y los artistas, y ésta fue la primera vez que me sentí perdido. Los cuadros están dispersos en aparadores para cada uno, las paredes no son más las espaldas de las obras. Pero todo este caos, tiene una limitación muy saludable: el azar aparente. En nuestro medio, esto no tiene precedentes; muchas veces se ha experimentado con la obra misma, pero no en el circuito de la muestra, de una forma tan original, y si bien algunos la han calificado de absurda; para otros, la posición de los aparadores tiene un sistema matemático que habría que considerar. El espacio de la galería, se divide en dos salas, en la primera –que es de menor dimensión que la segunda- están instalados tres cuadros dispuestos uno frente a otro, de perfil a la entrada; al avanzar hacia el pasillo que une a la segunda sala, se ha dispuesto otro cuadro de escala menor en el piso, y al llegar a la segunda sala, tenemos los diez cuadros que componen las obras centrales de la muestra. 

En las artes plásticas uno podría decir que el espacio concreto donde se expone una muestra, no tiene mayor consideración que la de ser el agente impersonal que alberga las obras; el calor estético a valorar lo tiene la exposición, ya sea individual o colectiva. Pero he aquí que yo siento que se hace necesario puntualizar algo que personalmente siento trastocado aquí. Si bien es cierto, el arte contemporáneo ya ha experimentado con el espacio mismo, con la luz y las sombras, con la performance, con las dimensiones, con la tecnología y proyecciones de distinto tipo; no se había expuesto en escena –al menos no en el Perú- una dialéctica concreta entre el espacio y las obras hasta la semana pasada. El recorrido parece azaroso, por no disponer de un hilo conductor temático, sin embargo son los espacios los que hacen las preguntas y son las obras, espejos. Sería muy tedioso señalar los efectos de luz en este recorrido, pero si condicionan al espectador. Atinado Berenstein, ha señalado que la galería se ha transformado en un gran ojo, donde las salas son los dos niveles de la percepción ocular: “que los diez cuadros centrales no parezcan tener vínculo tópico, nos insta a cuestionarnos, cómo se vincula una sala con otra y luego a su vez cómo se vinculan estas con la disposición de las mismas. La matemática juega con resultados finitos e infinitos; -como en este caso- y yo he encontrado uno, 10/ 3 = 3.333….” Es tal vez el mejor acercamiento a esta dialéctica matemática y espacial. La única vinculación que hila todas las obras, es la metáfora del número tres.

Los diez cuadros de la segunda sala varían en técnica, estilo y temática; y me permito decir que respecto a la calidad pictórica, son evidentes las deficiencias técnicas en un par de ellos, por lo que se deduce, cuadros de aficionados. Sin embargo, y más allá de lo típicamente técnico, hay un relato o ensayo profético puesto en desarrollo.

El cuadro “Tres ruedas” es el centro de la sala, y todas las demás (“La espada”, “Toreros”, “Toro salvaje”, “Casa de nudos”, “Iluminaciones”, “Plaza Mayor”, “Tengo que decirte algo”, “Retrato de primavera”, “Retrato de verano”) giran en torno a su simbología. Estamos frente a muchas pistas señores; yo les extiendo la pregunta ¿Cuál es el relato de esta muestra? El arte contemporáneo en su más puro sentido; exige del espectador, la explotación en todas las direcciones de su capacidad demiúrgica -bajo ese sentido se ha desviado el arte conceptual, mas sus posibilidades puras, exigen propuestas entregadas a la traducción, al cierre con el espectador en su posibilidad más total- Porque este tipo de dialéctica nos interpela y nos clama que hagamos nuestro propio entretejido.

                                       Cuadro: Tres ruedas
 
Lima, 20 de diciembre del 2014

Juego de damas

10:27 p.m. Edit This 0 Comments »
Míranos al final de la batalla, míranos bien; estamos desnudos y como sabía, la crisis ha guardado en su repisa su excedente cola de dinosaurio hambriento y ahora la pobreza nos sonríe implacable e impasible; pero el agua es tibia, nadie ha de vandalizar este despellejamiento solitario. Por un lado nos desmembramos, por otro lado somos un gran pastel partido para los demás. Ajenos, ausentes entre las horas, somos arrojados a la calle; y allá donde tú envejeces, yo alcanzo mi juventud y allá en frente, mi juventud me alcanza envejecida.

Quiénes éramos entonces. Dos soldados después de la guerra. Yo había sido arrasada y tú habías sido vencido. Pactos después, refundamos la tierra. Pero nada se refunda, todo tiene en el borde su retorno. Somos péndulos de carne jugando a las escondidas.

Es medianoche, ya no resuenan las bombas. Se ha extinguido el terrorismo. Ya nadie secuestra a mi padre en su trayecto en la selva; y la fragmentación del cemento ha venido a partirnos la cara y tu boca solo alcanza a decir: que éramos de carne, albóndigas de algún cliente. Pero estoy aquí, deshilachando cada uno de tus muslos en el recuerdo. Yo que me aniquilo intentando dejar tus huesos, como la carroña de nuestra morada; pero aquellos residuos de basura acumulada en mi puerta, tendrían que haber sido barridos por un gran soplo de muerte en un gran juego de damas.  Estamos entre casilleros negros y blancos, y ahora vienes tú a hacerme preguntas; y yo, tu dama de negro solo te desplazo, como aquel disfraz que danza en la noche y nos acuesta vencidos en su regazo.

Mudanza

11:20 p.m. Edit This 0 Comments »
Desaparecer, que quiere decir, que no está en ninguna parte. Esta es tu identidad, esta es tu historia.


Acababa de pisar Lima de nuevo, ese tono grisáceo y espectral que tenía la ciudad desde siempre, me había hecho recordarla casi como a los bosques diurnos de neblina en Lublin. Salvador me esperaría con el auto en el aeropuerto, para llevarme a casa. Todo viaje nos cambia, dicen; o tal vez uno emprenda el viaje buscando el cambio y solo sea el recorrido el placebo cognitivo para lo que ya estábamos preparados a creer. Pero este viaje me tomó tres años, y ahora ya lejos de Lublin, de los salones académicos y los espacios suburbanos, no tenía la menor idea de cuál era mi objetivo de retorno; la nostalgia dicen.
Todo hombre que viaja arrastra su territorialidad en el espíritu y en realidad cuando se regresa, la nostalgia sigue allí, instalada como un enorme edificio. Tenía ya más de 10 años viviendo en distintas partes, haciendo de mi patria la mudanza, haciendo de la memoria mi mejor amante. Por tanto y en resumen, tenía ya bien edificada una gran ciudad nueva de nostalgias y nudos volcándose hacia dentro.
-          ¿Cómo estuvo el vuelo Iris?
-          Pues volé cual ave en migración, semidormida, semidespierta, muy cómoda en realidad.
-          Ah vaya jaja fue bueno entonces.
-          Sí, espero llegar y encontrar a todos en casa, comer y dormir por lo menos siete horas.
-          Todos están en casa, y de la comida ni te cuento. Por cierto ha venido una amiga de tu tía Marina, dicen que es vidente, cosa rara, es evangélica y usa un velo que le llega casi hasta las pantorrillas, pero habla muy libremente.
-          ¿Están pensando hacer otra vez algún tipo de ritual en casa?
-          No lo sé, solo las he visto conversar y les ha tocado el rostro a cada una de tus tías, que se traen no sé.
-          Jajaja parece que te asusta, Salvador.
-          No, no me asusta; es solo extrañeza. Nunca he entendido esas prácticas esotéricas.
-          Los católicos dicen que hay que tener fe para acceder a la revelación, en el caso de los rituales esotéricos se utiliza el mismo principio, hay que creer para acceder a la concesión o deseo que se le pide a la divinidad.
-          No, yo no creo. No tengo interés en acceder a ninguna de esas prácticas.
-          ¿Alguna vez no has oído del genio de la lámpara mágica? ¿De niño no soñaste con pedirle tres deseos al genio de la botella?
-          No, no lo recuerdo. Yo de niño soñaba con ser paleontólogo y mis dioses eran los dinosaurios, por eso cuando la película de Spielberg se estrenó, quedé alucinado.
-          Oh ya, entonces podríamos pedirle un deseo al Tiranosaurio Rex de tu inconsciente.
-          Jajaja tal vez.
 
Lo que voy a contarles es muy difícil de entender para mí. Hoy desperté después de una sesión espiritual que se hizo en casa con una digamos “maga” prefiero llamarla de ese modo y no bruja o hechicera. Mi familia organizó una mesa por la noche donde se leyeron las cartas casi a la madrugada, realizaron algunos rituales entre cintos de colores, perfumes, hierbas y velas. La coca, el aguardiente y el cigarro Inca fueron lo mejor de la experiencia, no era mi primera vez, pero era la sesión más colorida y diversa de todas, sin duda.
Hacia las tres de la mañana la maga me pidió el cigarro que estaba fumando con cuidado, porque para los no iniciados en estas prácticas, deben saber que el cigarro de una mesa de ritual se usa como un signo interpretativo, así que se debe tratar de conservar intacto el cuerpo de la ceniza del cigarro sin que caiga de él. Las formas y estructuras que queda luego del fuego, deja el signo. La maga me miró de un lado a otro, me revisó el rostro y me dijo que veía una fuerza oscura sobre mí. El cigarro tenía una clara cruz, a la que ella puso gran atención, lo cual me causó gracia ya que no soy católica practicante. Entre charlas sobre la familia, el destino y el futuro, accedí a hacerme una limpia particularmente especial, particularmente hermosa.
Hacia las cuatro de la mañana luego del baño de flores y hierbas, tenía yo que ser envuelta en una tela enorme y blanca, para ser amarrada entre hierbas y pétalos de flores aromáticas. Ustedes se imaginarán que entre el aguardiente, el cigarro y las flores, empecé a sentirme un egipcio a punto de ser embalsamado hacia la eternidad. Ya recostada sobre mi cama sobre la tela de mi momificación entre pétalos, la maga procedió a envolverme una y otra vez, dejando caer sobre mí, rosas que iba deshaciendo entre sus manos. Ella entre rezos, pedía por mí, por el tiempo de mi alma, yo recé con ella mentalmente, tal vez también quería acceder a algún tipo de revelación. Mi corazón era triste dijo ella horas antes, dijo además, que mi suerte estaba regida y maniatada por esa energía negativa. Mientras la maga terminaba su rezo, pensé en Dios y en las divinidades del mundo antiguo, pensé que no éramos más que hijos tratando de retornar hacia el origen. Antes de hacer el nudo de la manta, puso una rosa a la altura de mi corazón. Sé que la maga es evangélica y no conoce de los egipcios, pero los egipcios pensaban que el corazón era el centro de la inteligencia, y la parte mágica del cuerpo.
No recuerdo si me dormí inmediatamente o si no dormí en realidad, pero luego de un lapso corto recuerdo despertar otra vez en el mismo ambiente grisáceo de la mañana anterior al llegar a Lima. El cuarto estaba teñido entre azules y grises opacos de alborada; intuí que era muy temprano, entonces traté de hallar la sensibilidad de mis extremidades aun recordando el ritual del manto blanco de la noche anterior; todo parecía confuso, y al incorporarme  lo descubrí; observé un espectro plomizo y canoso, sentado al borde de mi cama, parecía estar a tono con el escenario de la mañana y los reflejos azules de la ventana y las cortinas blancas; la manta estaba deshecha y yo había superado la vigilia. Él dio vuelta casi al mismo tiempo del que yo me hube incorporado, y nos miramos, casi tratando de reconocernos, de comprender que hacía uno con el otro allí en esa habitación. Sus ojos de iris negro, estaban rodeados de un caldo rojizo que parecía fluir como el agua, no eran lágrimas; su gesto lleno de dureza y de rabia contenida parecía estar a punto de estallar en violencia, en un asalto inevitable hacia mí, mientras yo no podía salir de mi asombro. Este ser casi tan enorme como un humano, respiraba agitado, yo iba advirtiendo su animalidad de mamífero y primate, era un gran gorila ya viejo, que lucía canas en todo su cuerpo, casi blanco e hipotónico como un anciano. Esta escena duró unos minutos, tal vez más, y parecía haberse convertido de un momento a otro en una batalla imperceptible de miradas, de  fuerzas ocultas sujetas a la interpelación de nuestros ojos. El aroma de las rosas alrededor mío, hizo su aparición y supe que había perdido esta batalla, y al siguiente segundo, este ser dio un salto hacia la ventana a lado de mi cama. Casi con temor y con las manos temblando me asomé hacia la ventana. Este ser ya anciano, se perdía entre los edificios de la ciudad que amanecía, iba saltando entre cornisas y ventanas hasta perderse en la neblina de la mañana.