C14
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La hallé con los ojos hinchados, bañada de las gotas del caño sobre su rostro. Sabía que esa llamada la había perturbado, sabía que el ex esposo tenía algo que ver.
Ella me decía que lo que más le afectó que dijese fue: “Que se olvide de mí, porque ya no la necesito más”.
La observé llorar, quiso contenerse, demostrarme que había aprendido la lección aquella, pero lo que sentía la desbordaba; la decepción se deslizaba por sobre sus ojos, esa sensación de algidez bajo la lengua, que se forma cuando nos damos real cuenta del otro, de la parte aquella ruin, que es capaz de desenvainar el ser que horas antes nos prodigaba el amor puro. Su pecho regurgitaba airadamente la cólera contenida. La observaba calmada, intentando evitar contagiarme por su emoción, pero me fue en vano, la que estaba más embargada por la escena rebusque, tal vez era yo. Pienso que nos dolía romper ese idealismo romántico, ese romanticismo exacerbado que habita latente en uno. Darnos cuenta de la amplia gama de acciones que es muy capaz de realizar el otro, al margen de uno o incluso en contra de uno mismo (conocido despecho).
Seguíamos siendo unas niñas después de todo, aun nos afectaba descubrir que lo que llaman amor, tiene su otro lado muy desintegrado de lo que fue tan sublime, y que en una metamorfosis se caldea en el desprecio y/o venganza. No lo termino de digerir nunca, aunque las mayorías confirmen que es lo natural en el proceso de separación (más parecido a la separación de bienes en sí).
La veo llorar, y en sus ojos yo también lloro con ella. En tan solo unas horas el amor que ella entendía, viró a otro rumbo más dantesco; se torció en una decisión tan sencilla. Y me doy cuenta con ella, que ese romanticismo shakesperiano termina por herir aun más, cuando se levanta el telón sin previo aviso.
“El amor bajo la manga”, y se transforma en un sentimiento sencillo de transformar hacia la nada, hacia la indiferencia o la venganza más vil. “Todo eso es mierda”, se lo digo a ella. Tan mierda como lo es el romanticismo idealista, lo pienso.C14
Ella me decía que lo que más le afectó que dijese fue: “Que se olvide de mí, porque ya no la necesito más”.
La observé llorar, quiso contenerse, demostrarme que había aprendido la lección aquella, pero lo que sentía la desbordaba; la decepción se deslizaba por sobre sus ojos, esa sensación de algidez bajo la lengua, que se forma cuando nos damos real cuenta del otro, de la parte aquella ruin, que es capaz de desenvainar el ser que horas antes nos prodigaba el amor puro. Su pecho regurgitaba airadamente la cólera contenida. La observaba calmada, intentando evitar contagiarme por su emoción, pero me fue en vano, la que estaba más embargada por la escena rebusque, tal vez era yo. Pienso que nos dolía romper ese idealismo romántico, ese romanticismo exacerbado que habita latente en uno. Darnos cuenta de la amplia gama de acciones que es muy capaz de realizar el otro, al margen de uno o incluso en contra de uno mismo (conocido despecho).
Seguíamos siendo unas niñas después de todo, aun nos afectaba descubrir que lo que llaman amor, tiene su otro lado muy desintegrado de lo que fue tan sublime, y que en una metamorfosis se caldea en el desprecio y/o venganza. No lo termino de digerir nunca, aunque las mayorías confirmen que es lo natural en el proceso de separación (más parecido a la separación de bienes en sí).
La veo llorar, y en sus ojos yo también lloro con ella. En tan solo unas horas el amor que ella entendía, viró a otro rumbo más dantesco; se torció en una decisión tan sencilla. Y me doy cuenta con ella, que ese romanticismo shakesperiano termina por herir aun más, cuando se levanta el telón sin previo aviso.
“El amor bajo la manga”, y se transforma en un sentimiento sencillo de transformar hacia la nada, hacia la indiferencia o la venganza más vil. “Todo eso es mierda”, se lo digo a ella. Tan mierda como lo es el romanticismo idealista, lo pienso.C14


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