C10
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(…) Una de las veces que regresé a mi grupo, no pude contener las ansias de aproximarme a ti, de intercambiar unas palabras más y aplacar un tanto el halo de prohibición que despedías.
Me acerqué –no recuerdo con qué excusa- serví la cerveza en los vasos, para ti y tu amigo, yo en medio observando todo el gentío; mi grupo hacinado entre tanta bullanguería y poca diversión perdía su vista en alguna posibilidad. Por supuesto tú y tu amigo se secaron la chela al toque, y acto seguido yo les copié el ritmo también –es una mera costumbre-
La música empezó a sonarme con mayor cadencia y comencé a disfrutarla por primera vez en toda la noche –tal vez fue a causa del alcohol, es lo más probable- Había conseguido mi capricho, estaba a lado tuyo, y era contigo con quien había estado queriendo bailar…
Mientras nos dirigíamos sin rumbo claro entre el tumulto, mis amigas nos siguieron con la mirada, tan intrigantes que hasta en la nuca les percibía las miradas clavadas. El ambiente sonaba bien, la gente entre apretujada y extasiada se contoneaba al ritmo de la música electrónica. Por esos instantes me olvidé del chico al que esperaba esa noche, me olvidé de tantos otros detalles inconvenientes.
Apenas y había terminado de memorizar tu nombre –o bueno el abreviado de tu nombre- en verdad me importaba poco quien fueras, desde el momento que supe que tenias dueña enamorada, oh claro eso también era algo a tu favor de cierta forma…lo olvidé, la música sonaba demasiado bien. Tú acercabas tu pelvis con la mía siguiéndome el ritmo, y me empezó a gustar tu cercanía, me voltee y te di la espalda, te aproximaste sin titubear, tu cuerpo sosteniendo el mío –oh que rico se sentía eso- mientras nos movíamos acompasados tratando de seguirnos el mismo ritmo, posaste tus manos alrededor de mis caderas, acercándome aun más contra tu cuerpo, llevándome a ese juego con placer. Te apoderabas de mí como si siempre hubiese sido tuya, de tus manos; donde el permiso hubiese sido una burda exclamación. Dejabas que me deslizara a mi antojo, siempre con las manos unidas a mis caderas, -deseábamos lo mismo, aunque ni siquiera supiésemos qué- llenos de deseo, jugabas por mi pelvis…bajabas hacia mi entrepierna, casi rozándome para luego retornar, acaso dudabas?
Me empezó a gustar aun más eso que me hacías, ese juego del que me hacías parte; tu ímpetu, la firmeza y seguridad con que recorrías mi cuerpo a tu gana, me incitaba y te dejaba tocarme y era tan excitante. Nos envolvía el placer puro, ni siquiera había que pensar, solo estar ahí y disfrutarlo, sentirlo…y así cuando creía que era lo más lejos que ibas a llegar, deslizaste tu mano izquierda por debajo de mi short y continuaste tocándome, esta vez con más firmeza. Tu impulso me tomó por sorpresa pero a los tres segundos me sentía tan excitada que ansiaba continuaras tocándome. Entré en trance y todo alrededor se tornó lento y difuso, hacías círculos con tus dedos, de arriba abajo, suave y rápido; firme y lento, tan deliciosamente que me hacías temblar; quería gemir, quería gritar; pero había demasiada gente a nuestro alrededor, así que me contuve, traté de enmudecer.
Era fascinante esa forma tan autoritaria con la que me poseías, seguías y seguías; el tiempo parecía interminable a mi favor, te tomé del cuello y me uní a tu cuerpo aun más, respirando acelerado, jadeando de placer, tratando de hacerlo bajito, desquitándome con tu cuello, apretando mis dedos contra ti; hasta que me penetraste con tus dedos, dejándome impávida y extasiada de placer, contigo.
Estábamos bailando?, no recuerdo ni un solo detalle contextual de ese instante, tan solo el placer, el placer de sentirme tuya como si nos conociésemos en verdad.
Una y otra vez y seguías invadiendo mi zona sur con avidez, y yo tratando de no retorcerme, gemía bajito y me llevaba la mano a mi entrepierna con la tuya celebrando cada uno de tus movimientos, era más que delicioso, me excitabas completamente, con placer, con un halo de erotismo; que me recorría un frio liquido hasta la frente y a la vez mi cuerpo ardía con el tuyo. Tan excitados…se sentía tan bien…
Me acerqué –no recuerdo con qué excusa- serví la cerveza en los vasos, para ti y tu amigo, yo en medio observando todo el gentío; mi grupo hacinado entre tanta bullanguería y poca diversión perdía su vista en alguna posibilidad. Por supuesto tú y tu amigo se secaron la chela al toque, y acto seguido yo les copié el ritmo también –es una mera costumbre-
La música empezó a sonarme con mayor cadencia y comencé a disfrutarla por primera vez en toda la noche –tal vez fue a causa del alcohol, es lo más probable- Había conseguido mi capricho, estaba a lado tuyo, y era contigo con quien había estado queriendo bailar…
Mientras nos dirigíamos sin rumbo claro entre el tumulto, mis amigas nos siguieron con la mirada, tan intrigantes que hasta en la nuca les percibía las miradas clavadas. El ambiente sonaba bien, la gente entre apretujada y extasiada se contoneaba al ritmo de la música electrónica. Por esos instantes me olvidé del chico al que esperaba esa noche, me olvidé de tantos otros detalles inconvenientes.
Apenas y había terminado de memorizar tu nombre –o bueno el abreviado de tu nombre- en verdad me importaba poco quien fueras, desde el momento que supe que tenias dueña enamorada, oh claro eso también era algo a tu favor de cierta forma…lo olvidé, la música sonaba demasiado bien. Tú acercabas tu pelvis con la mía siguiéndome el ritmo, y me empezó a gustar tu cercanía, me voltee y te di la espalda, te aproximaste sin titubear, tu cuerpo sosteniendo el mío –oh que rico se sentía eso- mientras nos movíamos acompasados tratando de seguirnos el mismo ritmo, posaste tus manos alrededor de mis caderas, acercándome aun más contra tu cuerpo, llevándome a ese juego con placer. Te apoderabas de mí como si siempre hubiese sido tuya, de tus manos; donde el permiso hubiese sido una burda exclamación. Dejabas que me deslizara a mi antojo, siempre con las manos unidas a mis caderas, -deseábamos lo mismo, aunque ni siquiera supiésemos qué- llenos de deseo, jugabas por mi pelvis…bajabas hacia mi entrepierna, casi rozándome para luego retornar, acaso dudabas?
Me empezó a gustar aun más eso que me hacías, ese juego del que me hacías parte; tu ímpetu, la firmeza y seguridad con que recorrías mi cuerpo a tu gana, me incitaba y te dejaba tocarme y era tan excitante. Nos envolvía el placer puro, ni siquiera había que pensar, solo estar ahí y disfrutarlo, sentirlo…y así cuando creía que era lo más lejos que ibas a llegar, deslizaste tu mano izquierda por debajo de mi short y continuaste tocándome, esta vez con más firmeza. Tu impulso me tomó por sorpresa pero a los tres segundos me sentía tan excitada que ansiaba continuaras tocándome. Entré en trance y todo alrededor se tornó lento y difuso, hacías círculos con tus dedos, de arriba abajo, suave y rápido; firme y lento, tan deliciosamente que me hacías temblar; quería gemir, quería gritar; pero había demasiada gente a nuestro alrededor, así que me contuve, traté de enmudecer.
Era fascinante esa forma tan autoritaria con la que me poseías, seguías y seguías; el tiempo parecía interminable a mi favor, te tomé del cuello y me uní a tu cuerpo aun más, respirando acelerado, jadeando de placer, tratando de hacerlo bajito, desquitándome con tu cuello, apretando mis dedos contra ti; hasta que me penetraste con tus dedos, dejándome impávida y extasiada de placer, contigo.
Estábamos bailando?, no recuerdo ni un solo detalle contextual de ese instante, tan solo el placer, el placer de sentirme tuya como si nos conociésemos en verdad.
Una y otra vez y seguías invadiendo mi zona sur con avidez, y yo tratando de no retorcerme, gemía bajito y me llevaba la mano a mi entrepierna con la tuya celebrando cada uno de tus movimientos, era más que delicioso, me excitabas completamente, con placer, con un halo de erotismo; que me recorría un frio liquido hasta la frente y a la vez mi cuerpo ardía con el tuyo. Tan excitados…se sentía tan bien…


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