Toyota
5:33 p.m. Edit This 0 Comments »
Parece que Papá acaba de traer el auto como es costumbre los domingos a las
4, es difícil explicar la bicicleta que de pronto se echa andar dentro de cada
uno de los que nos vamos a subir; bicicletas dentro de un Toyota, para aumentar
la insensatez; somos ruedas y nos damos rienda suelta al silencio mientras
recorremos el túnel de sonidos; aquí nuestras voces quedan anuladas, acaso
porque el lenguaje ya ha sido iniciado por los insectos, somos bastante
tolerantes, esperamos que nuestros anfitriones rompan el hielo y nos comuniquen
sus dudas y somos baldes aguardando la lluvia.
He pensado que el horror puede danzar entre las mariposas, a través de la
caída rosácea del sol, ellas exhalan su último aleteo y las orugas levantan su
primer paso al suicidio aéreo. El auto recorre el fundo, ha girado alrededor de
la cerca y la tuerca que adentro se cierne, ha disipado su movimiento en
preguntas, en atrapar las palabras para detener la insoportable conversación de
todos los insectos nocturnos; nadie quiere callarse, todos hablan al mismo
tiempo y el lenguaje al que he sido sometido es cruel y es incierto. La luz no me
deja hablar, así que nos disponemos a entablillar el auto para estantes, y
cenas. Hemos descubierto que el sonido puede repartirse en los anaqueles, sin
embargo a su vez, estamos obligados a asistir a la función de estas conversaciones
perpetuas. En realidad estamos cambiando; vamos probando el suelo y de nuevo
vamos probando el suelo y de nuevo como llantas vamos probando el suelo.
Mi padre ha detenido el auto y nos ha preguntado qué lenguaje tiene esa
abeja taciturna que se empeña en hacerse notar, hemos detenido la rueda y
descrito su trayectoria, su agitar desesperado nos comunica que hemos llegado
tarde, el vals en el bosque ha iniciado sin nosotros, nuestro lenguaje estorba
y nuestra lengua ha perdido su redonda forma de hacerse entender.


0 comentarios:
Publicar un comentario