Ciclo vital

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Soy un árbol;
Crezco, y tengo hijos, ellos maduran, ellos caen
Crezco, y los mamíferos menores hacen de mi busto, su casa de leche
Crezco, y sin embargo, la dama de blanco me toma solo con sus guantes
Pero, crezco y el alba me canta aun en griego
Crezco y un perro me orina

Tumbado en el sofá del bosque
Crezco y hacen de mí, una silla roja

En defensa del Anonimato, Jose Emilio Pacheco

12:48 p.m. Edit This 1 Comment »
CARTA A GEORGE B. MOORE EN DEFENSA DEL ANONIMATO
Jose Emilio Pacheco
De: "Los trabajos del mar" (1983)

No sé por qué escribimos, querido George.
Y a veces me pregunto por qué más tarde
publicamos lo escrito. Es decir, lanzamos
una botella al mar, harto y repleto
de basura y botellas con mensajes.
Nunca sabremos
a quién ni adónde la llevarán las mareas.
Lo más probablees que sucumba en la tempestad y el abismo.

Sin embargo, no es tan inútil esta mueca de náufrago.
Porque un domingo
usted me llama de Estes Park, Colorado,
me dice que ha leído cuanto está en la botella
(a través de los mares: nuestras dos lenguas)
y quiere hacerme una entrevista.
Después recibo un telegrama inmenso
(lo que se habrá gastado usted al enviarlo).
En vez de responderle o dejarlo en silencio
se me ocurrieron estos versos. No es un poema,
no aspira al privilegio de la poesía
(no es voluntaria).
Y voy a usar, así lo hacían los antiguos,
el verso como instrumento de todo aquello
(relato, carta, drama, historia, manual agrícola)
que hoy decimos en prosa.

Para empezar a no responderle,
no tengo nada que añadir a lo que está en mis poemas,
dejo a otros el comentario, no me preocupa
(si alguno tengo) mi lugar en la historia.
(Tarde o temprano a todos nos espera el naufragio.)
Escribo y eso es todo. Escribo: doy la mitad del poema.
Poesía no es signos negros en la página blanca.
Llamo poesía a ese lugar del encuentro
con la experiencia ajena. El lector, la lectora
harán o no el poema que tan sólo he esbozado.

No leemos a otros: nos leemos en ellos.
Me parece un milagro
que algún desconocido pueda verse en mi espejo.
Si hay un mérito en esto –dijo Pessoa—
corresponde a los versos, no al autor de los versos.
Si de casualidad es un gran poeta
dejará cuatro o cinco poemas válidos,
rodeados de fracasos y borradores.
Sus opiniones personalesson de verdad muy poco interesantes.

Extraño el mundo el nuestro: cada día
le interesan cada vez más los poetas;
la poesía cada vez menos.
El poeta dejó de ser la voz de la tribu,
aquel que habla por quienes no hablan.
Se ha vuelto más otro entertainer.
Sus borracheras, sus fornicaciones, su historia clínica,
sus alianzas o pleitos con los demás payasos del circo,
tiene asegurado el amplio público
a quien ya no hace falta leer poemas.

Sigo pensando
que es otra cosa la poesía:
una forma de amor que sólo existe en silencio,
en un pacto secreto entre dos personas,
de dos desconocidos casi siempre.
acaso leyó usted que Juan Ramón Jiménez
pensó hace mucho tiempo en editar una revista.
Iba a llamarse “Anonimato”.
Publicaría no firmas sino poemas;
se haría con poemas, no con poetas.
Y yo quisiera como el maestro español
que la poesía fuese anónima ya que es colectiva
(a eso tienden mis versos y mis versiones).
Posiblemente usted me dará la razón.
Usted que me ha leído y no me conoce.
No nos veremos nunca pero somos amigos.
Si le gustaron mis versos
qué más da que sean míos/ de otros/ de nadie.
En realidad los poemas que leyó son de usted:
Usted, su autor, que los inventa al leerlos.

Al otro lado de la Palabra, por Octavio Paz

2:02 p.m. Edit This 0 Comments »

Allá, donde los caminos se borran, donde acaba el silencio, invento la desesperación, la mente que me concibe, la mano que me dibuja, el ojo que me descubre. Invento al amigo que me inventa, mi semejante; y a la mujer, mi contrario: torre que corono de banderas, muralla que escalan mis espumas, ciudad devastada que renace lentamente bajo la dominación de mis ojos.

(Fotografía de Julia Noni)
 
Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día*
 

*Octavio Paz: Libertad bajo palabra, Barcelona, El Comercio, 1993, p.10

Verano ejercicio

3:20 p.m. Edit This 0 Comments »

En mi casa, hay un pez
de peso grave entre las sombras,

ese pez de riendas blancas
traquetea la leche
distorsiona la mesa
cesa el ejercicio
y sale ardiendo
como poseído títere submarino

fulgurar así en el chasqueo
de las otras bestias
partir desnudo
como vacío, como parque
como pie entornillado al desencanto del agua
he esperado furiosamente
aquí tosiendo sombrillas en la orilla
y nadie quiere mojarse
en el vilo de la vena asible
en la tarde visible
bajo aletas,
vaciadas en la arena

Soberano suspiro entre mis cabellos
trayendo muerte, comida, árboles;
burbujas arrojadas en una herida

Fabulario

9:33 a.m. Edit This 0 Comments »

 
(…) Yo soy ya un vaso quebrado, por cuya incurable rajadura, se escapa mi vida.*

*Extracto de uno de los cuentos de juventud de Hermann Hesse en el libro Fabulario. La Muerte del Hermano Antonio (1904).

Era ilegal, pero no era malvado

9:20 a.m. Edit This 0 Comments »
Uno, camina sobre un cable tendido a una altura de 1,368 pies entre las Torres Gemelas; el otro, recorre las avenidas por las madrugadas con planchas y aerosol para dejar rastro modificando las marcas viales de Montreal para la sorpresa de los transeúntes. ¿Qué sueño une a estos dos hombres?. ¿Locura?, ¿Rebeldía? ¿Arte?. Su performance, su rastro; sin duda nos interpela de frente, como una pregunta hacia nosotros mismos, como una bella melodía de una sirena; que inevitablemente nos captura.
Philip Petit a los 24 años, en agosto de 1974, poco después de las 7:15 de la mañana, partió de la torre sur sobre un cable de acero, cruzó ocho veces entre las torres, un cuarto de milla sobre las aceras de Manhattan, además de caminar se sentó sobre el cable, hizo una reverencia y, mientras se encontraba en el cable, habló a una gaviota que volaba sobre su cabeza.
Durante los 45 minutos aproximados de su paseo, él sonreía extasiado, incluso a los policías quienes amenazaban con capturarlo de cualquier manera. Fue arrestado justo al bajar del cable; y la repercusión mediática y admiración del público dio como resultado el retiro de los cargos que se le habían imputado.
Al ser preguntado por el motivo de la acrobacia, Petit diría “Cuando veo tres naranjas, hago malabares; cuando veo dos torres, las cruzo”
 Peter Gibson, comenzó sus aventuras de madrugada alrededor del 2001, con los carriles para bicicletas. Una noche, convencido de que la sed de petróleo estaba detrás de todas las atrocidades del mundo, decide tomar su lata de spray y sus plantillas para llevarlos a la calle.
Peter empezaría a trabajar sobre otros diseños de plantillas,  como tulipanes, tapas de lata, tijeras, en un juego de posibilidades que nadie imaginó para las señales típicas del orden urbano; sus intervenciones urbanas cambiaron el significado no solo de la cultura vial, sino además destapó la controversia sobre la libertad de expresión y el arte en las calles.
Otra noche de aventura de Roadsworth en el otoño del 2004 es detenido junto con una orden para registrar su casa, lo que lo conecta con todos sus anteriores 85 trabajos, convirtiéndose de la noche a la mañana en un delincuente y en una sensación para los medios.
 Uno, domador del vacío; el otro, visionario vial; ambos nos conceden una visión de lo inusitado, de un sueño tan descabellado como inaugurar una ópera en medio de la selva de Iquitos, y la noción de que hasta el lugar más inaccesible pertenece a aquel que tiene el valor de conquistarlo.

Toyota

5:33 p.m. Edit This 0 Comments »
Parece que Papá acaba de traer el auto como es costumbre los domingos a las 4, es difícil explicar la bicicleta que de pronto se echa andar dentro de cada uno de los que nos vamos a subir; bicicletas dentro de un Toyota, para aumentar la insensatez; somos ruedas y nos damos rienda suelta al silencio mientras recorremos el túnel de sonidos; aquí nuestras voces quedan anuladas, acaso porque el lenguaje ya ha sido iniciado por los insectos, somos bastante tolerantes, esperamos que nuestros anfitriones rompan el hielo y nos comuniquen sus dudas y somos baldes aguardando la lluvia.
He pensado que el horror puede danzar entre las mariposas, a través de la caída rosácea del sol, ellas exhalan su último aleteo y las orugas levantan su primer paso al suicidio aéreo. El auto recorre el fundo, ha girado alrededor de la cerca y la tuerca que adentro se cierne, ha disipado su movimiento en preguntas, en atrapar las palabras para detener la insoportable conversación de todos los insectos nocturnos; nadie quiere callarse, todos hablan al mismo tiempo y el lenguaje al que he sido sometido es cruel y es incierto. La luz no me deja hablar, así que nos disponemos a entablillar el auto para estantes, y cenas. Hemos descubierto que el sonido puede repartirse en los anaqueles, sin embargo a su vez, estamos obligados a asistir a la función de estas conversaciones perpetuas. En realidad estamos cambiando; vamos probando el suelo y de nuevo vamos probando el suelo y de nuevo como llantas vamos probando el suelo.

Mi padre ha detenido el auto y nos ha preguntado qué lenguaje tiene esa abeja taciturna que se empeña en hacerse notar, hemos detenido la rueda y descrito su trayectoria, su agitar desesperado nos comunica que hemos llegado tarde, el vals en el bosque ha iniciado sin nosotros, nuestro lenguaje estorba y nuestra lengua ha perdido su redonda forma de hacerse entender.

Esta verdad engañó al mundo

9:23 p.m. Edit This 0 Comments »
 
Aquí me tienes como un hombre buscando la verdad a la intemperie de la luz y de la sombra, ahora el espectro de mi verdad va a salpicar su esperma intergaláctico en el rabo del universo, del otro lado las múltiples cabezas expondrán sus beneficios para una sola piel, y marcharemos juntos, con mapas y vergüenzas éticas. Buscar la verdad en el mundo como un perro sin espejismos, sin retroceder ninguna palabra, ninguna cabeza; a toda velocidad había que trazar la historia del amor, la lucha de dos dioses vestidos de soberbia. Aquella turba había dicho que el amor era eso, el grito, la revolución y las reformas; y yo había dicho que aquella bestia demoledora escondería su cola otra vez un par de años luz.

Estoy aquí intentando trazar este mapa, pero la maldita naturaleza me contradice rebotándome en su mirada su natural ciclo vital, regurgitando su latido eterno, su círculo perfecto que se perpetúa en el pie de las hojas, en la morada de los finales. Y yo había dicho que aquella bestia demoledora escondería su cola otra vez un par de años luz.

Estoy aquí, porque no puedo darte nada; en el principio, en el origen de este túnel de retratos, y soy un escarabajo que sube y baja, que trata de comprender el huérfano de ti mismo, el íntimo silencio que no alcanzas a disfrazar; y esta sospecha y este tambor de amor que no tiene lápida, que se pasea entre los pasillos de un hotel, donde tú también has salido a recorrer tus piernas desnudas, donde tú también eres el festín sucio de una cabeza; pero no quiero transmitir coordenadas confusas, te voy a trazar el camino directo al agujero negro, para que seas liberado de mi cabeza tatuada. Y yo había dicho que aquella bestia demoledora escondería su cola otra vez un par de años luz.
Super-arte en el pasillo de tus ojos, es una locura, y yo había dicho que aquella bestia demoledora escondería su cola otra vez un par de años luz.

Estas palabras, enfermaron el mundo, y yo había dicho que aquella bestia demoledora escondería su cola otra vez un par de años luz.

_________________________________________________
*Este decreto deforme, es la supernova de mi amor por ti, perdido para siempre.

Árbol de la vida

4:55 p.m. Edit This 0 Comments »
Padre
---------  Madre

ustedes prolongan su lucha
y tiran de la soguila dentro de mi
 


 
 
 
 

*nuestra casa de nudos

Las palabras no son ÚTILES

4:35 p.m. Edit This 0 Comments »

"El título de esta serie es “Me faltan palabras”, y esta conferencia en particular se llama “Gajes del oficio”. Debemos suponer, por lo tanto, que la conferencista pretende debatir el oficio de las palabras: el oficio del escritor. Pero hay algo incongruente, inadecuado, en aplicar el término “oficio” en lo que concierne a las palabras. El diccionario de la lengua inglesa, al cual recurrimos en los momentos de zozobra, confirma nuestras dudas. Dice que la palabra “oficio” significa artificio, astucia, engaño. Ahora bien, aunque a ciencia cierta sabemos pocas cosas sobre las palabras, no obstante sabemos estas: las palabras nunca hacen algo útil, y las palabras son las únicas que dicen la verdad y nada más que la verdad. Por lo tanto, hablar de oficio en relación con las palabras equivale a reunir dos ideas incongruentes, que en caso de aparearse solo engendrarán un monstruo digno de una vitrina en un museo. Por lo tanto, se vuelve necesario cambiar de inmediato el título de la conferencia sustituido por otro: “Un discurrir en círculo alrededor de las palabras”, quizás. Porque cuando se le corta la cabeza a una conferencia, esta se comporta como una gallina que ha sido decapitada. Empieza a correr y a dar vueltas en círculo hasta que cae muerta; al menos eso dicen los que han matado gallinas. Y ese debe ser el curso, o el círculo, de esta conferencia decapitada. Entonces, tomaremos como punto de partida el postulado de que las palabras no son útiles. Felizmente no necesita demasiada comprobación, porque todos somos conscientes de eso. Cuando viajamos en subterráneo, por ejemplo, mientras epseramos la llegada del tren en el andén, vemos un letrero iluminado, colgado delante de nosotros, que dice: “Pasando por Russel Square”. Miramos las palabras; las repetimos; tratamos de imprimir ese hecho útil en nuestras mentes; el próximo tren pasará por Russell Square. Las decimos una y otra vez mientras vamos de un extremo al otro andén. “Pasando por Russell Square, pasando por Russell Square”. Y entonces, a medida que las pronunciamos, las palabras se desordenan y cambian, y de pronto nos encontramos diciendo: “Pasando, dijo el mundo, feneciendo (…). Las hojas se marchitan y caen, los vapores arrastran su pesada carga al suelo. Llega el hombre…” Y entonces despertamos y vemos que estamos en King´s Cross".

"Consideremos otro ejemplo. Escritas frente a nosotros, en el vagón del tren subterráneo, se leen las palabras: “No asomarse por la ventana”. En una primera lectura expresan el significado útil, el sentido superficial; pero poco después, si continuamos sentados mirando las palabras, veremos que se desordenan y cambian; y empezamos a decir: “Ventanas, sí, ventanas…ventanas que se abren   la espuma de peligrosos mares, en bellas tierras lejanas y olvidadas”. Y, sin darnos cuenta de lo que hacemos, nos asomamos por la ventana; buscamos a Ruth, que llora entre el maíz extranjero. La multa correspondiente es de veinte libras o un cuello roto".

"Esto prueba, si es necesario probarlo, el escaso talento natural de las palabras para ser útiles. Si insistimos en contrariar su naturalez para que sean útiles, veremos  -a nuestra costa- cómo nos confunden, cómo nos engañan, cómo nos asestan un golpe en la cabeza. Tantas veces hemos sido engañados de esta manera por las palabras, tantas veces nos han demostrado que detestan ser útiles, que su naturaleza no es expresar un postulado único sino un millar de posibilidades…en fin, ya lo han hecho tantas veces que, por suerte, estamos empezando a asumir el hecho. Estamos empezando a inventar otro lenguaje; un lenguaje que se adapta bellamente y a la perfección a expresar postulados útiles: un lenguaje de signos. Hay un gran maestro de este lenguaje, todavía vivo, con quien todos nosotros estamos en deuda; el escritor anónimo –nadie sabe si es un hombre , una mujer o un espíritu desencarnado- que describe los hoteles en la Guía Michelin. Quiere decirnos que un hotel es de mediana calidad. ¿Cómo lo hace? No lo hace con palabras; las palabras inmediatamente evocarían arbustos y mesas de billar, hombres y mujeres, la salida de la luna y el horizonte interminable del mar en verano… todas esa cosas son buenas, pero están totalmente fuera de lugar  aquí. En cambio, se atiene a los signos: un gablete, dos gabletes, tres gabletes. Es todo lo que dice y todo lo que necesita decir. Baedeker lleva todavía más allá el lenguaje de los signos, hacia los sublimes reinos del arte. Cuando desea decir que una pintura es buena, usa una estrella; si es muy buena dos estrellas; si, a su leal entender, la pintura es obra de un genio trascendente, tres estrellas negras iluminan la página. Y esos todo. Así, con un puñado de estrellas y dagas toda la crítica de arte, toda crítica literaria podría reducirse al tamaño de una moneda de seis peniques, y hay momentos en que, por cierto, deseariamos que así fuera. Pero todo esto sugiere que en el futuro los escritores tendrán los lenguajes a su servicio; uno para los hechos, otro para la ficción. Cuando el biógrafo deba expresar un hecho útil y necesario –por ejemplo, que Oliver Smith fue a la universidad y se recibió en 1892 con bajas calificaciones-, lo expresará con un cero sobre el número cinco. Cuando el novelista se vea obligado a informarnos que John tocó el timbre y que, después de una pausa, una sirvienta abrió la puerta y dijo: “La señora Jones no está en casa”, para nuestro enorme beneficio y su propia comodidad, no tendrá que expresar ese enunciado repulsivo con palabras sino mediante signos: por ejemplo, con una H mayúscula sobre la figura tres. Por lo tanto, llegará un día que nuestras biografías y novelas serán delgadas y musculosas, y en que la empresa de subterráneos que anuncie “No asomarse por la ventana” con palabras será penada con una multa no superior a cinco libras por uso inadecuado del lenguaje".
"Las palabras, entonces, no son útiles. Ahora nos abocaremos a su otra cualidad positiva; es decir, su poder de decir la verdad. Una vez más, de acuerdo con el diccionario hay por lo menos tres clases de verdades: la verdad de Dios o de los evangelios, la verdad literaria y la verdad común y corriente (casi siempre poco halagadora). Pero considerar a cada una por separado nos llevaría demasiado tiempo. Entonces simplifiquemos la cuestión y afirmemos que, dado que la única prueba de verdad es la duración de la vida, y dado que las palabras sobreviven a las vueltas y los cambios del tiempo mucho más que cualquier otra sustancia, son por lo tanto las más verdaderas. Los edificios se derrumban; hasta la tierre perece. Lo que ayer era un campo de maiz hoy es una cabaña. Pero las palabras, si se las utiliza apropiadamente, pueden vivir para siempre. A continuación podriamos preguntar: ¿cuál es, entonces, el uso apropiado de las palabras?"


*Gajes del oficio transmitido por radio el 20 de abril de 1927, por Virginia Woolf.