C9

10:03 p.m. Edit This 0 Comments »
Abrazados, casi dormidos en el suelo del cuarto de mi tercer piso, susurrando en complicidad sobre lo divertido que era esconderse del escrutinio de nuestros cercanos. La puerta abierta hacia el pasillo nos regalaba un poco de las luces de la calle a la madrugada, pareciese que hubiésemos estado meditando en silencio aisladamente de nuestro circulo social.
Los demás dormían placenteramente mientras tú y yo nos amábamos una noche más en el silencio, en ese cuarto habitado únicamente por cama, libros y abundante polvo. Nos contemplamos un rato, no teníamos necesidad de decir algo, al poco tiempo de pronto adivinaste mi conjetura y sonreíste, te acomodaste un poco más y dijiste: “Nos estamos enamorando”.
Al acabar de oír tus tan seguras palabras, por un momento me convencí así también de tu certeza, y a los cinco minutos me invadió el nudo y el vacío nuevamente. ¿Como podrías adivinarlo?, por supuesto que lo que acababas de decir no fue más que una conclusión basada en la emulsión subjetiva de ese momento sublime, era una expresión simbólica de lo que esperabas estuviésemos sintiendo simultáneamente.
Sé que lo sabes, con tu sencilla observación y conjetura; sé que lo sabes aunque finja y trate. De todas formas habíamos tenido que terminar jodidos por esas personas.
¿Recuerdas aquel miércoles?...Ese miércoles que estuvimos juntos, ese día que nos desvanecimos y lloramos, ese día lo descubrimos.
Tú por tu parte intentaste con sutileza comparar tu separación con la confusión que me hacía perder los estribos nuevamente, volvimos a revivir aquellos días donde tu casi te congelaste en el tiempo y te hundiste en el vacio hueco de la depresión, dejando a los demás absortos e impotentes frente a tu estupor melancólico. Te caían las lagrimas al recordarlo y prometiste que no dejarías que yo cayese en una situación así tan aciaga, me tomaste en tus brazos con la mayor protección que alguna vez hubiese podido experimentar. No tenías esperanza alguna ese día, lo percibía en tus ojos tiritando; estabas casi convencido que mis sentimientos hacia ti se habían esfumado por esa irrupción de mi pasado; y aun así tus palabras de fortaleza y cariño sonaron más seguras que antes.
¿Que podría haber dicho para estar a la altura de tal demostración incondicional?, o era acaso un juego, una estrategia emocional que estabas adoptando para convencerme de tu superior madurez emocional, y aunque así lo fuese, ¿podría ser suficiente para dejar de pensar en la otra persona? Tú lo sabías todo, mis más hondas preocupaciones y las desavenencias que se sucedieron en mi crisis emocional de agosto, habíamos llorado tanto aquellos días, nos sentíamos tan solos que nos buscábamos con desespero para intercambiar aunque sea el mejor resumen del día para luego callar.
Ese miércoles en el mismo lugar, volvimos a llorar. Lo quisimos evitar, tratamos en vano de levantar el muro adulto, y nos disipamos, nos entregamos en la pura verdad. Y la pura verdad de ese maldito día, era que aun no podía olvidarlo, y que ese recuerdo en vano me venía desestructurando todo nuevamente. Cuestioné por supuesto mis decisiones, pues no habían sido lo suficientemente validas como para dejarme avanzar. Nadie lo podía entender mejor que tú, nadie más podía protegerme como tú y aunque todo había cambiado, aun estábamos ahí; juntos.
Ya han pasado varios días desde ese miércoles hasta este día, y ahora tú tienes la certeza de nuestra relación, y yo aun no la termino por aceptar.
Todo ha cambiado, no solo lo que sentía por la persona que acaba de irrumpir nuevamente en mi vida, sino así también nuestras circunstancias y sentimientos presentes, pero me ha dejado de importar, sabes por qué? porque ya me he extirpado la honda pena y culpa, el sentimiento y la iniciativa de acercarme a esa persona en primera, gracias a ese día miércoles que pude decirte a la cara en lagrimas lo que no había podido decirle yo a él, lo que a trozos se me atormentaba y atragantaba, limitando mi propia voz, callando mi libre amar.
Hoy es así, mañana quien sabe; la certeza que estaremos ahí juntos persiste aun, basta saberlo para sonreír a diario, basta saber que la ilusión no nos embarga y que aun sin ella estaremos juntos.
Ya ves, mira como es... ahora cuando quiera puedo decir y vociferar lo que me arde en el alma, o lo que me aflige en la boca del estómago; lo puedes ver?, no sé si te das cuenta... Por supuesto que te lo debo a ti. Amigo, mi amor.

0 comentarios: