Mis tres piezas

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Una de ellas se llama Cadia
nacida hermosa de un reflejo;
tan frágil, tan etérea;
solo persigue la voz del eco.
Ingenua ella, se confunde;
y le sonríe al árbol seco;
juega con sus cabellos,
para luego preguntarme:
Por qué ya no me muevo

Marina, voltea toda letra,
te descifra en una mueca
y es sagaz como un insecto.
A veces se pregunta sola:
si yo la veo;
estruja sus órganos y se responde:
Que patético, es pensar en eso

Del otro lado, está Maité
ella es locuaz con otras gentes
excepto con las mujeres.
Es perspicaz en sus historias;
no se le escapan, ni las mentiras.
Ella, que vive mi propia vida
que sufre mis cuajadas heridas
no me mira, ni se da cuenta
que yo como árbol viejo
destierro sus raices frescas.

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