Entrevista a Jorge Eduardo Eielson. 1988
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Entrevista de Renato Sandoval y Hugo Salazar a Jorge Eduardo Eielson. La República, 18 de setiembre de 1988.
(...) m u e r t e
, j u e g o y v a
n g u a r d i a
R.S./H.S. — El
elemento lúdico es también una de las constantes de tu obra. ¿Qué función le
darías frente a la fuerte carga dramática que igualmente contiene tu poesía?
J.E. — En
principio no creo que haya contradicción entre lo lúdico y lo dramático. Todo
es y está en continuo juego. El dolor mismo es un juego trágico. Incluso hoy en
día la teoría lúdica se ha extendido a las ciencias matemáticas con una serie de signos
y códigos interpretativos. El gran problema. de esta teoría es que tiene reglas
propias, las que a su vez forman un juego. Siempre el artista
debe romper las reglas para después plantear otras y así ad infinitum.
R.S./H.S. — ¿Y
cómo ves la función de la vanguardia en el arte en general?
J.E. — Para mí
simplemente la vanguardia no existe. O
en todo caso es absurda. Por ejemplo, los movimientos vanguardistas de los años
sesenta decretaron, incomprensiblemente, el fin del arte, por la sencilla razón de que, según su
opinión, en el mundo ya no quedaban
talentos después de lo que ellos habían hecho. Eso es totalmente falso;
pues no se puede
decretar la muerte de algo que vivió durante muchos siglos, desde los albores mismos de la
humanidad, solo porque ahora se les
ocurrió que tenía que morir.
R.S./H.S. — ¿Pero
no crees siquiera en la vanguardia en el
sentido de cambio?
J.E. — Para que
haya cambios no es necesario que haya vanguardia.
R.S./H.S. — ¿Y el
artista no sería aquel que abre nuevos caminos, que señala nuevas rutas?
J.E. — El camino
no lo señala nadie. Las cosas están allí
desde un principio.
R.S./H.S. — Ya
que hablamos de cambio, ¿no piensas en
el cambio más radical: la muerte?
J.E. — No, no
pienso en la muerte; seguramente es ella la que pensará en mí.
R.S./H.S. — ¿Y nunca
has pensado en el suicidio?
J.E. — No; en el
suicidio como acto mecánico en que tomas
un arma y todo lo demás, en eso nunca. Pero sí puede que haya tenido una
actitud más o menos autodestructiva frente a la vida por la década del
cincuenta, en los tiempos de Habitación
en Roma, que me parece un libro desgarrado. Sin embargo, a la enfermedad le
temo mucho más; tampoco pienso en ella, pero le temo más que a la muerte.



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