C5

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Al entrar, la sala lucía tan pulcra como la recordaba de la última vez que había estado allí; él sujetó la puerta para que yo pudiese entrar, para luego cerrarla; ingresé, me senté cómoda en el sillón y calculé lo que él me haría esa mañana; no era tan ingenioso con respecto a su rutina, e imaginé que no lo seria tampoco con sus aventuras. En realidad tenia sueño, me había levantado más temprano que nunca; exactamente 4 horas antes de lo usual en vacaciones; era un daño a mi rutina, pero la promesa de un buen sexo con este amante, hizo que obviara ese ciclo; después de todo ya se iban terminando las vacaciones y no tendría mucho tiempo después.
Él tenía el cabello castaño oscuro, casi azabache; la forma de su rostro era cuadrada y se enmarcaban mas en las malas fotografías que tenia; fotografías típicas de familia, donde salen todos formales con terno y vestido, sonriendo por cumplir. Me gustó su cabello, porque era ondeado y corto; pero más que su cabello era su mirada; la mirada que se me quedó clavada desde la primera vez que lo vi salir de su casa cuando fui con su amigo, que por esa época salía conmigo. Luciano era amigo de Robert, que a su vez también era bueno en la cama, aunque de muy poco criterio personal. Aquel día que lo conocí hace regular tiempo, fui con Luciano; su amigo, íbamos de la mano porque para Luciano toda señal de propiedad era lo más adecuado para sentirme suya. Tomarme de la mano, abrazarme, hacer que siempre diera señal de ser su pareja frente a otros; a veces me daba la impresión que pensara que en cualquier momento lo iba a dejar, y aunque eso no estuviese fuera de la realidad su miedo no nacía de mis actitudes, sino de él mismo. Después de dos meses, él se transformó en sapo como los otros y todo lo que pintó paradisiaco, pasó a mostrarse asqueroso ante mí. Fue un buen amante, tengo que darle ese crédito, él me penetró como antes no lo había hecho un chico hasta ese entonces, sin duda tenía mucha experiencia de mujeriego. Pero lo que más le agradecí, fue eso, el sexo y su amigo Robert.
El día que Robert salió a nuestro encuentro por primera vez, lucía recién bañado, bien arreglado y no llevaba los lentes que otras veces después lo observé usar con frecuencia. Tenía una mirada felina, y sus ojos pequeños hacían juego con esa disposición suya. Cuando lo vi, no lo reconocí, pues en la foto que lo había visto antes, no lucia así; fue entonces que me sorprendí, y lo adoré. Ese día había sido uno de los más angustiantes de ese año, me había roto las ilusiones horas antes a causa de una noticia respecto a una relación pasada, y luego en unas horas después mi compañero amante, Luciano, me estaba llevando de bandera, y yo solo deseaba en el fondo ducharme y dormir eternamente. Pero no, ese día me obligué a salir, tenía que hacerlo para no pensar, para no llorar, no al menos esa noche. Así que acompañé a Luciano, a su reunión; mas nada me pareció divertido. Ninguna de las conversaciones me atrajo, ninguno de los presentes me provocó agrado, excepto una de las chicas que lucía hermosa, y por supuesto Robert. Ese mismo día supe que Robert tenía enamorada y que al parecer era una relación seria de mucho tiempo, mas él se refería a ella en tono de molestia, detalle que sería constante en las conversaciones posteriores que tuve con él.
Luciano por otra parte solo me dejo un buen recuerdo sexual, pero solo eso; sabia meterlo y nada más. A la sexta vez que tuvimos sexo me comencé a aburrir y lo demás fue solo sexo mecánico.

Ahora estaba en la sala de Robert, por segunda y sabia que probaría de él un poco más esta vez.
Estaba cansada pero solo un poco; así que al sentarme en el sillón, en realidad me regué en él, me eché, pero con los pies en el piso, él se vino a sentar a lado de mis piernas y prendió la televisión de la sala; fue cambiando de canales tratando de mostrar que estaba concentrado en tal tarea, evadiendo mi mirada y mi escrutinio. Luego encontró un canal de películas y me mencionó el titulo de la película para preguntarme si quería que viésemos esa película, como si en realidad hubiese ido con tal propósito. Nos miramos, y él deseo lo mismo que yo y acercó sus manos tibias por debajo de mi polera, deslizándolas hasta mis senos por sobre el brasier, pegó su pecho en mis piernas y buscó mis senos con sus manos, me comenzó a tocar, masajeándome suavemente, nos miramos de nuevo y nos besamos de un impulso…
Me cargó con facilidad, besándome exquisitamente, y me fue manipulando la voluntad al igual que lo hacía Luciano, hasta dejarme sin ninguna objeción por luchar, me arranco el pantalón de una, y no le importó el frio ni la puerta abierta de su cuarto, me besó los pies, bajando despacito hasta mis piernas donde me fue mordiendo suave…

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