C4

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El silencio cayó como un rayo helado entre los dos, partiendo la confianza y complicidad habituales que nos teníamos, él había intentado besarme y ya nuestra amistad se había arrugado por el circunstancial de sus sentimientos. Estaba casi tácitamente explícito entre los dos la verdadera intención que nacía desde él, así como lo está en mucha parte de toda amistad; así mismo también debía yo pretender ignorar toda esa verdad entre los dos. Sin embargo su intento de besarme, rompió con la armonía tan prolija, que había estado resguardando los meses que pasaron sin que mencionásemos algo siquiera antes, sobre lo que había sucedido íntimamente. ¿Era acaso necesario?, pensé; pues con tan solo ignorar lo sucedido quedaría claro que no había más que decir o continuar al respecto, más que pretender una amistad taciturna y casi íntima por encima de lo evidente.

- Perdóname, por favor perdóname; me he pasado de la raya lo sé –lo dijo no tan convencido y con la tez casi pálida de la vergüenza.
- Está bien, está bien -estaba furiosa sin explicación lógica- ya fue…..ya fue.
Un silencio nos cortaba el pensamiento y la televisión era lo único que distraía nuestras intenciones de enfrentar el hecho con una riña.
- De verdad, discúlpame no debí…yo sé que no debí –la luz pálida de la sala reflejaba aun más su vergüenza- discúlpame.
- Te dije que ya fue –fui elevando mi rabia- ya...ya…dejemoslo ahí.
- No, es que yo sé que me he equivocado, yo tengo claro cuáles son mis circunstancias contigo –esta vez viró su cuerpo completamente hacia mí, para mirarme cara a cara- y sé que no puedo ponerme así contigo.
- Entonces por qué carajooo lo hiciste, si dices que lo sabesssss ¡¡¡¡ -exploté de la cólera-
- Es que tengo que aceptarlo, lo hice porque me gustas, es obvio, pero esto que siento es algo más profundo.
- Tu sabes, yo te expliqué como eran las cosas entre nosotros y lo que pasó, ya pasó, ahora es diferente, nuestro presente no es el mismo, putamadreee ya déjalo –me iba enervando aun mas-
- Es que tu no lo ves de la manera en como yo lo veo, y si tienes razón que es mi rollo pues, pero déjameeee¡¡¡, déjame ok?¡¡ tengo que aceptar que me estoy enamorando de ti, así sin darme cuenta… estoy volviéndome loco ¡¡-el también elevo la voz de cólera-
- No lo sé, no se a que viene todo esto, por favor dejémoslo así.
- Nooo¡¡¡, mira yo sé que tu tal vez, buscas a una persona más intelectual, más de otros intereses y no como yo, que no lo soy; y es que bueno yo deje mis estudios por idiota, por tercoo ¡¡¡ por no dejar que mis padres me apoyaran en mis estudios, y toda la historia que ya sabes.
- Mira, quiero que entiendas que el hecho de que yo no te corresponda, no quiere decir que sea porque yo busco a alguien MAS intelectual, eso no tiene nada que ver acá; podría yo entenderme con cualquier persona, pero el punto no es ese ¡¡¡, quiero que me entiendas que yo no siento nada por nadie así de sencillo, tu eres mi amigo y tú más que nadie sabes por lo que he pasado y entiendes que etapa estoy pasando.
- Lo sé, te entiendo, te comprendo, pero putamaree ¡¡¡¡¡ DEJAMEEE ¡¡¡ déjame ilusionarme pues.
De pronto el silencio nos atrapó nuevamente y me envolví de la seguridad y confianza que podrían darme los conocimientos psicológicos que tenía al respecto del tema, y por un instante me encontré que estaba dentro de un hecho casi práctico y factible de solucionar, que fue tan fácilmente explicado en clase. Sabía que no debía recibir la papa caliente, pero caí, caí en el juego; y tal vez fue lo mejor conducirme como toda persona lo hace: instintivamente, con las respuestas y el proceder más básico de nuestra gama de ser.
El hecho era práctico, tan sencillo como abrir los ojos; y al llegar a tal conclusión, casi de manera inmediata tomé otra actitud, tal vez la que debí de haber tomado desde un inicio, pensé.
Lo escuche, lo miré fijamente entre tanto y esta vez me fue más sencillo, ya que estaba mas consciente de la verdadera razón de su aparente enamoramiento. Él tan solo necesitaba sentirse comprendido, confrontado con algún ser que pudiese hacerlo sentir que seguía viviendo y que el mundo no se tenía por qué acabar tan banalmente como le había dejado la depresión post-Roxana. No era yo, ni siquiera mi amistad; yo era solo su pared con quien habría querido jugar ping pong un rato, hasta que el extremo del enamoramiento iluso nos hubiese terminado aburriendo a uno de los dos, o simplemente el experimentar rechazo y desapego de alguno.

C3

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Se fueron contando solo la envoltura de sus vidas, los detalles que usualmente uno dice a cualquiera: “estoy bien”, “conseguí un excelente trabajo”, “estoy solo pero me siento bravazo”, “nada podría estar mejor”, “como andan tus padres”, “ah que bueno me alegro por ti”, como es casi natural responder la mayor parte del tiempo de nuestras vidas, cuando muchas veces sea lo contrario de lo que se dice.

Adriana se detuvo a observar el libro que estaba sobre la mesa y a lado de Luciano, mientras él se retiró un momento (a hacer ya saben que); el libro tenia un dibujo de un parque plagado de niños jugando, lo siguió observando con detenimiento y se quedó pasmada al darse cuenta de su hallazgo.
Para empezar la foto era a blanco y negro, las dimensiones del parque que ahi se vislumbraban no eran tan claras, mas un letrero que ahi se distinguia perfectamente daba por descubierto de qué parque se trataba; el parque que estaba cerca de la antigua casa de Adriana. Al completar la inspección de aquella imagen bloqueó su sorpresa con una idea calculada, pues como de costumbre Adriana no se podía permitir este tipo de sorpresas. se trató de convencer que era solo una pequeña coincidencia y su hallazgo fue tan solo una asociación mental sin sentido. Para su mala suerte divina, Luciano se seguía tardando; y fue entonces que su curiosidad la hizo revisar el libro con aun mayor detenimiento y desparpajo, al cogerlo y abrirlo para saber de qué se trataba, y por sobre todo quien era el autor, o en todo caso el autor de la fotografia. Grande fue su sorpresa al hallar el nombre del autor:
Luciano P.A.
"Miles away"
el libro había sido publicado hacía un año, por dentro Luciano habia tachado varias líneas y tenia muchas marcas, como si fuese una corrección, y el autor de la fotografía figuraba como: A.R.P.S.

---------------------------------- creyeron que iba a continuar?..pues NO u_u

C2

9:38 p.m. Edit This 0 Comments »

La mañana había caído despejada sobre Lima, y para amenizarla aun mejor, el sol había salido flagrante, brillante e impetuoso, lo cual terminó por completar la rareza e impredecibilidad del clima. Adriana como usualmente lo hacía, se había levantado temprano para ir al trabajo, pero esta vez el sol le había empañado los ojos, y al abrirlos se dio de cara con las reminiscencias de la luz sobre sus ojos grises. Ella en lo particular no disfrutaba del sol brillante, aun menos en días de trabajo; porque mientras pasaran las horas del día, el traje la haría sudar inusualmente, además por otro lado de que el maquillaje se desvanecería con mayor rapidez, y tendría que ir a retocarse dos veces más al tocador, lo cual le causaba molestia ya que iba en contra de su preciada rutina controlada. Se vistió con menuda rapidez y dejo postergado el desayuno, ya que el tiempo se le iba. Tomó su bolso, guardó sus informes y su sobre de maquillaje junto a sus llaves, pero se olvidó de echar al bolso las invitaciones del compromiso, que les entregaría a las amigas del trabajo, y para completar, el celular también.
Faltaban tan solo semana y media para la fiesta de compromiso que estaba organizando su madre en la casa de sus suegros, todas los preparativos se habían ido ampliando con las expectativas de los padres de Adriana y Marlon. No era para menos, sus dos hijos únicos y adorados se acababan de comprometer, y a pesar de que no llevaron una larga relación de enamorados, cada uno encajaba como anillo al dedo dentro de las expectativas de la familia del otro. “Que si Adrianita es esbelta y culta, que si Marlon es guapo y un prospero ejecutivo”; y toda una recatafila de adornos que intercambiaban entre ellos para adularse, sin duda las familias de ellos dos, pareciesen ser los más enamorados de la relación.
Adriana subió al coche, posó su bolso en el asiento de a lado y arrancó el carro; la hora ya había dejado de importarle, por alguna razón había amanecido con desgano y ya no sentía el temor de llegar cinco minutos tarde a la oficina, aunque eso no fuese en realidad ninguna falta, además de que su jefe llegaba usualmente una hora después que ella; pero así era ella, la mayoría de veces trataba de cumplir las órdenes a cabalidad, era casi una obsesión compulsiva para ella llegar temprano a cualquier cita o reunión, pero esta vez la hora la estaba dejando pasar desapercibida, pues su mente andaba volando en otros temas, en temas que en general ella trataba de evitar en días de trabajo: sus sentimientos, y sobre todo sobre su compromiso con Marlon.

Era acaso adecuado casarse a sus 27 años?, y más que ese detalle, realmente era el hombre idóneo para pasar el resto de su vida?, ella iba divagando mientras conducía por la Javier Prado, en ese preciso instante se detuvo por la luz roja y se percató de un niño curiosamente, este niño de aproximadamente siete años jugaba sin menor preocupación del peligro en la avenida, iba llevando de tres en tres tapitas amarillas (probablemente de alguna gaseosa o bebida) hacia la pista y las posaba sobre el piso en orden lineal y paralelo a los carros que se encontraban ahí detenidos frente a él. Adriana pensó primero que el niño se acercaría a pedir limosna por el aspecto humilde y descuidado que lucía, mas no fue así; el niño tan solo estaba jugando a poner tapitas en la pista para que fuesen embestidas por los coches y suenen, y rueden, dejándole al niño una sensación de aventura y osadía al tener que irlas a buscar nuevamente para repetir la operación del juego cíclicamente. Adriana se quedó fijada de esta escena, y despertó con las bocinas de los coches cuando la luz hubo cambiado y ella aun no había avanzado. Arrancó el coche y se concentró nuevamente en el trabajo que tenía pendiente en el día.

Mientras tanto en su departamento sonaba su celular una y otra vez, en la pantallita se vislumbraba: “Lorena”.
Casi alrededor de las siete de la noche Adriana retornaba de su trabajo, exhausta e inquieta por revisar su celular, pues sabía que su mamá la habría llamado durante toda la mañana para arreglar los detalles de la fiesta de compromiso. Llegó, guardó el coche en el garaje y fue a buscar el celular. Lo encontró encima de su cama y revisó con paciencia cada una de las llamadas, incluyendo los mensajes de texto, cuando se fijó las casi quince llamadas perdidas de su madre, le devolvió la llamada inmediatamente.
- Alo mama, recién llego del trabajo
- Adri, hija te estuve llamando durante todo el día, que pasó?
- Mama disculpa, es que dejé el celular en el depa y me di cuenta recién en la oficina.
- Hay hija, tienes que ser más cuidadosa, bueno no te preocupes ya solucioné lo del buffet, va ser sencillo pero muy elegante y delicioso.
- Hay mama, como siempre tú, estás en todo, gracias.
- Bueno hija te dejo tengo que cocinar para tu viejo.
- Ok mama, te dejo, saludos a mi papa.
- Ok, Adri, cuídate.
Luego de despedir a su mama, revisó nuevamente las llamadas inexplicables de Lorena, una de sus más intimas amigas de la infancia y de toda la vida. Tenía más de veinte llamadas perdidas de ella, incluyendo un mensaje de voz, que Adriana se dispuso a revisar inmediatamente.
Mensaje de voz:
- Amigaaaaaaaa, te estoy llamando como loca, seguro que has olvidado el celular, que paso? Tu nunca olvidas el celular… bueno bueno al caso, te tengo que contar el chisme mas novito de toda tu vida, realmente no sé si me lo vas a agradecer o me vas a querer matar, diciéndome que no debí contarte, pero igual te lo voy a decir. A que no sabes a quien vi esta mañana, saliendo de la galería Lucia de la Puente, te vas a morir amiga…vi a Luciano, si amiga, no te desmayes cuando escuches este mensaje de voz, vi a Luciano en vivo y en directo con estos ojitos de loca que no embaucan, está casi igual, excepto que ahora luce un poco más claro que antes, ha de haber sido el clima europeo, tu sabes…me acerqué y le hice el habla, me contó que ha venido a Lima y esta vez para quedarse permanentemente, que necesitaba despejarse de un par de “cosas”, me preguntó por ti por supuesto y le conté que estabas bien y que acababas de comprometerte, lo tomó calmo creo, pero no dijo nada mas al respecto; luego de eso, se fue, pero antes me dijo que te mandaba saludos y que pasaras alguna vez a saludarlo a la galería, ya que estaba exponiendo sus últimas pinturas y casi siempre iba a conversar con unos amigos en la cafetería de ahí, eso es todo amiga, cualquier cosa me llamas.
Cuando Adriana culminó de escuchar el mensaje de Lorena, su expresión se había tornado sorprendida, sus ojos eran de pasmo y se cubría la boca con las manos en forma triangular. Como era posible que Luciano estuviese de nuevo en Lima?, que hasta le hubiese dejado el recado de que “pasara a saludar a la galería”?, sin duda todo era una gran sorpresa, pero tal y como acostumbraba trató de olvidar el tema incómodo y se echó a dormir. Por supuesto no pudo dormir tan rápidamente pues aun circulaba por su mente los últimos recuerdos que guardaba de Luciano.
Marlon, se encontraba de viaje por trabajo, y su sitio en la cama lo ocupaba ahora una muy grande almohada azul que Adriana colocó para imaginar que dormía abrazada de él, como se había hecho habitual. Se acurrucó sobre la almohada incluyendo sus piernas en tal disposición con su cuerpo y la idea de tener a su pronto esposo, a lado, la tranquilizó. Se imaginaba a Marlon echado con su pijama azul, con su semblante adusto mientras dormía, imaginaba que peinaba sus cabellos claros entre sus dedos, y que él al abrir sus ojos, le sonreía con complacencia y ternura, para luego abrazarla y acercarla contra su torso firme. Marlon era más alto que Adriana, en realidad el cuerpo de Adriana se perdía en el cuerpo de su novio, ya que su menuda estatura solo alcanzaba hasta poco antes de los hombros de él, y de alguna manera esto la hacía sentirse segura cuando estaba con él. Como muchos de los hombres a los que se había sentido atraída, Marlon también era de tez clara y su cabello era tan claro, incluso más que el de Adriana; además de sus ojos verdes que combinaban con las pupilas grises de Adriana. Eran una pareja bella para la foto, combinaban en casi todo, hasta en su modo de vestir, que aunque nunca lo acordaran juntos, sus ropas tendían a combinar, ya que además por otra parte los dos gustaban de usar ropas de colores enteros, y eso hacía que casi siempre combinasen en cuestión de vestido en las reuniones de alcurnia a las que asistían.

Al otro lado de la ciudad, en su departamento, recién amoblado y estrenado, estaba despierto Luciano, metido en el cuarto de pintura que se había ambientado desde que llegó, razón por la cual compró en realidad el departamento. Sus maletas aun estaban sin desempacar esparcidas en el piso de la sala, aun había dos cajas personales que no se había dignado abrir y los había puesto a lado del armario de la habitación de pintura, uno sobre otro, como arrinconándolos para evitar tener que abrirlos con prontitud. Se había servido una copa de vino blanco y estaba regado en el sillón verde que daba con la ventana amplia de la habitación, desde ahí se podía divisar las casas en su mayoría de solo primer piso y las pocas luces que se entretejían a la madrugada. Tenía la botella en la mano y la mirada perdida en un punto imaginario. Porque había regresado a Lima? Se decía a sí mismo, por que no se fue a pasar unos meses a Toscana? y luego hubiese regresado a Londres para seguir con su vida, luego del rompimiento con Alice. No¡¡, se respondió el mismo, todo Londres le recordaba a ella, todas las galerías tenían su aroma, todas las calles tenían el sonido de sus chistes, y su departamento en el quinto piso de la Rue Blanque estaba plagado de objetos y marcas de ella. Y hasta la habitación de pintura tenía sus huellas por todas partes, en los cajones estaban regadas muchas de las fotografías de los trabajos de Alice, y en uno de sus caballetes estaban sus iníciales “ARPS”. Como podría yo haber seguido viviendo allí?, pero tal vez hubiese podido hablar con Paul para que me consiga un nueva pieza donde vivir –seguía hilvanando posibles soluciones pasadas que ya no podría poner en práctica-, pero eso me hubiese tomado más tiempo y más dinero del que disponía. Me hubiese ido a Toscana donde Fred y Tia, pero su presencia me hubiese recordado aun más a ella, pues como amigos que son inevitablemente me preguntarían por ella en algún momento, y si no lo hiciesen yo sentiría sus dudas acechantes en sus silencios y miradas cómplices mientras yo agachase la mirada al comer, sin duda todo eso sería incomodo para un exilio. Me siento extraño, me siento vacío sin ti Alice –repetía al aire con rudeza y enojo- por qué, por qué mierda se terminó¡¡¡¡¡. Agitado ya sin ganas y con las lágrimas cubriendo su rostro, se fue a dormir a su cuarto.

Al día siguiente Adriana se despertó a las seis de la mañana como de costumbre, y esta vez sí se dispuso a preparar el desayuno ya que era fin de semana y tenía todo el día libre, ya que su madre se había encargada de todo lo de la fiesta, además de tener la excusa de que tenía que ir a una reunión con sus jefes que luego se cancelo, dejándole libre el día. Prendió el televisor en las noticias y no le entretuvo ningún crimen nuevo que tanto gustan ventilar en los canales televisivos, puso un canal de música y le subió el volumen para seguir haciendo sus quehaceres domésticos. Tenía las pantuflas puestas y se deslizaba con facilidad sobre el parquet del departamento, y podía deslizarse como patinando, aprovechando que Marlon no estaba en casa y no tuviese que decirle cuan infantil se veía usando esas pantuflas rosadas y como se comportaba cada vez que se los ponía, y mientras pensaba en su novio, sonó el teléfono.
- Alo?
- Buenos diaaaaaaass, mi amor
- Hola, cariño; que sorpresa, imaginé que estarías trabajando.
- Bueno si, pero acabamos de salir de la reunión y nos estamos yendo a almorzar para cerrar el contrato.
- Ah que bueno mi vida, me alegro de saber eso
- Mi amor, estas bien?
- Claro, si, que por qué?
- Porque suenas un poco con desgano, y además la música está alta, ¿Qué, estás haciendo una reunión sin mí?
- Como crees bonito, sino que quería levantarme el ánimo con la música y la puse alta, espérame que la bajo.
- Ok
Adriana corrió a apagar el equipo de la sala y luego destapó con la mano el auricular para seguir hablando con su novio.
- Mi amor, me tengo que ir al almuerzo, en la noche te llamó ok, a las siete te llamaré, por favor no salgas, no me gustaría llamar y que nadie conteste, como la anterior vez.
- Está bien mi amor, esperare tu llamada, cuídate.
- Adiós mi vida.

Marlon colgó y presintió que algo le sucedía a Adriana, de todas las veces que había viajado a Noruega, esta era la primera vez que su novia le contestaba con tal desgano, antes ella siempre le preguntaba por todos los detalles de su día y le decía con mimos cuanto lo extrañaba, Marlon supuso que fuese tal vez por la fiesta de compromiso, pues ella no estaba de acuerdo que se hiciese con mucha pompa, además que le había hecho saber que su respuesta era un “si” indeciso, pero sabía muy en el fondo que si Adriana le había dado un sí, cumpliría con su palabra, pues ella no fallaba ni a la mas mínima promesa, menos lo haría en la del compromiso último de una relación. Él era un hombre práctico y ponía en práctica esta misma estrategia en su relación con Adriana, incluso cuando tenían peleas; y otras veces cuando tenía que hacerle algún presente por alguna ocasión especial. Cuando discutían, él callaba y la escuchaba, luego cuando ella se cansaba de quejarse le hacía ver cuán infantil y poco maduras estaban sonando sus peticiones, le lanzaba una mirada acusadora y se retiraba del lugar diciéndole que la llamaría al día siguiente, o simplemente caía exacto justo un viaje de trabajo oportuno y la dejaba sin menor aviso, luego la llamaba desde el aeropuerto diciéndole cuanto la quería y que cuando volviese esperaba que ya se le haya pasado todo el enojo, como si se tratara de una advertencia o un requinte de un padre frente al berrinche de su hijo. Adriana en sí misma no le tomaba importancia, bastaba con haberse quejado, y los días de ausencia de Marlon en el departamento, la hacían recapacitar y extrañarlo, sin duda Marlon conocía a la perfección a Adriana y sus explosiones de furia. Él era un hombre íntegro en su trabajo, cumplía siempre lo mejor que podía, dedicaba 100% a su trabajo, era educado, caballero pero casi siempre serio y de pocas amistades; le disgustaban las fiestas informales pues no sabía de que conversar en tales eventos, prefería asistir a un evento formal en traje y acompañado siempre de Adriana del brazo. Así mismo en dichas reuniones o fiestas formales a las que asistían, ellos no se despegaban, salvo algunos momentos cuando Marlon tenía que ir a conversar de negocios con alguno de los ejecutivos. Adriana disfrutaba solo a medias de esta clase de eventos, pues todo cuanto se dijese en las mesas o coloquios, no tenían mucho de certidumbre, excepto por algún señor de edad que siempre atinaba a encontrar, que le conversaba con sabiduría de los avatares de la vida y que todo eso se iría desvaneciendo con el tiempo, y que al final cuando tuviese edad indecible tan solo importarían las pequeñeces del día a día, Adriana sonreía y envidiaba la sabiduría y alegría plena que pareciesen tener estas personas, pero a la vez se sentía inmadura durante estas conversaciones, pues ella vivía tan preocupada de los formalismos, de los pendientes tan ínfimos pero que tenia más que ver con el trabajo, que sentía que dejaba poco espacio para dejarse ser ella misma. Marlon siempre puntual para las reuniones dejó de pensar en esas suposiciones sobre el malestar de Adriana, ya se le pasará, pensó; y se reunió con los demás ejecutivos para ir a almorzar.

Adriana en Lima se encontraba inquieta, con ganas de tomar el coche y pasar a dar una vuelta por la galería Lucia de la Puente, y verlo de una vez, al menos ir a ver su exhibición y entablar una conversación con él, recordarle a su vida que ya todo andaba bien ahora, que el tiempo y la distancia tal vez si habían servido de algo, y que todo cuanto había quedado inconcluso entre ellos, no era más que una anécdota, pues sus vidas ya habían tomado otro rumbo y ya nada quedaba de las personas que eran hacía ocho años. Pero se dio cuenta en eso, que probablemente ella lo recordaba más que él, ya que él fue quien la dejó, quien sin decir mucho desapareció, para luego terminar ella enterándose meses más tarde que Luciano estaba viviendo con una española en Londres. La información le tocó como un bloque de hielo sobre su cuerpo, se hundió en la más honda depresión, y ese año de la universidad casi jala dos cursos, mas por inasistencias que por notas, ya que ella jamás sacaba notas bajas si es que asistía fielmente; todas sus amigas se preocuparon por ella, la llamaban a menudo para saber cómo se encontraba, y le daban ánimos para que se repusiese y continuase con su vida, al menos un poco más estable. Pero eso no fue suficiente, ella no supo cómo manejar sus circunstancias y su mundo se le vino abajo como una torre de naipes mal construido para el juego. Desde ese suceso, muchos de los detalles de su vida tomaron un giro de 180° grados y se prometió a sí misma no volver a caer en una relación abierta de ese tipo y que no se acercaría más a una persona vinculada al arte, aunque ella amase el arte, pues todo lo que tuviese que ver con el arte desde ese momento le hacía recordar a Luciano y sus cuadros, su mundo y sus ideas, sus mimos y sus indiferencias constantes. Se volvió más disciplinada, más estable en su vida emocional, pero todo funcionaba bien, mientras estuviese dentro de los marcos y los limites que ella conocía, pues si algo se escapaba de su encuadre, nada funcionaba para Adriana y no tenia respuesta improvisada para tales circunstancias. Era sin duda, una desventaja, pero que para su suerte solo se presentaba en su vida sentimental, mas no en su vida laboral.
Se miró a sí misma en uno de los espejos del comedor, llevaba su cabello ondeado y suelto, y vestía unos pantalones blancos con una blusa verde oscura y las pantuflas rosadas; notó ella misma que brillaban sus pupilas y sin pensarlo tanto, se puso unos zapatos de tacón, tomó las llaves del departamento y bajó a buscar el coche, se subió y se dirigió a la galería. En el trayecto que duró aproximadamente media hora, iba pensando que le diría a Luciano, que quisiese saber de él.
Pensará seguramente que me muero por verlo, se dará cuenta?, fue ayer que vio a Lorena y hoy ya estoy yendo a verlo, que patético, pero si no voy, la duda me va a dar más vueltas esta semana. Tengo que ser realista, ha pasado demasiado tiempo, ¿Quién será él ahora?, definitivamente me tengo que ganar su amistad nuevamente, ya que el tiempo ya pasó, y también me gustaría volver a regodearme del arte desde sus ojos, ah seguramente ya dejó a la españolita esa, o ¿tal vez no?, quien sabe, ¿habrá venido solo?, ¿se hospedará donde siempre?, ¿tendrá el cabello largo o corto?, ¿que clase de recuerdos le traeré?, ¿por qué me siento así,? si tan solo ayer ni siquiera lo recordaba.

Llegó a la galería, y aseguró el coche antes de ingresar al lugar, estaba nerviosa y miraba hacia todos los lados, presintiendo que él estaba en ese sitio, y que los ocho años que había pasado le hacían pesar los pies, como si quisiesen detenerla y convencerla del absurdo que era emocionarse por este encuentro. Se fijó en la cafetería antes de ingresar a la sala de pinturas, y ahí se encontraba él, Luciano, plácidamente sentado en la silla de la cafetería leyendo un libro gris. Tenía los ojos bien fijados en las páginas y pareciese que no estuviese ahí, que no combinase con el escenario; vestía un jean oscuro y un polo blanco de cuello V, encima llevaba un blazer oscuro y lucia radiante ante los ojos de Adriana, pues nunca lo había visto usar prendas tan elegantes, excepto por el pantalón, que terminó por convencer que en realidad era Luciano el que estaba ante sus ojos, ya que ese jean se los conocía y aun no podía creer que siguiese usándolos. Lorena no se había equivocado al decir que ahora tenía la tez más clara, su cabello ahora estaba más corto y lucia más prolijo que en el pasado, llevaba unos lentes sin montura y sus ojos negros lucían cansados.
En eso, mientras Adriana escudriñaba los detalles de su figura, mientras se percataba que había bajado de peso (por la depresión post-rompimiento con Alice), Luciano levantó la mirada y se percató de la presencia de Adriana. Se quedó mirándola sin hacer ningún gesto de asombro o de alegría, tan solo mirándola como si siguiese concentrado en las páginas del libro, casi con la misma expresión se levantó de la mesa y dibujó una sonrisa en su rostro mientras se iba acercando a ella. Adriana sonrió complaciente, todo su nerviosismo se estaba volcando en esa sonrisa, en esa expresión de nostalgia que la lleno de alegría, que hasta quiso llorar, pero no lo hizo.
- Adriiii, que sorpresa tan grata de verte pantuflitas.
- Holaaa Luciano, cuando no tu con ese apodo.
- Claro, como no me voy a acordar de tus eternas pantuflas rosadas, es lo más lindo que recuerdo de ti.
- Ah que si?, a osea solo mis pantuflas, nada que mis ojos, mis chistes, mi ironía, nada, nada, solo mis pantuflas.
- Jaja cuando no tu, tan quejona, no has cambiado.
- Tú si te ves muy diferente ah, te ves todo chic con esa ropa.
- Ah sí?, ¿te parece?, yo pensé que lucía desubicado pantuflitas.
- Ya, deja de decirme así que me incomoda.
- Hay ya pantuflitas no me molestes y ven para acá que te invito un café calientito, mira que está haciendo mucho friyoo aquí afuera –y la abrazó por sobre los hombros para llevarla hacia su mesa-
- Vine porque Lorena me contó que te vio ayer por aquí, y recibí tus saludos.
- Ah sí, claro la vi a Lorena toda apurada y le pasé la voz y conversamos un rato.
- Si pues, apenas supe que estabas por aquí, quise venir a ver tus pinturas.
- Ah mis pinturas, no a mí, ni mi nuevo look, ni mis chistes, ni mis ojos, sino mis pinturas, ayaa.
- Jaja no me robes la expresión pues.
- Ah ves, estamos parches pantuflitas.
- Bueno y cuéntame, estas de visita o te vas a quedar permanente
- Bueno, como le contaba a Lorena, me vine para quedarme ya fijo, siento que necesitaba de nuevo de Lima, siempre mi mejor inspiración fueron las calles de Lima y los parques que están por tu casa, jaja.
- Jaja oh..como olvidar las veces que te quedabas misma estatua observando a la gente pasar por el parque ese, donde vivía antes.
- Ah que, ya no vives por ahí?
- No, ya hace más de cinco años.
- Ah que si?, y ahora vives con tu novio entonces?
- Claro si, ahora vivo con Marlon en un departamento por Surco.
- Ah, ya veo pantuflitas, claro ahora eres pituca pues, disculpa…y de verdad que te casas?
- Sí, me caso, no sé cuando, pero si.
- Lo dices con unas ganaaaaaas pantuflitas.
- Jaja y dale tu, como siempre atinándole a la llaga.
- Cual llaga?, que te has caído?
- Nooo, obvio que no, lo digo porque no estoy segura de mi compromiso en realidad.
- Ahh, pero eso es fácil de resolver pues, lo llamas a tu novio y le dices misma chibola: sabes que “por favor, necesito un tiempo indefinido para encontrarme a mí misma”.
- Jajajajajaj, mas falsa sonaría, ya dejemos de hablar de eso, ¿Cómo has estado tu?
- Bueno pantuflitas, yo bien y mal, por qué crees que vine a Lima?
- Jaja, ah ¿Regresaste porque algo malo te pasó?, ¿algo así?
- No quisiera yo tampoco hablar de eso.
- Ah no se vale pues, como vamos a tener una conversación espontanea, si ninguno quiere contar nada.
- Ah no te quejes pantuflitas, que tu empezaste ese jueguito.
- Jaja ok, ok, entonces seamos abiertos y contémonos todo sin tapujos.
Eran las diez de la mañana de un sábado y todo cuanto conversaron comenzó por los costados, por los detalles de sus trabajos actuales, por los nuevos amigos que habían conocido, por los enamorados que habían tenido y todos los melodramas que se habían perdido en los ocho años de no saber el uno del otro. Adriana no le preguntó por los mails que le escribió y Luciano nunca respondió, tenía miedo de que al empezar por indagar por ese costado, él le daría una respuesta filuda que terminaría cortando la conversación. Se contaron muchos detalles y obviaron muchos sentimientos que tuviesen que ver con ellos dos, mas por lo demás se fueron contando casi todo… (Continuará).

de nuevo..nuevo

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Rozando, tropezando, caí en un fárrago
En él, bastaba dar la mano
Para la segunda se requería un trueque
En lo sucesivo se hizo casi arcano
e impenetrable a mi comprensión mundana

Sus habitantes merodeaban con cautela
sus ojos vigilantes cortaban cualquier juicio
la distancia solia ser engañosa
si me acercaba se presentían auras
al llegar, volvía al principio

El tiempo oscilaba semejante
y sus seres infinitamente diversos
solían tropezar con los reflejos
Se asustaban de la noche y el espejo
pero no temían a un ser extraño
bastaba con ignorarlo

Al casi terminar un dia entero
me percaté de un letrero caído
que citaba con grandes letras:
“Bienvenido a Lima”

C1

11:12 p.m. Edit This 0 Comments »
- Pura burla hipócrita y preguntas sin destino haces, realmente crees que tus aires de sapiencia engreída me va a cautivar? –me preguntó sin ninguna sutileza y clavándome directo la daga a mi orgullo recién estrenado.
- Jajaja, así que ahora tengo aires de sapiencia, fíjate tú que yo no sabía que despilfarraba esa imagen hacia ti, pero dime, así con la misma sinceridad que has hablado, te soné engreída?
- No digo, haces las mismas preguntas de rebote, como decir que azul es azul, realmente creo que quieres encubrir tus estúpidas alusiones de cultura que en realidad posees solo a medias, y eso ya es darte mucho mérito.
- Hago preguntas sin sentido, poseo aires de sapiencia y de cultura a medias, soy engreída, algo más? –le respondí casi burlonamente a sus preguntas con una gran sonrisa en mi rostro.
- Y sigues con lo mismo que empezamos señorita, y continuas burlándote de todo cuanto yo considero que es serio, al menos algo que sería digno de tomar con un poco mas de tino y más criterio de tu parte –lo dijo esta vez más calmo, pero aun serio y adusto.
- Hasta ahora he hablado, de la única forma que he aprendido a hacerlo y me viene en gana decirlo, por otra parte en ningún momento me lancé con improperios a ofender tu opinión o los principios de tu persona, aunque difiero ciertamente de ti en casi todo.
- Claro, es difícil para una señorita como tú atreverse a dar una opinión totalmente honesta respecto al otro o a un tema, pues tengo la certeza de que siempre buscas agradar al que te acompaña y buscas embelesar con risas e ideas dulzonas a hombres que incautos se creen las palabras que salen de tu boca. Estoy muy seguro, de que no dices todo lo que piensas, no es así?
- Oh, claro tienes mucha razón, tú; no digo todo lo que pienso; por ejemplo ahora estoy queriendo ir al baño y después irme a mi casa y ver una película que me haga sentir más cómoda o al menos tranquila, en vez de estar aquí contigo escuchándote decirme una agresión tras otra, sin que yo pueda entender aun por qué lo haces.
- Mira, si te quieres ir, puedes irte, haz lo que desees y sé al menos por esta vez un poco más coherente con lo que piensas, sientes y haces –y al terminar de decirlo se levantó de la mesa y me hizo una señal de que me iba a acompañar hacia mi camino de regreso a casa.
- Jajaja, realmente creíste lo que te acabo de decir? –y volví a responderle burlonamente, buscando que llegue a explotar de furia y rabia.
- ¿Estas jugando conmigo o qué?, me estas cansando, por qué mejor no somos totalmente sinceros y aceptamos que no nos soportamos y que nunca vamos a estar de acuerdo respecto a nada –esta vez lucía aun mucho más molesto y serio que nunca; y volvió a sentarse.
- Sincera estoy siendo, yo no me quiero ir, y no me ha causado molestia tus opiniones –mentí un poco- yo quisiera sin embargo saber, porque te has sentido de algún modo ofendido, o afectado por como yo te hablo; ya que en ningún momento he querido incomodar y arruinar esta bonita velada.
- Sigo creyendo que todo lo que sale de tu boca solo es veneno de sabor a miel, ¿por qué mientes tanto?, ¿porque no dices la verdad?, dime, yo sé que todo lo que dices siempre, todo es una mentira.
- Wuauuu, ahora también soy mentirosa; fíjate que mi carrito de defectos cada vez se está llenando más, vamos sigue, sigue quejándote –un poco afectada pero lo animé a que continuara.
- Creo que salir contigo ha sido la peor decisión que pude haber tomado esta mañana, estás llena de figuras y máscaras y no entiendes ni un ápice de lo que opinas muchas veces, antes te me figurabas más sabia, más Afrodita, más Musa; pero ahora veo como eres en realidad, y no eres ni el eco de lo que te soñé –se había calmado diciendo esto y me miraba interrogante, queriendo que yo le lanzase una respuesta tonta para que confirmara su presunción.
- Asumo que ya es casi lo último que tienes en la manga para querer hostigarme y afectarme, así que ahora si seré un poco más abierta contigo…Sí, tienes razón en casi todo lo que me aludes, soy inculta, soy engreída, soy burlona, intolerante también te faltó alegarme, soy mentirosa también y muchas otros adjetivos que van de la mano de los que ya mencioné…casi nunca te equivocas ante mis ojos, pues toda opinión que sale de tu boca, es para mí una verdad hecha ley, y te la discuto porque pretendo figurarte una mujer con criterio, alguien que entiende lo que dices, pues quien mejor para entender y replicar un juicio, que el que te critica. Tú en mi vida, eres lo que admiro, lo que yo quisiera hacer, lo que quisiera saber y alcanzar algún día; por supuesto no de la misma forma y no completamente gemela de tu ser, pero alguien similar. Siempre te he visto sonreír y cortejar, siempre tierno, galante, curioso, amable y preguntón; pero hoy te has revelado ante mí y te has vuelto otro, una persona desconocida para mí, me has hablado como nunca te he oído hablar y aun así te doy la razón. Pues para mi, en esta tarde, en este día, no me importa tener la razón, no me importa si soy o no culta, si tu sabes más o yo sé menos; este día lo único que me importa es estar discutiendo contigo. Y tienes aun más razón al decir que miento… Sí, cuantas veces no te he mentido, y he dicho que sí a cada capricho tuyo con encanto; no pues yo no estaba encantada. Yo le tengo miedo hasta a tu sombra, le tengo miedo a tu opinión, a tu sonrisa, a tus preguntas…sin embargo he aprendido hoy a reírme. Me rio porque ya nada es importante o irrelevante, todo es igual al fin y al cabo. Puedo hacer y decir muchas cosas de mí y de lo que pienso pero eso no va hacerte cambiar las cavilaciones ni juicios que tienes de mí. Me rio porque no me queda nada más que hacer. Porque sé que esto me causa más pesar que a ti.
- Basta señorita, basta ya –se había sensibilizado pero aun me miraba con seriedad y lejanía en los ojos.
- Sí, basta ya, basta –tuve ganas de llorar y a la vez de reír, pero sentí una paz muy en el interior desde la garganta.
- No te creo nada, pues tu misma has aceptado tu mentira general, que nada es cierto en ti, y aunque me sorprende tu imaginación para querer convencerme, te doy las gracias por esto, te tendré siempre en recuerdo, pues tu mejor que nadie me has sabido complicar, ese mérito lo posees hasta ahora.
- He dicho todo cuanto es cierto para mí, pero a la vez tú tan sabio, tan lleno de conjetura y juicio siempre tendrás a quien juzgar y alegarle la mentira, para que sigan actuando cíclicamente en tu teatro. Y siiiiiiii basta ya, basta ya.
- Adiós señorita, Ud. si que está loca –sonrió pero sin seguridad y se volteó para alejarse.
- Sí, estoy loca –lo observé alejarse y aun estando cerca me invadió completa la inagotable nostalgia, aun seguía temiéndole a su juicio y también le di casi toda la razón, pero esta vez fue diferente, esta vez me sentí mejor y me reí de mí.

Visita

10:38 p.m. Edit This 0 Comments »
Estábamos los dos sentados, tomando una infusión acompañándolas con galletas; de pronto el cuadro lucía como el lonche de los dos hijos buenos, planeado y familiar. Me sentí expuesta, y sin saber cómo actuar bajo esas circunstancias. Qué se supone que debía decir, o en mayor caso, que debía no decir; ya que sus padres nos estaban escuchando cautelosos cerca de la sala, y tal hecho me provocaba desconcierto e incertidumbre; entonces recordé por un instante como era comportarse como la chica buena de la casa en mi infancia, para los tíos que venían de visita. Yo fuese tal vez por esa sola visita, una niña buena, queriendo dejar, al menos, una decente impresión, aunque tal vez no estuviese acorde con toda mi persona, mas eso no era lo que importaba en ese instante, ni en esa visita. Prosiguiendo él me preguntaba con naturalidad, temas para mí, personales, u opiniones que de por sí no me atrevía a discutir con mi mama o mi hermano; y por tal razón la idea que sus padres nos estuviesen oyendo me causaba incomodidad y mis respuestas no eran del todo natural; no por hipocresía, sino porque la naturalidad se me había hecho más fluida en circunstancias ya demasiado calculadas y encuadradas; todo fuera de ese encuadre ya parecía peligroso o simplemente fuera de mi alcance para responder con la mayor honestidad, y aunque no estuviese siendo tan espontanea en mi responder, el sentimiento que se perfilaba en el ambiente me sabia a ternura, me sonaba a protección; proveniente de sus padres que nos habían dejado el escenario listo, mientras se los presentía a ellos como expectantes cuidadosos de su obra. Aun así pude calmar mi sosiego por la escena, por la sensación de protección y atención que me había dejado la mesa con las galletas y las tazas calientes sobre la mesa.
Tal y como lo había descrito su madre, ella ahora se había resuelto a estar más cerca de su hijo y formar mas parte de su vida, aunque fuese en un té o una salida al futbol, y cuando lo hubo contado, su voz me sonó al cariño maternal que también mi madre poseía; por un momento pensé que tal vez fuese a causa de que ellas dos habían nacido en pueblos cercanos, y que su infancia y tal vez sus juegos hayan sido similares, y con el tiempo habrían también aprendido a amar con un son de aire ingenuo y cándido en la voz, tal vez fuese así, pero si muy probablemente habrían despertado bajo los mismos cielos inmensamente celestes y pincelados por las nubes; sin duda esa habría de haber sido otro tipo de vida. Y ahí nos encontrábamos él y yo, tomando de a sorbos la infusión caliente, que para el frio venia muy bien bienvenido al cuerpo. Sus preguntas no las recuerdo con exactitud, como así no recuerdo muchas de las líneas de conversación con otras personas; no, por no ser importantes, sino tal vez porque mi memoria no quisiese guardar recuerdo de lo que me hubiese provocado vulnerabilidad; y por otra parte además porque no estaba completamente ahí presente mi completa atención. Me encontraba aun un tanto anestesiada de los hechos y las atenciones, todo cuanto pareciese emocionante, se me figuraba relevante tan solo los primeros cinco minutos, para luego degluirse en la más honda insignificancia que pudiese haber presenciado; aun seguía sin volver en mí, sin reaccionar. Por algunos días cercanos me había conjeturado y llegado a convencerme de que en realidad yo me hube dormido de la vida hace mucho, y que lo que yo pudiese estar teorizando sobre mi presente angustia de mal de amores, era en realidad solo un síntoma de lo que de trasfondo había venido arrastrando por más de tres años.
Luego que terminamos la merienda de la mesa, me invitó para seguir conversando fuera de su casa, sentados en la esquina sobre la vereda, como lo habíamos hecho la primera vez que lo había vuelto a ver. En ese momento pensé que tal vez él hubiese presentido mi angustia de sentirme observada por el escrutinio de sus padres, o tal vez simplemente él sintió la misma necesidad de privacidad que yo.
Sentados de nuevo en la vereda, y aunque su sobrina no parase de bailar y regarse en él como una damisela; nos dispusimos a seguir charlando sobre nosotros. Desde que retomamos la conversación, por un momento me invadió la necesidad de hablar sobre el pasado, de indagar sobre ciertas motivaciones que siempre me provocaron intriga y duda, en los tiempos de colegio que nunca había tenido el valor ni la cavilación para averiguar. Qué había sido de mí, en esa época, qué impresión tenía de mí, que signifiqué para él, todas esas preguntas me invadieron. Estaba sobreexpuesta, y sentía que no era tan necesario que yo preguntase tales preguntas de una forma así directa, pues así sonaría a pretensión, a interés genuino que en realidad prefería, él no diera tal conclusión. Mi interés no era rescatar esa pasión adolescente, ni inmiscuirlo en los entramados de mi complicada vida, tan solo esperaba una opinión honesta y abierta de alguien que ya me hubiese conocido; y aunque tal vez hasta ese día yo lo considerase anodino en perspectiva, al ir fluyendo las horas descubrí que poseía una espontaneidad innata que me hacía sentir cómoda. Ahora las circunstancias eran diferentes, ahora era otra persona la que me obsesionaba y me causaba tanta angustia a causa de la indiferencia; a lado de ese contexto, cualquier opinión desagradable o recuerdo inefable del pasado; era cualquier piltrafa que no me causaría daño ni molestia, pues en ese instante yo adolecía de otra persona y lo demás ya no era tan angustioso en analogía con él. Por tal razón me atreví, me arrojé a preguntarle, o más bien a contarle detalles que él había ignorado por mucho tiempo sobre nuestra antigua relación y sus benefactores malintencionados que anduvieron siempre rondándonos. Él se sorprendió y hasta se burló con gracia de lo que le iba contando, me preguntó por qué no se lo había contando antes, y ni yo misma le encontré respuesta. Antes había creído demasiado innecesario decir aquellos detalles a cualquiera, pero detalles como ese, se los tenía que contar, anhelaba observar su expresión, su atención o desatención respecto al tema. Le conté varios detalles, en ellos incluidos muchos contextos de mi vida por ese tiempo, y que hasta ese momento no se lo había hecho conocer. Presentía que mi pasado o mis juicios no le causaban el interés que tal vez me hubiese gustado que si le causaran importancia; pero si era su forma natural de apreciarme, no tenia por que juzgarlo, me bastaba su parcial atención, al menos ese día. Seguí hablando pausadamente como si tratase de calcular bien lo que tuviese que decir, mas después sus ademanes y sus interrupciones interrogantes me desvariaron la ilación y ya todo se desalineó del encuadre en el que me sentía más cómoda; por un momento tuve la sensación de que me pudiese estar entendiendo, de lo que yo estaba sintiendo en ese momento, al menos en alguna magnitud la agonía interna por no poder decir o expresar, por no poder llorar al aire libre o simplemente tal vez poder trascender mi pesar, como se supone que lo hace un adulto sin afectar sus responsabilidades como lo estaba haciendo yo; así mismo él tal vez también pudiera estar sintiéndose así, me imaginé de rato en rato; aunque por otros instantes me invadía la sensación de que todo estuviese siendo una escena calculada para poder tenerme de su brazo como un ancla, y que quien sabe no fuese yo la única en servirle de tal utilidad. Todo era pues, sin duda incierto, como lo había sido casi todo lo que provenía de él desde que yo lo hube conocido, y era casi una aventura conocerlo ahora, en lo más intimo, en su casa, con sus padres cerca que lo cuidaban, dentro de su habitual contexto y sobre el momento más sensible de su vida hasta ahora, cuando él estuviese luchando por recuperarse del pasado y dar un paso en firme para hacer y pensar lo que se supone hacen los adultos. Entre cada tema, hubieron momentos en que no sabíamos que decir, y él atinó muy propiamente a decirme que el silencio se iría esfumando con algún tema trivial sin que durase mucho tiempo y que no debíamos preocuparnos por ese instante incomodo.
Yo aun me percibía anestesiada de la vida y del mundo, y lo envidié, envidié sus ganas de vivir que las sentía más grandes que las mías. Aun se encontraba dentro del programa de rehabilitación y tal vez el hecho de que todos a su alrededor lo estuviesen alentando para su recuperación y que ahora disfrutaba de compañía obligada y poca intimidad, lo hacían querer vivir y conseguir todo lo que se espera de un adulto. Tal como lo hubo dicho él, tener una carrera, tener una familia, independizarse y jamás recaer en la droga. Lo envidié por un momento por la seguridad que reflejaba al hablar de su futuro y de su mejora; pero a la vez tuve miedo por él también.
Toda esa seguridad la profesaba como si en realidad el mundo que se le exigía alcanzar fuese sencillo de conquistar, su seguridad no conocía pues aun los verdaderos desafanes que le harían hacer trastabillar los pies en el intento. Sus aires de futuro, sonaban a idealismo heredado, a eso que todas las generaciones debemos aspirar y cumplir, pero sería ese su verdadero afán y pasión por vivir?, por otro lado, aun si fuesen genuinas esas metas tendría que ponerlas a prueba sin ningún apoyo algún día, ya que estar siendo alentado, atendido, protegido y cuidado, le pueden dar a cualquiera esa seguridad para poder saltar del piso, porque uno sabe que hay un piso donde has de caer, mas el mundo como lo había descubierto yo; poco a poco te va quitando el piso, y cada vez se te exige saltar mas y mas alto, pues el adulto aspira a ser independiente. Tuve miedo por él y también tuve deseos de cuidarlo como lo estuviese haciendo su madre, aunque sin embargo un día llegaría el momento que el descubriese que el mundo puede ser tan agrio como la hiel y que sin el piso confort o el regazo cálido de una madre, todo pareciese ser sin sentido. Si, llegaría el día que él descubriese lo que yo estaba descubriendo, y lo que mi anestesie me impedía asimilar; y sentí miedo por él, pues tan cerca sentí el anhelo de su madre, de aspirar un futuro mejor para él, que también había calado en mí, de una forma inexplicable ese anhelo también para él.
Probablemente así lo descubriría algún día, y su modo de afrontar la agria realidad, seria la prueba final de su rehabilitación o no rehabilitación, ya que el hombre frágil que se encuentra nadando sin destino en el lodo, no desea nada más que alivianar su pesar, o tal vez cesarlo con la muerte; por otro lado tal vez esos fuesen caminos que yo cavilé días atrás, tal vez él no llegaría a esa conclusión, y no llegase a recaer como todos los que lo rodean temen. Pero por otro instante me vino a la mente toda una revolución de ideas, sobre mí y la explicación del patrón de mi actuar, y encontré tal vez la respuesta, con tan solo escucharle y estar sentada ahí con él un grupo de horas.

La Mantis Religiosa

11:41 p.m. Edit This 0 Comments »
Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm. de mis ojos.
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes
de la orilla del Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palito seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos
como una fina y quebradiza cáscara.
Una enciclopedia casual me explica ahora
que yo había destruido a un macho vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra,
cantando y meneándose, llamando hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso ella desliza una larga lengua tubular
hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica,
un ácido, que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso,
y el macho se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula a la muerte.
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.
Las enciclopedias no conjeturan.
Ésta tampoco supone qué última palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
de agradecimiento.

José Watanabe - (De El huso de la palabra)

sinthia

1:51 a.m. Edit This 0 Comments »
Seguiremos jugando, pues; como los semáforos y peatones de Lima, uno no hará caso del otro, y el primero ni se inmutara en su funcionar maquinal; sonriendo calculadamente cada paso al avanzar, nos vamos a seguir rozando las manos, teniendo la certeza que no sabremos sujetar ninguna promesa, porque todo eso se diluye como hielo en nuestras manos.
Los demás, qué incitantes e interesantes se lucen ante la luz; haber quitales esa luz... te aseguro que no tienen ni el color; mas, sin embargo les vamos a seguir danzando o sino tal vez ellos también bailen para nosotros un rato. Como en las fiestas, nos sentiremos agusto inmersos en la bulleria de la gente y el retumbar de la música de moda; pero un poco más fuera, el silencio nos recordará que estamos solos, y que no volverá el dia en que nos conocimos e ignorábamos ese avatar.

Al esperar

10:33 a.m. Edit This 0 Comments »
Mirando desde fuera
Hacia tu ventana desprolija
saliste tú con una frágil sonrisa
A forma de esperar un abrazo saludaste
Te extendí mi mano y frunciste el ceño
Retiraste el cuerpo y te cerraste

La tarde, inverosímil como tú
Me acompañó un par de horas
a mi, a mi cansancio y terquedad de verte

que habré dicho no sé
sigo recordando y aun no sé..
pero que bonito fue esperar inmóvil
solo ese tiempo, que no fue corto

Mi consciencia y las de ellas

9:30 a.m. Edit This 0 Comments »
Me colmó su presencia
su cuerpo agitado a lado
al caer húmeda y sin fuerza
Y escapé a la luz de madugrada

Ellas debieron estar soñando
mientras yo quebraba sus promesas
una menos consciente que la otra

Y la mia se encogió de hombros
para no dejar que toque
la verdad que habia debajo

Todas esas tertulias de calor banal
Que inventamos como excusa
Para evitar el hondo cuestionar

Y encontrar respuesta al borde
sin mirarlo todo en sí
hasta que te acecha en entresueño
ameritandole el rigor y la moral

discurre el dia como se espera
y nada sigue siendo tan importante
mas que las ganas de inventarse el mundo

asi como yo juez,
al parecer tengo moral
al parecer...
tal vez...tal vez tenga mas diablo
que ellas que me han amado.