Frankenstein

8:11 a.m. Edit This 0 Comments »


Mi Señor Frankenstein, abraza a todos mis hombres y hazlos tus hijos; que esta noche señor, la arrinconada enciclopedia que llevo por corazón, explote en un charco boreal entre mi perro y la boca del mundo. Aún hay luz, aún hay gente cubriendo este granizo; pero mi demencia existe. Y entonces me convencí, que esto soy ahora: Un caballo desbocado que orina su odio y su belleza ante el primer cadáver de la noche. Mas todo fragmento, y encima todo pensamiento se tarja entre diamantes mientras cocino, mientras te corto y te uno en mi tabla de picar. La fragmentación es mi cuerpo y su historia es trazada en la barbarie; pero avanzo para volver a coser los 5.6 kilómetros entre mi cuerpo y tu rebeldía.

Reinos

2:13 p.m. Edit This 0 Comments »


Intento no dormir, intento no soñar; el sueño fija los recuerdos. Las horas, el cuerpo de los días. Intento no dormir, intento el amor y porque el amor es una silla, donde puedes sentar a todo tipo de reyes, y como todo reino, he sido colonizado, invadido, independizado y arrojado al vacío. Pero intento, intento dibujar una figura sobre mi silla.

Freedom by Paul Eluard

5:57 p.m. Edit This 0 Comments »

Sobre mis cuadernos de colegio
Sobre el pupitre y los árboles
Sobre la arena sobre la nieve
Escribo tu nombre

Sobre todas las páginas leídas
Sobre todas las páginas en blanco
Piedra, sangre, papel o ceniza
Escribo tu nombre

Sobre las imágenes doradas
Sobre las armas de los belicosos
Sobre la corona de reyes
Escribo tu nombre

Sobre la selva y el desierto
Sobre los nidos sobre las retamas
Sobre el eco de mi infancia
Escribo tu nombre

Sobre las maravillas de las noches
Sobre el pan blanco de los días
Sobre las temporadas desposadas
Escribo tu nombre

Sobre todos mis trapos de azul
Sobre el estanque sol enmohecido
Sobre el lago luna viva
Escribo tu nombre

Sobre los campos sobre el horizonte
Sobre las alas de los pájaros
Y sobre el molino de las sombras
Escribo tu nombre

Sobre cada soplo de aurora
Sobre el mar en los barcos
Sobre la montaña lunática
Escribo tu nombre

Sobre la espuma de las nubes
Sobre los sudores de la tormenta
Sobre la lluvia gruesa e insípida
Escribo tu nombre

Sobre las formas que centellean
Sobre las campanas de los colores
Sobre la verdad física
Escribo tu nombre

Sobre las sendas despertadas
Sobre las carreteras desplegadas
Sobre los lugares que desbordan
Escribo tu nombre

Sobre la lámpara que se enciende
Sobre la lámpara que se apaga
Sobre mis casas reunidas
Escribo tu nombre

Sobre el fruto cortado en dos
Espejo y mi habitación
Sobre mi cama vacía
Escribo tu nombre

Sobre mi perro codicioso y tierno
Sobre sus orejas elaboradas
Sobre su pierna torpe
Escribo tu nombre

Sobre el trampolín de mi puerta
Sobre los objetos familiares
Sobre el mar del fuego bendito
Escribo tu nombre

Sobre toda carne concedida
Sobre la frente de mis amigos
Sobre cada mano que se tiende
Escribo tu nombre

Sobre el cristal de las sorpresas
Sobre los labios atentos
Bien sobre el silencio
Escribo tu nombre

Sobre mis refugios destruidos
Sobre mis faros aplastados
Sobre las paredes de mi problema
Escribo tu nombre

Sobre la ausencia sin deseos
Sobre la soledad desnuda
Sobre las marchas de la muerte
Escribo tu nombre

Sobre la salud vuelta de nuevo
Sobre el riesgo desaparecido
Sobre la esperanza sin recuerdos
Escribo tu nombre

Y por el poder de una palabra
Reinicio mi vida
Nací para conocerte
Para nombrarte
Libertad

Hacking to myself

11:06 a.m. Edit This 0 Comments »


 
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                 <"/Máscara de la muerte tuberculosa: has hecho de mi cerro=tu reino">
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        <"Sobre una bicicleta negra viajo::bajo sobre el lomo de tu cuerda vieja bicicleta">
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          <"La rueda gira y yo caigo entre rugidos y avenidas::y más callado el animal que nos respira": 
                                                                    "duerme"/
              /"y más estrecho y arrobado sobre sus arterias: Caigo">
 <"marginal='1'='1'='chicha'">
           <"Hacia el tropiezo en el centro de Lima":
           /"donde tu cuerpo es un muñeco-que-chispeante-se-desangra:sobre las ruedas"
                                                                <"/y el pedal de este archivo llamado Lima">
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            <"/html> y tiran de la soguila dentro de mi">
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Se busca AuTor

4:46 a.m. Edit This 0 Comments »
A Jorge y Samuel

Hace una semana fue inaugurada la muestra “Se busca AuTor” en la Galería J. E. Eielson, que tiene como curador al crítico Guillermo Quezada, quien nos ha hecho una pregunta interesante, sin hacerla. ¿Puede realmente ser anónima una obra en el circuito artístico de hoy en día? Quezada para hacernos más anecdótico el recorrido nos ha concedido unas escasas tres líneas, donde nos dice que esta muestra ha sido elaborada por “artificistas”, nos aclara que esta colectiva fue elegida al azar entre muchas; la decisión fue a voto interno entre todos los participantes –del que no se sabe el número- para elegir, según un hilo conductor desconocido. En la última línea de esta especie de pista policial que nos deja Quezada, ha escrito que son artistas, críticos de arte y aficionados los que han participado en esta especie de boicot al monopolio artístico. Los cuadros no están en venta y el anonimato de los artistas es total.

Haciendo un ejercicio intertextual de la memoria; en 1982, el poeta José Emilio Pacheco cometió un disparate, responder en verso a un estudiante norteamericano que le había enviado alrededor de cien preguntas, éste es un extracto que nos revela de modo análogo, el tono de esta muestra.

No sé por qué escribimos, querido George,
y a veces me pregunto por qué más tarde
publicamos lo escrito.
Es decir, lanzamos
una botella al mar que está repleto
de basura y botellas con mensajes.
Nunca sabremos
a quién ni adónde la arrojarán las mareas.
Lo más probable
es que sucumba en la tempestad y el abismo,
en la arena del fondo que es la muerte.

“Una defensa del anonimato
Carta a George B. Moore”
 
Esta singular exposición ha refrescado el circuito esta semana. No hay realmente un correlato lineal o conceptual aparente, y es que acaso ¿El arte tiene límites o temas a los que obedecer? En esa misma línea, en el Perú, no hay realmente una historia de las artes plásticas que haya interrogado directamente el hecho del autor. Además, ya algunos críticos han señalado a raíz de la muestra, que tenemos que admitir, en general, que la crítica tiene como finalidad la creación de discursos que lleven a la posibilidad de formular preguntas. Quezada se ha burlado de nosotros han dicho algunos, aunque otros han reconocido en esta rebeldía –auspiciada por Jean Yabroff- el valor de actualizar el ejercicio de la libertad y el anonimato en el arte. Por otro lado ha removido los desfasados usos de la crítica peruana, y lo ha reconocido el mismo Berenstein en su blog de crítica, y ha dicho de modo categórico que “la crítica no puede ser una situación cerrada, tiene que ser esencialmente un discurso abierto”.

Otra consideración a resaltar, es el hecho de que una obra, siempre está mediada por la recepción de la misma; el juego de impresiones entre artista y espectador –mediada también por la crítica– son parte también de la obra. Y es justamente este proceso, el que ha sido desnudado esta semana. Hay pocas precisiones que me parecen importantes de puntualizar con respecto a la configuración de la muestra. Tiene muchas lecturas -como habrían querido los artistas- y hasta la anulación de todas ellas; así que solo quisiera presentarles esta vez y para estar a tono, una sola impresión, la mía; que es tan válida como la de cualquiera de ustedes.

La impresión que tengo es que, por lo general, un recorrido está premeditado por el curador y los artistas, y ésta fue la primera vez que me sentí perdido. Los cuadros están dispersos en aparadores para cada uno, las paredes no son más las espaldas de las obras. Pero todo este caos, tiene una limitación muy saludable: el azar aparente. En nuestro medio, esto no tiene precedentes; muchas veces se ha experimentado con la obra misma, pero no en el circuito de la muestra, de una forma tan original, y si bien algunos la han calificado de absurda; para otros, la posición de los aparadores tiene un sistema matemático que habría que considerar. El espacio de la galería, se divide en dos salas, en la primera –que es de menor dimensión que la segunda- están instalados tres cuadros dispuestos uno frente a otro, de perfil a la entrada; al avanzar hacia el pasillo que une a la segunda sala, se ha dispuesto otro cuadro de escala menor en el piso, y al llegar a la segunda sala, tenemos los diez cuadros que componen las obras centrales de la muestra. 

En las artes plásticas uno podría decir que el espacio concreto donde se expone una muestra, no tiene mayor consideración que la de ser el agente impersonal que alberga las obras; el calor estético a valorar lo tiene la exposición, ya sea individual o colectiva. Pero he aquí que yo siento que se hace necesario puntualizar algo que personalmente siento trastocado aquí. Si bien es cierto, el arte contemporáneo ya ha experimentado con el espacio mismo, con la luz y las sombras, con la performance, con las dimensiones, con la tecnología y proyecciones de distinto tipo; no se había expuesto en escena –al menos no en el Perú- una dialéctica concreta entre el espacio y las obras hasta la semana pasada. El recorrido parece azaroso, por no disponer de un hilo conductor temático, sin embargo son los espacios los que hacen las preguntas y son las obras, espejos. Sería muy tedioso señalar los efectos de luz en este recorrido, pero si condicionan al espectador. Atinado Berenstein, ha señalado que la galería se ha transformado en un gran ojo, donde las salas son los dos niveles de la percepción ocular: “que los diez cuadros centrales no parezcan tener vínculo tópico, nos insta a cuestionarnos, cómo se vincula una sala con otra y luego a su vez cómo se vinculan estas con la disposición de las mismas. La matemática juega con resultados finitos e infinitos; -como en este caso- y yo he encontrado uno, 10/ 3 = 3.333….” Es tal vez el mejor acercamiento a esta dialéctica matemática y espacial. La única vinculación que hila todas las obras, es la metáfora del número tres.

Los diez cuadros de la segunda sala varían en técnica, estilo y temática; y me permito decir que respecto a la calidad pictórica, son evidentes las deficiencias técnicas en un par de ellos, por lo que se deduce, cuadros de aficionados. Sin embargo, y más allá de lo típicamente técnico, hay un relato o ensayo profético puesto en desarrollo.

El cuadro “Tres ruedas” es el centro de la sala, y todas las demás (“La espada”, “Toreros”, “Toro salvaje”, “Casa de nudos”, “Iluminaciones”, “Plaza Mayor”, “Tengo que decirte algo”, “Retrato de primavera”, “Retrato de verano”) giran en torno a su simbología. Estamos frente a muchas pistas señores; yo les extiendo la pregunta ¿Cuál es el relato de esta muestra? El arte contemporáneo en su más puro sentido; exige del espectador, la explotación en todas las direcciones de su capacidad demiúrgica -bajo ese sentido se ha desviado el arte conceptual, mas sus posibilidades puras, exigen propuestas entregadas a la traducción, al cierre con el espectador en su posibilidad más total- Porque este tipo de dialéctica nos interpela y nos clama que hagamos nuestro propio entretejido.

                                       Cuadro: Tres ruedas
 
Lima, 20 de diciembre del 2014

Juego de damas

10:27 p.m. Edit This 0 Comments »
Míranos al final de la batalla, míranos bien; estamos desnudos y como sabía, la crisis ha guardado en su repisa su excedente cola de dinosaurio hambriento y ahora la pobreza nos sonríe implacable e impasible; pero el agua es tibia, nadie ha de vandalizar este despellejamiento solitario. Por un lado nos desmembramos, por otro lado somos un gran pastel partido para los demás. Ajenos, ausentes entre las horas, somos arrojados a la calle; y allá donde tú envejeces, yo alcanzo mi juventud y allá en frente, mi juventud me alcanza envejecida.

Quiénes éramos entonces. Dos soldados después de la guerra. Yo había sido arrasada y tú habías sido vencido. Pactos después, refundamos la tierra. Pero nada se refunda, todo tiene en el borde su retorno. Somos péndulos de carne jugando a las escondidas.

Es medianoche, ya no resuenan las bombas. Se ha extinguido el terrorismo. Ya nadie secuestra a mi padre en su trayecto en la selva; y la fragmentación del cemento ha venido a partirnos la cara y tu boca solo alcanza a decir: que éramos de carne, albóndigas de algún cliente. Pero estoy aquí, deshilachando cada uno de tus muslos en el recuerdo. Yo que me aniquilo intentando dejar tus huesos, como la carroña de nuestra morada; pero aquellos residuos de basura acumulada en mi puerta, tendrían que haber sido barridos por un gran soplo de muerte en un gran juego de damas.  Estamos entre casilleros negros y blancos, y ahora vienes tú a hacerme preguntas; y yo, tu dama de negro solo te desplazo, como aquel disfraz que danza en la noche y nos acuesta vencidos en su regazo.

Mudanza

11:20 p.m. Edit This 0 Comments »
Desaparecer, que quiere decir, que no está en ninguna parte. Esta es tu identidad, esta es tu historia.


Acababa de pisar Lima de nuevo, ese tono grisáceo y espectral que tenía la ciudad desde siempre, me había hecho recordarla casi como a los bosques diurnos de neblina en Lublin. Salvador me esperaría con el auto en el aeropuerto, para llevarme a casa. Todo viaje nos cambia, dicen; o tal vez uno emprenda el viaje buscando el cambio y solo sea el recorrido el placebo cognitivo para lo que ya estábamos preparados a creer. Pero este viaje me tomó tres años, y ahora ya lejos de Lublin, de los salones académicos y los espacios suburbanos, no tenía la menor idea de cuál era mi objetivo de retorno; la nostalgia dicen.
Todo hombre que viaja arrastra su territorialidad en el espíritu y en realidad cuando se regresa, la nostalgia sigue allí, instalada como un enorme edificio. Tenía ya más de 10 años viviendo en distintas partes, haciendo de mi patria la mudanza, haciendo de la memoria mi mejor amante. Por tanto y en resumen, tenía ya bien edificada una gran ciudad nueva de nostalgias y nudos volcándose hacia dentro.
-          ¿Cómo estuvo el vuelo Iris?
-          Pues volé cual ave en migración, semidormida, semidespierta, muy cómoda en realidad.
-          Ah vaya jaja fue bueno entonces.
-          Sí, espero llegar y encontrar a todos en casa, comer y dormir por lo menos siete horas.
-          Todos están en casa, y de la comida ni te cuento. Por cierto ha venido una amiga de tu tía Marina, dicen que es vidente, cosa rara, es evangélica y usa un velo que le llega casi hasta las pantorrillas, pero habla muy libremente.
-          ¿Están pensando hacer otra vez algún tipo de ritual en casa?
-          No lo sé, solo las he visto conversar y les ha tocado el rostro a cada una de tus tías, que se traen no sé.
-          Jajaja parece que te asusta, Salvador.
-          No, no me asusta; es solo extrañeza. Nunca he entendido esas prácticas esotéricas.
-          Los católicos dicen que hay que tener fe para acceder a la revelación, en el caso de los rituales esotéricos se utiliza el mismo principio, hay que creer para acceder a la concesión o deseo que se le pide a la divinidad.
-          No, yo no creo. No tengo interés en acceder a ninguna de esas prácticas.
-          ¿Alguna vez no has oído del genio de la lámpara mágica? ¿De niño no soñaste con pedirle tres deseos al genio de la botella?
-          No, no lo recuerdo. Yo de niño soñaba con ser paleontólogo y mis dioses eran los dinosaurios, por eso cuando la película de Spielberg se estrenó, quedé alucinado.
-          Oh ya, entonces podríamos pedirle un deseo al Tiranosaurio Rex de tu inconsciente.
-          Jajaja tal vez.
 
Lo que voy a contarles es muy difícil de entender para mí. Hoy desperté después de una sesión espiritual que se hizo en casa con una digamos “maga” prefiero llamarla de ese modo y no bruja o hechicera. Mi familia organizó una mesa por la noche donde se leyeron las cartas casi a la madrugada, realizaron algunos rituales entre cintos de colores, perfumes, hierbas y velas. La coca, el aguardiente y el cigarro Inca fueron lo mejor de la experiencia, no era mi primera vez, pero era la sesión más colorida y diversa de todas, sin duda.
Hacia las tres de la mañana la maga me pidió el cigarro que estaba fumando con cuidado, porque para los no iniciados en estas prácticas, deben saber que el cigarro de una mesa de ritual se usa como un signo interpretativo, así que se debe tratar de conservar intacto el cuerpo de la ceniza del cigarro sin que caiga de él. Las formas y estructuras que queda luego del fuego, deja el signo. La maga me miró de un lado a otro, me revisó el rostro y me dijo que veía una fuerza oscura sobre mí. El cigarro tenía una clara cruz, a la que ella puso gran atención, lo cual me causó gracia ya que no soy católica practicante. Entre charlas sobre la familia, el destino y el futuro, accedí a hacerme una limpia particularmente especial, particularmente hermosa.
Hacia las cuatro de la mañana luego del baño de flores y hierbas, tenía yo que ser envuelta en una tela enorme y blanca, para ser amarrada entre hierbas y pétalos de flores aromáticas. Ustedes se imaginarán que entre el aguardiente, el cigarro y las flores, empecé a sentirme un egipcio a punto de ser embalsamado hacia la eternidad. Ya recostada sobre mi cama sobre la tela de mi momificación entre pétalos, la maga procedió a envolverme una y otra vez, dejando caer sobre mí, rosas que iba deshaciendo entre sus manos. Ella entre rezos, pedía por mí, por el tiempo de mi alma, yo recé con ella mentalmente, tal vez también quería acceder a algún tipo de revelación. Mi corazón era triste dijo ella horas antes, dijo además, que mi suerte estaba regida y maniatada por esa energía negativa. Mientras la maga terminaba su rezo, pensé en Dios y en las divinidades del mundo antiguo, pensé que no éramos más que hijos tratando de retornar hacia el origen. Antes de hacer el nudo de la manta, puso una rosa a la altura de mi corazón. Sé que la maga es evangélica y no conoce de los egipcios, pero los egipcios pensaban que el corazón era el centro de la inteligencia, y la parte mágica del cuerpo.
No recuerdo si me dormí inmediatamente o si no dormí en realidad, pero luego de un lapso corto recuerdo despertar otra vez en el mismo ambiente grisáceo de la mañana anterior al llegar a Lima. El cuarto estaba teñido entre azules y grises opacos de alborada; intuí que era muy temprano, entonces traté de hallar la sensibilidad de mis extremidades aun recordando el ritual del manto blanco de la noche anterior; todo parecía confuso, y al incorporarme  lo descubrí; observé un espectro plomizo y canoso, sentado al borde de mi cama, parecía estar a tono con el escenario de la mañana y los reflejos azules de la ventana y las cortinas blancas; la manta estaba deshecha y yo había superado la vigilia. Él dio vuelta casi al mismo tiempo del que yo me hube incorporado, y nos miramos, casi tratando de reconocernos, de comprender que hacía uno con el otro allí en esa habitación. Sus ojos de iris negro, estaban rodeados de un caldo rojizo que parecía fluir como el agua, no eran lágrimas; su gesto lleno de dureza y de rabia contenida parecía estar a punto de estallar en violencia, en un asalto inevitable hacia mí, mientras yo no podía salir de mi asombro. Este ser casi tan enorme como un humano, respiraba agitado, yo iba advirtiendo su animalidad de mamífero y primate, era un gran gorila ya viejo, que lucía canas en todo su cuerpo, casi blanco e hipotónico como un anciano. Esta escena duró unos minutos, tal vez más, y parecía haberse convertido de un momento a otro en una batalla imperceptible de miradas, de  fuerzas ocultas sujetas a la interpelación de nuestros ojos. El aroma de las rosas alrededor mío, hizo su aparición y supe que había perdido esta batalla, y al siguiente segundo, este ser dio un salto hacia la ventana a lado de mi cama. Casi con temor y con las manos temblando me asomé hacia la ventana. Este ser ya anciano, se perdía entre los edificios de la ciudad que amanecía, iba saltando entre cornisas y ventanas hasta perderse en la neblina de la mañana.

Tromba de Agosto, Jorge Pimentel

3:02 p.m. Edit This 0 Comments »

 
No sé adónde voy, no sé qué hago aquí.
Alzo la vista y siempre el mismo personaje
pidiendo, suplicando de rodillas, de codos,
que orden:
córtenle el agua, córtenle la luz.
Jódanlo sin matarlo, sin cansarlo, cánsenlo.
Reviéntenlo sin reventarlo, sin ahogarlo ahóguenlo.
Que sufra sin matarlo, sin destruirlo, destrúyanlo.
Y me es imposible y me es imposible y me es tan imposible,
imposibilitadamente compañeros, que de un tiempo a esta parte
me parte que me rota,
me trota que me parte,
me troza que me rota.
Y no lo ven ni por asomo
cuyes, triciclos, perros, alcachofas, jabones, detergentes,
pernos, llantas, aceites, huevos, legumbres, papas, sal,
pantalones, zapatos, caiguas, tomates, lapiceros, frazadas,
por los que vengo pagando desde que sé lo que es el sol,
desde que me sé desocupado y sin empleo.
De codos, con el ceño fruncido, con sueño, cansado,
con los pies que me duelen,
con el cerebro que me estalla en mil pedazos.
Como, porque si no como patéenlo.
Acaricio, porque si no beso fusílenlo.
Te quiero, porque si no te amo mátenlo.

C31

3:21 p.m. Edit This 0 Comments »

- Ahora se ha extendido la mañana –dijo Mel- hacia el desayuno ya casi se detiene, pero al salir a la calle, descubrimos aquel algoritmo casi imperceptible que se reproduce en el halo de los transeúntes. Me lanzo al cordel y desfilamos como soldaditos hacia el cruce de las avenidas-

- Aquella mujer que se reviste de aves en el pelo, ¿se habrá dado cuenta que su vestido lleva el bosque y que en él corren dos conejos blancos? Aquella aparición volátil del viento, debe ser producto de un exabrupto onírico –Dijo Beth- Hoy todos van a salir al parque de las bromelias, y en él, aquella mujer va a deshacerse de sus conejos y su cabello quedará trenzado para siempre al nudo de un árbol-
http://www.youtube.com/watch?v=3Qm--yiIzAE

Inundaciones

8:15 p.m. Edit This 0 Comments »
 

Descalzo a las 2 de la mañana en el Jirón Cailloma; es una noche tranquila, eso me dice el taxista 15 minutos después de mi paso por ese jirón, él me dice que tuve suerte; supongo que hay que tener suerte para quedar solo descalzo y un poco sucio. Estoy realmente desconcertado, aún estoy un poco ebrio, así que le pido que prenda la radio, él pone Chacalón y dejamos de hablar de los robos. Viento vuelve a ser como ayer…

Me percato que acabo de agregar un moretón más a mi pierna, el primero me lo hice con la esquina de mi cama; el segundo, el más atractivo, luce como un agujero negro que se ramifica en forma de araña. Mi abuela solía decirme, que ellas traían la primicia de que se originarían grandes cambios; allá en Puno donde vivía mi abuela, era mal visto matar una araña; hasta ese momento mi pierna lucía como un mal presagio; pero ¿a quién le gustan los cambios? supongo que a la familia de mi abuela parecía no importarles dejar que el cambio a través de una araña se diera paso en medio de la cocina.
Llegué al cuarto, y me eché a la cama; no había meditado si tomar el viaje que Luis me propuso; no quería saber nada de la gente, me sentía traicionado y por lo tanto bastante estúpido. Me levanté inquieto inmediatamente, tenía que hacer algo, al menos para pasar los días mientras todo se resolvía, qué carajos podía hacer yo, lo había intentado todo; Luis no sabía en qué se había metido cuando me invitó a su viaje, le aseguré con tanta efusividad que no le fallaría que me había comprado el pasaje por adelantado -De una vez allá, no te preocupes por nada, olvídate de todo- me había dicho unos días antes de la gran fiesta de despedida donde todo se vino abajo.
Era viernes, mi habitación parecía más estrecha que otras veces, era la quinta noche que no podía dormir, mis pensamientos se arremolinaban uno con otro y podía sentir como una sensación de avalancha subía por mi espalda, haciéndome caer, haciéndome gastar mi último intento por hacer algo al menos bien, dormir.

A las 5am, tomé el celular y llamé a Luis -¿A qué hora viajamos?- le dije, él estaba muy animado, dijo que tenía todos los permisos listos, que solo tenía que llegar a la agencia de Luna Pizarro a las 8am; casi al final de nuestro corto acuerdo, se quedó en silencio, pensé que diría algo más, entonces comprendí que no creía ni una palabra de lo que le estaba diciendo -Hombre, tengo todo listo, te veo a las 7:30- sé que quiso creerme, así que solo atinó a reírse y nos despedimos.
Ya en el bus, recordé que también existe otra imagen sobre las arañas, la de la viuda negra. En la sierra hay unas arañas que son negras, grandes y peludas; luego de haberlo hecho con el macho lo mata, pues han logrado ya su objetivo así que buscan a otro y luego hacen lo mismo y así sucesivamente; me imaginé el tejido tenue de una viuda negra, esperando, aguardando por el macho, con esos ojos; yo ya lo sabía, pero traté de serenarme cuando lo vi entrar con su pareja.

Hace dos días en la capital, me había ausentado del trabajo, mi insomnio agudo había terminado por deteriorar mi desempeño en el colegio, no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo, confundía los temas, los grados, y hasta las autores, lo que es lo más imperdonable. Mi trabajo no me enorgullecía mucho, era uno que pagaba bien y me mantenía a flote, o eso decían a menudo algunos colegas, de alguna forma yo había copiado sus dogmas, caí en cuenta de ello los dos últimos años; pero comprendí que no se trataba de pagar la renta o tener la familia, en realidad todos estaban mintiendo, había algo que no funcionaba bien, yo siempre lo supe; pero como provinciano lo primero que haces es aceptar el dogma limeño y callarte.

Cuando el bus llegó a Mazamari, la burbuja del clima caliente me arrasó en un segundo, no estaba acostumbrado a un clima tan tropical, toda mi vida había vivido en la sierra y no hace más de 5 años en Lima, de alguna forma estar ahí me hacía sentir nuevamente un extranjero. El plan de Luis era simple, él me había dicho que tenía que hacer un recorrido por las comunidades del Rio Ene, cosas del trabajo me dijo; pero su interés prioritario y para el cual yo me había prestado, era ir a conocer una catarata en la zona del VRAEM.

Mientras íbamos en el auto al puerto, me percaté que mi pierna había pasado de negra a azul, la araña era más bien una constelación completa; de una vez en Puerto Ocopa, me percaté de una voz, que estaba seguro haber oído en otra parte, pero en realidad no encontré a ese hombre conocido, solo a los lugareños que caminaban de casa a casa como si todas las casas fueran un juego de puertas que se cierran y se abren. Bajamos con las mochilas, Luis me indicó a cual bote subir y eso fue todo.

Mi padre, cuando era adolescente me había contado una historia sobre los mundá, una tribu aborigen primitiva de Chota Nagpur, según ellos el dios Sol, que se llamaba Singbonga, empezó por hacer dos figuras de arcilla, una que representase al hombre y la otra a la mujer. Pero antes de que pudiera otorgarles vida, el caballo, temeroso de lo que tendría que sufrir más tarde a sus manos, las aplastó con los cascos. En aquel tiempo el caballo tenía alas y podía moverse con mucha más rapidez que en la actualidad. Cuando el dios sol halló que el caballo había destrozado las dos figuras de barro, creó primero una araña y luego formó otras figuras semejantes a las destruidas. Acto seguido ordenó a la araña que las guardase de los ataques del caballo, con lo cual el insecto tejió su tela alrededor de ellas de tal modo que el caballo no pudiese volver a romperlas. Y entonces el dios les infundió la vida, y fueron así los primeros seres humanos.

No se si por estos lugares se pasean, brujos, terrucos o si algún delirio es necesario para surcar este rio. El nativo de Cutivireni, me ha llamado dos veces, antes de que yo pudiese responderle, me ha dicho que estamos a punto de llegar a la comunidad; tengo que reconocer que no sé por qué he emprendido este viaje; no le respondo, él entiende lo que yo no.
Cuando tomé el bote –cinco horas antes de llegar a la comunidad- las piedras al borde del rio Ene, estaban heladas bajo mis pies; me había quitado las sandalias llenas de barro y me había lavado los pies; sentí el frio del agua, y me sentí como un niño al que se le es llevado a lavarse la cara, y mientras pensaba y mientras me frotaba la cara y la cabeza con el agua de rio, recordé la frase magna de mi padre Un hombre necesita saber una sola cosa para que toda una vida tenga sentido, y es saber que lo ha logrado, entonces me tomé otra vez la cabeza y reconfiguré el asta que él había levantado para mí, él no es más que un sucio pervertido desde aquella fiesta; y yo no puedo lograr dormir aunque sea una sola noche; solo eso y habré logrado algo.
Tomé otra vez mi pierna y al presionarla, empecé a sentir por primera vez dolor, Luis me dice que no me preocupe que debemos seguir. Bajamos las mochilas, y empezamos a caminar. Éramos nosotros tres y el inmenso bosque, y el inmenso rio; había en cada uno de nosotros una dimensión paralela, como si cada uno contuviera su ausencia casi al ras del otro, esto nos permitía andar juntos y darnos indicaciones, pero nuestros actos estaban delimitados por una especie de sombra mayor, no éramos nosotros mismos, al menos yo había olvidado mis motivos, Luis estaba maravillado con el trekking y Luyo el nativo, avanzaba por nuestro delante, cortando ramas y hojas con el machete. Nunca había estado en la selva, y ahora estaba aquí en medio de altos árboles, plantas inéditas y sonidos totalizantes. Desde que arribé a esta tierra, noté con agrado que todo acto es igual a un sonido, o que todo acto tiene como telón de fondo un sonido y viceversa. Caminar así entre arbustos incontrastables, caminar de derecha a izquierda o de izquierda a derecha y sentir que todo sitio se parece a cualquier otro sitio, caminar con el sol cayendo sobre tus ojos, aplastando o esquivando las hormigas dependiendo de su color, seguir caminando como perdido, como si Luyo guardara nuestra fe, caminar por este húmedo margen por primera vez y sentirte un animal extranjero, pero no uno equívoco.
Empiezo a oír esa voz mayor, aquel sonido aplastante de nuestro destino; un hombre solo puede quedarse en silencio frente a esta dama de agua. Luego de una hora de caminata, la vemos por fin, una caída de 62 metros y un ancho de 70 metros; lo entiendo por fin, todo tiene que caer, el agua nos lo ha dicho, todo tiene que caer.

Y yo había dicho que aquella bestia demoledora escondería su cola otra vez un par de años luz.