C31

3:21 p.m. Edit This 0 Comments »

- Ahora se ha extendido la mañana –dijo Mel- hacia el desayuno ya casi se detiene, pero al salir a la calle, descubrimos aquel algoritmo casi imperceptible que se reproduce en el halo de los transeúntes. Me lanzo al cordel y desfilamos como soldaditos hacia el cruce de las avenidas-

- Aquella mujer que se reviste de aves en el pelo, ¿se habrá dado cuenta que su vestido lleva el bosque y que en él corren dos conejos blancos? Aquella aparición volátil del viento, debe ser producto de un exabrupto onírico –Dijo Beth- Hoy todos van a salir al parque de las bromelias, y en él, aquella mujer va a deshacerse de sus conejos y su cabello quedará trenzado para siempre al nudo de un árbol-
http://www.youtube.com/watch?v=3Qm--yiIzAE

Inundaciones

8:15 p.m. Edit This 0 Comments »
 

Descalzo a las 2 de la mañana en el Jirón Cailloma; es una noche tranquila, eso me dice el taxista 15 minutos después de mi paso por ese jirón, él me dice que tuve suerte; supongo que hay que tener suerte para quedar solo descalzo y un poco sucio. Estoy realmente desconcertado, aún estoy un poco ebrio, así que le pido que prenda la radio, él pone Chacalón y dejamos de hablar de los robos. Viento vuelve a ser como ayer…

Me percato que acabo de agregar un moretón más a mi pierna, el primero me lo hice con la esquina de mi cama; el segundo, el más atractivo, luce como un agujero negro que se ramifica en forma de araña. Mi abuela solía decirme, que ellas traían la primicia de que se originarían grandes cambios; allá en Puno donde vivía mi abuela, era mal visto matar una araña; hasta ese momento mi pierna lucía como un mal presagio; pero ¿a quién le gustan los cambios? supongo que a la familia de mi abuela parecía no importarles dejar que el cambio a través de una araña se diera paso en medio de la cocina.
Llegué al cuarto, y me eché a la cama; no había meditado si tomar el viaje que Luis me propuso; no quería saber nada de la gente, me sentía traicionado y por lo tanto bastante estúpido. Me levanté inquieto inmediatamente, tenía que hacer algo, al menos para pasar los días mientras todo se resolvía, qué carajos podía hacer yo, lo había intentado todo; Luis no sabía en qué se había metido cuando me invitó a su viaje, le aseguré con tanta efusividad que no le fallaría que me había comprado el pasaje por adelantado -De una vez allá, no te preocupes por nada, olvídate de todo- me había dicho unos días antes de la gran fiesta de despedida donde todo se vino abajo.
Era viernes, mi habitación parecía más estrecha que otras veces, era la quinta noche que no podía dormir, mis pensamientos se arremolinaban uno con otro y podía sentir como una sensación de avalancha subía por mi espalda, haciéndome caer, haciéndome gastar mi último intento por hacer algo al menos bien, dormir.

A las 5am, tomé el celular y llamé a Luis -¿A qué hora viajamos?- le dije, él estaba muy animado, dijo que tenía todos los permisos listos, que solo tenía que llegar a la agencia de Luna Pizarro a las 8am; casi al final de nuestro corto acuerdo, se quedó en silencio, pensé que diría algo más, entonces comprendí que no creía ni una palabra de lo que le estaba diciendo -Hombre, tengo todo listo, te veo a las 7:30- sé que quiso creerme, así que solo atinó a reírse y nos despedimos.
Ya en el bus, recordé que también existe otra imagen sobre las arañas, la de la viuda negra. En la sierra hay unas arañas que son negras, grandes y peludas; luego de haberlo hecho con el macho lo mata, pues han logrado ya su objetivo así que buscan a otro y luego hacen lo mismo y así sucesivamente; me imaginé el tejido tenue de una viuda negra, esperando, aguardando por el macho, con esos ojos; yo ya lo sabía, pero traté de serenarme cuando lo vi entrar con su pareja.

Hace dos días en la capital, me había ausentado del trabajo, mi insomnio agudo había terminado por deteriorar mi desempeño en el colegio, no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo, confundía los temas, los grados, y hasta las autores, lo que es lo más imperdonable. Mi trabajo no me enorgullecía mucho, era uno que pagaba bien y me mantenía a flote, o eso decían a menudo algunos colegas, de alguna forma yo había copiado sus dogmas, caí en cuenta de ello los dos últimos años; pero comprendí que no se trataba de pagar la renta o tener la familia, en realidad todos estaban mintiendo, había algo que no funcionaba bien, yo siempre lo supe; pero como provinciano lo primero que haces es aceptar el dogma limeño y callarte.

Cuando el bus llegó a Mazamari, la burbuja del clima caliente me arrasó en un segundo, no estaba acostumbrado a un clima tan tropical, toda mi vida había vivido en la sierra y no hace más de 5 años en Lima, de alguna forma estar ahí me hacía sentir nuevamente un extranjero. El plan de Luis era simple, él me había dicho que tenía que hacer un recorrido por las comunidades del Rio Ene, cosas del trabajo me dijo; pero su interés prioritario y para el cual yo me había prestado, era ir a conocer una catarata en la zona del VRAEM.

Mientras íbamos en el auto al puerto, me percaté que mi pierna había pasado de negra a azul, la araña era más bien una constelación completa; de una vez en Puerto Ocopa, me percaté de una voz, que estaba seguro haber oído en otra parte, pero en realidad no encontré a ese hombre conocido, solo a los lugareños que caminaban de casa a casa como si todas las casas fueran un juego de puertas que se cierran y se abren. Bajamos con las mochilas, Luis me indicó a cual bote subir y eso fue todo.

Mi padre, cuando era adolescente me había contado una historia sobre los mundá, una tribu aborigen primitiva de Chota Nagpur, según ellos el dios Sol, que se llamaba Singbonga, empezó por hacer dos figuras de arcilla, una que representase al hombre y la otra a la mujer. Pero antes de que pudiera otorgarles vida, el caballo, temeroso de lo que tendría que sufrir más tarde a sus manos, las aplastó con los cascos. En aquel tiempo el caballo tenía alas y podía moverse con mucha más rapidez que en la actualidad. Cuando el dios sol halló que el caballo había destrozado las dos figuras de barro, creó primero una araña y luego formó otras figuras semejantes a las destruidas. Acto seguido ordenó a la araña que las guardase de los ataques del caballo, con lo cual el insecto tejió su tela alrededor de ellas de tal modo que el caballo no pudiese volver a romperlas. Y entonces el dios les infundió la vida, y fueron así los primeros seres humanos.

No se si por estos lugares se pasean, brujos, terrucos o si algún delirio es necesario para surcar este rio. El nativo de Cutivireni, me ha llamado dos veces, antes de que yo pudiese responderle, me ha dicho que estamos a punto de llegar a la comunidad; tengo que reconocer que no sé por qué he emprendido este viaje; no le respondo, él entiende lo que yo no.
Cuando tomé el bote –cinco horas antes de llegar a la comunidad- las piedras al borde del rio Ene, estaban heladas bajo mis pies; me había quitado las sandalias llenas de barro y me había lavado los pies; sentí el frio del agua, y me sentí como un niño al que se le es llevado a lavarse la cara, y mientras pensaba y mientras me frotaba la cara y la cabeza con el agua de rio, recordé la frase magna de mi padre Un hombre necesita saber una sola cosa para que toda una vida tenga sentido, y es saber que lo ha logrado, entonces me tomé otra vez la cabeza y reconfiguré el asta que él había levantado para mí, él no es más que un sucio pervertido desde aquella fiesta; y yo no puedo lograr dormir aunque sea una sola noche; solo eso y habré logrado algo.
Tomé otra vez mi pierna y al presionarla, empecé a sentir por primera vez dolor, Luis me dice que no me preocupe que debemos seguir. Bajamos las mochilas, y empezamos a caminar. Éramos nosotros tres y el inmenso bosque, y el inmenso rio; había en cada uno de nosotros una dimensión paralela, como si cada uno contuviera su ausencia casi al ras del otro, esto nos permitía andar juntos y darnos indicaciones, pero nuestros actos estaban delimitados por una especie de sombra mayor, no éramos nosotros mismos, al menos yo había olvidado mis motivos, Luis estaba maravillado con el trekking y Luyo el nativo, avanzaba por nuestro delante, cortando ramas y hojas con el machete. Nunca había estado en la selva, y ahora estaba aquí en medio de altos árboles, plantas inéditas y sonidos totalizantes. Desde que arribé a esta tierra, noté con agrado que todo acto es igual a un sonido, o que todo acto tiene como telón de fondo un sonido y viceversa. Caminar así entre arbustos incontrastables, caminar de derecha a izquierda o de izquierda a derecha y sentir que todo sitio se parece a cualquier otro sitio, caminar con el sol cayendo sobre tus ojos, aplastando o esquivando las hormigas dependiendo de su color, seguir caminando como perdido, como si Luyo guardara nuestra fe, caminar por este húmedo margen por primera vez y sentirte un animal extranjero, pero no uno equívoco.
Empiezo a oír esa voz mayor, aquel sonido aplastante de nuestro destino; un hombre solo puede quedarse en silencio frente a esta dama de agua. Luego de una hora de caminata, la vemos por fin, una caída de 62 metros y un ancho de 70 metros; lo entiendo por fin, todo tiene que caer, el agua nos lo ha dicho, todo tiene que caer.

Y yo había dicho que aquella bestia demoledora escondería su cola otra vez un par de años luz.
 

Horas de museo

8:18 p.m. Edit This 0 Comments »

Así suceden ciertas cosas, como un trasatlántico que te parte la cara a mitad de la tarde. El Kunsthistorisches Art Museum de Viena o Museo de historia del arte de Viena, es prueba de ello. Arthur un cuarentón de medio pelo, un tipo sin más luces que las de realizar su laborioso trabajo de oficinista indeterminado, encontró una buena razón para repetir su visita al museo, tal vez por evitar llegar a casa, tal vez por evitar ver a los amigos, tal vez por evitar emitir las tan repetitivas palabras, lo cierto es que así como se inicia un hábito, así también puede abrirse paso un ritual. ¿Qué diferencia separa uno del otro? o ¿qué acto lleva a otro a convertirse en rito? Aquel casi pensamiento obsesivo que te persigue a repetir soberanamente un hábito con meticulosa definición o tal vez, son accidentes que repetimos para sangrar en el rito dos o tres veces más de lo necesario.
A: Recibí tu mensaje, qué pasó
B: Por enésima vez, a esta chica le gusta lamer al muerto como 200 veces y nunca morderlo
A: ok, ella es un gato montés salvajemente domesticado y tiene un conflicto de intereses contigo
B: Es más nefasto, más cruel, más tortuoso, pero eso sí; enormemente idiota todo esto
A: Y bueno, día con día tenemos que agotar nuestra cuota de idiotez tirada al suelo no crees?

Del otro lado está ella, el eslabón egipcio, Zaliki; su padre le pagaba los estudios, aunque ella preferiría tomar trabajos a medio tiempo para poder gastarlos y no registrarlos en ninguna exposición de sumas y restas contables. En poco tiempo, sería acusada de homicidio en primer grado. Su abogado el no muy talentoso Sr. Bahr, le pediría a Zaliki que se ahorre sus gestos de soberbia frente al juez –como si el camaleón pudiera dejar de mutar cromáticamente en un juicio- que el perfil que debía asumir, era la de una joven atormentada por su situación económica. Ella solía frecuentar los bares y museos de Viena, y si bien tenía por épocas cortas, problemas económicos, se las arreglaba vendiendo cosas a terceros.
Arthur Grillparzer, también gustaba del arte; un vagabundo en el museo conversa con otro, y puede aquello convertirse en una catarsis invisible, o práctica ensayo-error de amistad; lo cierto o casi veraz es que ciertos hábitos y ciertas conversaciones son de este tipo, minucias que luego se transforman en el héroe de la sala, o las ordalías de otra.
A: Viste lo del muro de Juan Carlos?
B: Sí, muy gracioso
A: Me excedí con gusto, mi suspicacia tiene tinte achorado lo sé. Luego tuve una conversación interna con él y se puso categórico, fue más gracioso aún
B: Ya casi no tengo roces con Juan Carlos, estamos en una etapa de mutuo respeto, es como hacer un 69 no físico
A: Me imagino el respeto griego que se tienen sobre la mesa o sobre el grass artificial de los domingos
B: La selva era para ti, lo que Grecia para los occidentales. Iba a decir algo con Welcome to the jungle pero se me escapó la idea
A: Y cuando iba a bajar del bus, me mataron con una canción de Juan Luis Guerra
B: Cuál?
A: Burbujas de amor, y cuando bajo del bus, llovía, y claro el cobrador casi me lanza al paradero. Una típica escena limeña por supuesto
B: Like bubbles in the air, llovió poco rato, no? yo entre a mi práctica, salí y ya estaba todo mojado pero no precipitaba nada 

Dos meses antes, la víctima, “el muerto” -el ahora Sr. P del expediente 002231- entró clandestinamente al departamento de Zaliki, quizás su intención era husmear o realizar una descripción taxativa de su espíritu; no era su primera vez, se servía del trabajo en el condominio para husmear la vida de la gente, no era un acosador compulsivo, ni un intento de psicópata violador; sin embargo era un coleccionista de rastros demasiado amoral, le disgustaba la sangre y la violencia, cual emperatriz observa la vulgaridad del circo romano –aunque mientras tanto se sirva de ella- Aquel día, el Sr. P al entrar a las 5:43pm al departamento de la joven, observó memorioso los cajones, contó los focos de las habitaciones, así como el número de frascos en la despensa del baño; se sentó en la única silla del apartamento, para luego desaparecer. Zaliki nunca se enteraría que el hombre estuvo ahí, no hasta el juicio. Entonces, una piedra fue lanzada al rio casi al mismo tiempo que la onda se precipitaba a formarse.

A: Sí; me gusta la llovizna, por cierto
B: Me gusta estoy harto de verte con otros
A: ?
B: Catatonía Cadillac, tengo que refugiarme en lo que sea, sea yo u otra cosa. Ahora soy una cosa
Durante el juicio oral, la protagonista y los testigos, se comportarían como lo que eran, actores de poca monta. El Sr. Bahr no era uno muy bueno, por eso su traje era casi su rol tejido hacia la punta de la lengua, el hombre mejor vestido de la sala sin duda. Tenía por supuesto, sus elementos de abogado; pero carecía de lo más importante en los procesos judiciales; actitud para declarar. Eso quedó demostrado, aquella tarde, cuando la protagonista, se defendió mejor que su propio defensor. Desmontó todas las acusaciones que se tendían sobre ella, sorteó todas las trampas que le tendió el fiscal. Su soberbia no resultaría ser su talón de Aquiles, sino el veneno invisible que haría alucinar a todos los presentes.
Zaliki le contaría al juez, durante las sesiones, que hacía ya un año que llevaba una vida dispersa, entre los estudios, bares y museos, le contaría además que solo tenía una persona a quien contarle sus devaneos, y este personaje era Arthur, nuestro cuarentón de fin de siglo, casi un muestrario contemporáneo de vitrina los dos.
El Sr. Bahr apelaría a la emoción violenta en defensa propia, en favor de la joven; la joven apelaría a la justicia moral; y nadie entendería nada, si es que acaso yo entendí algo de la historia; porque esta historia es como esas historias que te la cuentan y no te la crees, pero si es de primera mano, algo de veracidad o mentira verdadera debe haber.
Arthur sería llamado a declarar, le preguntarían sobre qué temas o qué tipo de infidencias guardaba la vida de la joven, y que en favor de la justicia por la que estaba jurando al iniciar la sesión, tendría que exponer. El respondería muy escuetamente que al igual que él, ella tenía el ritual de recorrer casi sin motivación alguna el Museo de Viena. Declararía para el muy frustrado fiscal, que desconocía la vida de la joven –o al menos desconocía los hechos ocurridos en el apartamento del Sr. P- además diría casi al finalizar su testimonio, qué no tenía la menor idea por qué tenía que declarar, por alguien que apenas conocía.
Todos en la sala se miraron, Zaliki bajo la cabeza, la única vez que lo haría, y el Sr. Bahr daría por terminada la rueda de preguntas.
Después de largas jornadas, la joven sería absuelta, declarada no culpable con prisión preventiva, así como el de cumplir servicio comunitario. Los tres personajes del triángulo trivial alrededor de Viena, no se volverían a ver. Arthur no volvería al museo, Zaliki se mudaría, y el Sr. Bahr se tomaría unas vacaciones pasados 3 meses.
La verdad del fiscal, no convenció a nadie, casi siempre la verdad no convence a nadie; Zaliki tiene ya 38 años, almuerza sola en un Bistró cerca de casa, sujeta el periódico mientras el camarero le trae la comida, allí se figura un artículo titulado: “el abogado Bahr fue encontrado muerto en el Palace Center”. Zaliki se ríe y dice: Viejo bufón, hay que saber sobrevivir; entonces el camarero aparece y ella se dispone a sacar el periódico de la mesa, pero entonces un chorro de los guisantes se derrama en la mesa, el camarero se disculpa y empieza a limpiar; ella lo mira quietamente como observando su vergüenza, y no dice nada. El camarero se incorpora, vuelve a pedir disculpas y ella vuelve a quedar en silencio. Ella va comiendo su almuerzo, piensa en Bahr, en Arthur Grillparzer y se decide por fin, a olvidarlos.
A: Somos dos papeles arrugados en el tacho
B: Al menos soy el que se clava el puñal más notorio entonces
A: Quién sufre más, es algo que no es cuantitativo, o es lo que menos importa. El hecho o la cosa nostra, es que sufres
B: Sí, sufro y soy cosa, coso. Da igual mi sexo ahorita

Edgar A. Poe escribió “Si quiere olvidar algo en el acto, haga una nota poniendo que hay que acordarse de eso” Zaliki quería olvidar el juicio, o se disponía a firmar el recuerdo. Aquel día que la conocí en el Bistró, ella tomaba resoluciones para olvidar y me contó esta historia, yo decidí narrarlo. Tal vez, cuando entregas tu relato a un extraño, este se extingue para siempre, o se transforma en un recuerdo apacible; no sé por qué ella me contó su historia, no sé por qué me quedé prendada de ella, no sé por qué la estoy escribiendo, solo sé que el juicio dividió su conciencia en dos, y desde ese momento –y tal vez también mientras escribo esto, también esté haciendo lo mismo que ella- solo se podía decir, o hacer lo que había que hacerse. Anoche mientras pasaba de la vigilia al sueño, me sacudí casi al mismo tiempo de levantarme, temblé, me agité, convulsioné a medio sueño, no sé por qué sigo pensando en Brueghel y en Zaliki, no sé por qué aún me sacude por las noches, algo que no llego entender todavía. Mi celular suena y la duda se dispersa por un momento.

Bitácora de muertos

9:58 a.m. Edit This 0 Comments »


Acabas de abrir el periódico y encuentras una bitácora recuento de los muertos de la semana, es lo usual, y a la vez no lo es. La memoria es esa niña traviesa que escoge a dedo el hecho más categórico de la lista.
El fotógrafo se despierta a las 6:00 am como todos los lunes, a las 6:16 para ser exactos. Las cosas suceden así, en el umbral del cambio, en el acto intermedio que se ensaya entre un paso y otro. Tenía una reunión con su jefe en el periódico, para debatir si su trabajo ameritaba que se quedara a tiempo completo. Ya había recorrido provincias y mazmorras de Lima, como para merecerse una reunión.
-          Quiero venderle un muerto al día –interrumpió-
-          Los noticieros venden eso todos los días
-          Claro, pero no venden muerte con misterio
-          Ah, y ¿cómo es una muerte misteriosa?
-          Una muerte con misterio por ejemplo, es encontrar un hombre desnudo en la acequia  con los miembros genitales extraídos
-          ¿Y cómo me conseguirías no solo muertes diarias, sino muertes misteriosas a diario?
-          Es sencillo, tengo amigos en la morgue, recorro por las noches,  Lima; siempre se encuentra algo
-          Una bitácora de muertos
-          Algo parecido; una foto con una pequeña descripción satírica de su muerte, como se merece al menos un NN
-          ¿Crees que vas a encontrar muertos a diario? ¿Hijo, ves muertos por las noches?
-          Tal vez para un hombre diurno le es difícil imaginar que todos los días muere alguien sin historia.
-          ¿Sin historia?
-          Todos tenemos historia, pero si nadie la cuenta, es como si no hubiéramos existido.
-          ¿A cuánto el muerto?

Patheltown

10:46 a.m. Edit This 0 Comments »
Amanece en Patheltown, el brillo azul se levanta como una cortina y da paso al tenue amarillo, se irán pudriendo los colores a lo largo de este sitio.
¿Estás sentado cierto? ¿Cómo prefiere leer alguien en la mañana?, mientras el pasillo de la casa murmura el paso de nuestros cohabitantes, el alcaide de tu voz ya ha llamado a alguien, ya emitió su primera cita. Nuestra voz y nuestros ojos, son más ávidos por la mañana, claman su derecho a insertarse en el tiempo, y hoy es tiempo de qué, es tiempo de que un hombre –si es que hombre, es- nos cuente su secreto. Para leer esta historia, hay que estar de pie; o más exactamente hay que tener el alma de pie. Sí, daremos un paseo, nadie tiene por qué seguir sentado y aburrido en este paradigma de una silla.

I
Yo viví en los tiempos de Isco, Isco era un joven viciado y podrido. Un lunes tocó a mi puerta con un mapa enrollado bajo el brazo, me dijo que teníamos que viajar pronto, que nuestro verano y aquel lunes podían terminar en cualquier momento y absorbernos en su soberana inercia.
En su momento yo lo creía un compañero algo extraño, pero no dañado como descubriría que lo estaba. Tomé lo primero que encontré en mi habitación, que fueron unas zapatillas, un gorro, y una mochila con libros y un reloj; asumí que Isco quería una aventura en el fundo de su abuelo, nos habíamos pasado hablando el verano anterior sobre eso, y claro él siempre tomaría la decisión una mañana cualquiera y yo solo era su satélite, su testigo ocular continuo.
Entonces amigos, imagínense a este chiquillo siguiendo a un freak que gustaba hablar de Dylan y Bukowski, y como este último; siempre llevaba trago cerca. Nos adentramos en el fundo de su abuelo –realmente nunca entendí por qué Isco cargaba el mapa- y la idea era buscar una cabaña en lo alto de una colina que quedaba a 4 kilómetros de la casona del abuelo.

Mi padre, antes de irse a esa estúpida guerra, me dejó un mapa –tenía 8 años- nunca había entendido un mapa y no entendí del todo por qué él deseaba dejarme ese papel arrugado con imágenes y líneas. Una noche que la imbécil de mi novia me dejó caliente, con el pantalón abajo; agarré una botella de vodka de mi madre y le di curso, empecé a hurgar en mis cosas por puro juego y hallé el mapa de nuevo, lo empecé a estudiar mientras tomaba y me fumaba un porro, y entonces tuve la revelación de mi vida, tenía que recorrer los campos del fundo de mi abuelo, él siempre nos había dicho que ni él mismo conocía todos los espacios de las extensas hectáreas que poseía. Además el abuelo era un conchadesumadre, me daba dinero para la fiesta, y si estaba muy drogado siempre podía ir a su casa para la bajado, así mi madre no me gritaría la perra vida.
Tal vez ustedes no lo entiendan, pero a veces necesitas cortar la yugular del animal, para ver en sus ojos su deseo intenso de vivir. Yo quería eso, cortarme la yugular o envenenarme; como con el trago. El trago de los kiitues* era la cosa más horrible que podía uno probar, pero luego ya de varios, me sentía un dios, recorría todas mis vidas en una sola línea de conversación –si es que a ese balbucear con borrachos se le puede llamar, conversar- el tiempo era una buena broma y todos los perros que estábamos ahí éramos felices, felices de mierda tambaleándonos cada noche como una comuna de oráculos, nosotros no teníamos futuro, por lo mismo vivíamos mejor que tú, o no? Un día tomé un cuchillo y se lo clavé en la mano al borracho más horrible que vi en mi vida, lo hice por diversión y porque quería saber que se sentía. Descubrí que no era divertido, era mejor hacérmelo a mí mismo.

Cuando llegamos a la primera cabaña, tiré la mochila y le dije a Isco que ya habíamos llegado y que podíamos comer un par de naranjas que había ido recolectando en el camino. Se volteó para mirarme y me lanzó al piso con una cachetada. Perplejo, mudo; solo atiné a mirarlo con desconcierto. Abrió mi mochila, sacó una naranja y con su cuchillo empezó a pelarlo y a comer, me dijo luego que no podía ser esa choza la cabaña que estábamos buscando, que él buscaba la que estaba encima de una colina. Caí en cuenta que en ese inmenso sitio, habrían varias chocitas de ese tipo, pero que una cabaña claro debía ser diferente. Empecé a sentir temor de Isco, llevaba siempre un cuchillo en el bolsillo y tenía las reacciones más inesperadas.
¿Nos alcanzaría un lunes para llegar? Comencé a darme cuenta que Isco no tenía idea de las dimensiones o los caminos del fundo, le pregunté varias veces por el mapa y que debíamos usarlo, y él solo me miraba y me decía: Cállate y sígueme. Sería la última vez que vería a Isco, y no lo sabía.
Pasamos la noche en una de las chozas derruidas, Isco casi no durmió y se la pasó escribiendo en un cuaderno, yo pensaba que él era una clase de escritor o que quería serlo y que tal vez por eso era así de destructivo.

El perro de Paul, que me ha seguido hasta aquí, cree que lo voy a acuchillar en cualquier momento, no me conoce bien, pero me ha seguido; él es de esa clase de personas que obedecen siempre, o tal vez es más sabio, quiere algo de adrenalina y en esa familia de mierda donde vive, eso no existe.
Cuando llegue a la cabaña de mi padre, decidiré qué hacer con el resto de mi verano; sé que mi padre fue un maricón en la guerra y se hizo matar rápido, pero siempre me gustaron sus libros y las postales que guardaba, mi abuelo me dijo que él guardaba cosas en la cabaña, así que aquí estoy bajo la luna, cagándome de frio; porque aquí hay más humedad, que fuera del fundo.
Calculo que mañana llegaremos a la colina, y Paul dejará de mirarme como un perro aterrorizado y también encontrará algo mejor que contar cuando regresemos a la escuela. Sé que él no lo ha notado, pero el corte que me hice antes de venir, me está jodiendo más que las otras veces, creo que me corté más hondo, pero yo no soy marica, no me tatúo como los imbéciles del barrio, una cicatriz es más alucinante.

Cuando desperté él seguía echado, no entendía como alguien puede dormir tan relajadamente aun con las moscas pegadas al cuerpo, además eso daba mucho asco. Me levanté y fui a orinar, luego me pelé una naranja, tenía miedo de acercarme a él y que me diera otro lapo o sacara su cuchillo, así que solo le hablé fuerte, diciéndole que era hora de seguir.
Sé que ustedes no lo entienden pero fui tan idiota que pensé que él estaba esperando en silencio para darme una emboscada y lanzarme al piso, en ese momento estuve casi convencido de que iba a matarme, me acerqué –por qué lo hice cierto? si iba a matarme- y lo vi con los ojos abiertos, con sangre saliendo del costado de su pecho, me horroricé y me quedé mudo, se había matado? O alguien estaba jugando con nosotros y también me iban a matar a mí. Entré en pánico, ha pasado un año y sigo sintiendo pánico. Si un tipo como Isco con más valor que yo, se mataba; ¿qué me quedaba a mí? Mi padre me dijo: Ese chiquillo no valía nada, estaba podrido; pero mi padre está más podrido que él, se acuesta con su asistente y la acaba de embarazar y cree que no lo sé. Hay cobardías cotidianas -suena Monkey gone to heaven en la radio- y sí, mi padre es un marica, y mi madre está por debajo del suelo, y yo, yo en qué ando, no se los diré, esta es una carta para salir corriendo.
 

*Antro donde todo es permitido, y donde se encuentra el trago más barato –es decir veneno-

Entrevista a Jorge Eduardo Eielson. 1988

1:49 p.m. Edit This 0 Comments »
Entrevista de Renato Sandoval y Hugo Salazar a Jorge Eduardo Eielson. La República, 18 de setiembre de 1988.


(...) m u e r t e ,   j u e g o  y   v a n g u a r d i a

R.S./H.S. — El elemento lúdico es también una de las constantes de tu obra. ¿Qué función le darías frente a la fuerte carga dramática que igualmente contiene tu poesía?
J.E. — En principio no creo que haya contradicción entre lo lúdico y lo dramático. Todo es y está en continuo juego. El dolor mismo es un juego trágico. Incluso hoy en día la teoría lúdica  se  ha extendido a las  ciencias matemáticas con una serie de signos y códigos interpretativos. El gran problema. de esta teoría es que tiene reglas propias, las que a su vez forman un juego. Siempre  el artista  debe romper las reglas para después plantear otras y así ad infinitum.
R.S./H.S. — ¿Y cómo ves la función de la vanguardia en el arte en general?
J.E. — Para mí simplemente la vanguardia no existe.  O en todo caso es absurda. Por ejemplo, los movimientos vanguardistas de los años sesenta decretaron, incomprensiblemente, el fin del arte,  por la sencilla  razón de que, según  su  opinión, en el mundo ya no quedaban  talentos después de lo que ellos habían hecho. Eso es totalmente falso; pues  no se  puede  decretar la muerte de algo que vivió durante  muchos siglos, desde los albores mismos de la humanidad,  solo porque ahora se les ocurrió que tenía que morir.
R.S./H.S. — ¿Pero no crees siquiera  en la vanguardia en el sentido de cambio?
J.E. — Para que haya cambios no es necesario que haya vanguardia.
R.S./H.S. — ¿Y el artista no sería aquel que abre nuevos caminos, que señala nuevas rutas?
J.E. — El camino no lo señala nadie. Las cosas están  allí desde un principio.
R.S./H.S. — Ya que hablamos de cambio, ¿no piensas  en el cambio más radical: la muerte?
J.E. — No, no pienso en la muerte; seguramente es ella la que pensará en mí.
R.S./H.S. — ¿Y nunca has pensado en el suicidio?
J.E. — No; en el suicidio como acto mecánico  en que tomas un arma y todo lo demás, en eso nunca. Pero sí puede que haya tenido una actitud más o menos autodestructiva frente a la vida por la década del cincuenta,  en los tiempos de Habitación en Roma, que me parece un libro desgarrado. Sin embargo, a la enfermedad le temo mucho más; tampoco pienso en ella, pero le temo más que a la muerte.

Comic

7:36 a.m. Edit This 0 Comments »








































El túnel

4:08 p.m. Edit This 0 Comments »

 
 
 
 
 
 




 
7:10 am El bus ya lleva detenido 15 minutos. Algunos varones son los primeros en bajar a investigar la causa de nuestra parada. En el área de la cabina del primer piso, la terramoza nos informa que por Carpapata hubieron deslices, pero que pudimos pasar sin mayor problema. Sin embargo a esta altura, ya varios kilómetros más adelante, al parecer había habido un derrumbe que estaba bloqueando la vía cerca del túnel La Virgen.
Los minutos pasan, más personas bajan del bus y conversan entre ellos sobre las lluvias de esta zona. Un señor le pregunta al copiloto del bus, cuáles son sus predicciones de viaje.
-          Ud. que siempre hace esta ruta, ¿Cómo es en estos casos? –preguntó él-
-          Suele haber derrumbes en estos meses por aquí Señor, ya están yendo máquinas a limpiar la zona –dijo el copiloto-
-          ¿Y cuánto tiempo suelen demorar estas cosas?
-          Depende. A veces han durado 12 horas, a veces 3; estamos averiguando, habrá que esperar.
-          Y ¿dónde estamos?, ¿estamos cerca?
-          Algunos están yendo caminando a San Ramon, que está cerca.
-          Yo voy a Satipo ¿es lejos?
-          Para allá si está lejos, es mejor esperar, de repente Ud. cruza el derrumbe, pero ¿quién le va a llevar luego?
-          Ya veo, gracias.
-          Espere Mister, en estos casos es mejor esperar.

Mientras clareaba la mañana, se podía observar la niebla cubriendo la cima de los cerros, y los delgados árboles que los habitaban eran contradictoriamente largos y coposos. A la distancia, estos mismos cerros, tomaban una coloración azul, siempre tocados por la niebla.
Mientras se develaba la mañana, una enfermera conversaba con un trabajador del Hipódromo de Monterrico, una administradora de Pamer le contaba las anécdotas de sus hijos a otra madre. Y al fondo de la cabina, una joven le contaba a otro pasajero una historia sobre este tipo de sucesos.
-          Hace unos años, hubo un huaico, mucho más fuerte que éste, y una persona tomó una fotografía del exacto momento en que una niña era arrastrada por el aluvión.
-          ¿Y qué pasó? –preguntó el otro pasajero-
-          Quedó la fotografía –dijo ella-
-          ¿No pudieron hacer nada?
-          Sentimos impotencia, pero no podíamos hacer nada, la vimos irse –finalizó ella-
11:34 am  Los buses empiezan a avanzar, al parecer ya está despejada el área. El túnel en sus bordes laterales conserva aún la pila de tierra acumulada que todavía no se ha retirado del lugar. Pasamos lentamente por el túnel, y los pasajeros poco a poco retoman su silencio inicial.

Urgencia de vivienda

12:41 p.m. Edit This 0 Comments »











Basta ya de agonía. No me importa
La soledad, la angustia ni la nada.
Estoy harto de escombros y de sombras.
Quiero salir al sol. Verle la cara
Al mundo. Y a la vida que me toca,
Quiero salir, al son de una campana
Que eche a volar olivos y palomas.
Y ponerme, después, a ver qué pasa
Con tanto amor. Abrir una alborada
De paz, en paz con todos los mortales.
Y penetre el amor en las entrañas
Del mundo. Y hágase la luz a mares.
Déjense de sollozos y peleen
Para que los señores sean hombres.
Tuérzanle el llanto a la melancolía.
Llamen siempre a las cosas por sus nombres.
Avívense la vida. Dense prisa.
Esta es la realidad. Y esta es la hora
De acabar de llorar mustios collados,
Campos de soledad. ¡A otra cosa!
Basta ya de gemidos. No me importa
La soledad de nadie. Tengo ganas
De ir por el sol. Y al aire de este mundo
Abrir, de paz en paz, una esperanza.

Poema: A otra cosa,
Alejandro Romualdo

Poesía Vertical

11:04 a.m. Edit This 0 Comments »

En una noche que debió ser lluvia
o en el muelle de un puerto tal vez inexistente
o en una tarde clara, sentado a una mesa sin nadie,
se me cayó una parte mía.
No ha dejado ningún hueco.
Es más: pareciera algo que ha llegado
y no algo que se ha ido.
Pero ahora,
en las noches sin lluvia,
en las ciudades sin muelles,
en las mesas sin tardes,
me siento de repente mucho más solo
y no me animo a palparme,
aunque todo parezca estar en su sitio,
quizá todavía un poco más que antes.
Y sospecho que hubiera sido preferible
quedarme en aquella perdida parte mía
y no en este casi todo
que aún sigue sin caer.

De: Poesía Vertical II, Roberto Juarroz