C12

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Hay algunas circunstancias que no cambian –me decía, mientras recorría mi antigua casa de Mazamari- La casita de madera que se encontraba por el jardín aun sigue en pie. Los vecinos aun cantan sus plegarias a Jehová a mediodía, y aun no se ha terminado de asfaltar la pista, justo donde empieza mi casa. Hay muchos niños recorriendo las calles, y por sobretodo el paisaje verdoso se percibe casi idéntico como lo recordaba, por supuesto para la gente que reside aquí le es indiferente ya, todo el exceso de belleza natural que los rodea.
Veo un niño jugar en la acera, sostiene un carro de juguete y lo estrella contra una muñeca bastante sucia, y por un momento recuerdo lo que yo hacía a su edad. El rio era el destino clásico de mis primos, mi hermano y yo, o sino jugar al boliche, o recorrer el parque y hacer algún desbarajuste.
Aquí, estar embullido entre tanto paisaje; hace que ni siquiera te percates de la diferencia, como no nos damos cuenta nosotros, en como seria vivir sin el aire que es tan imperceptible. Aquí, casi todos desean vivir vida de limeños, o al menos tener costumbres de esas que ven por la televisión. Al otro costado de mi casa, se ha erigido un bar de mala muerte que atiende las 24 horas (sobra decir que es también un lupanar), en este lugar las chicas se sientan en la puerta del local con la mayor placidez y aburrimiento que pueda haber yo visto -tal vez sea más que aburrimiento lo que veía en sus rostros- se sientan con las piernas abiertas, así tengan falda o short y dejan notar sus cinturas y abdomen sin ejercitar; leen una revista anticucha de Magaly y cuchichean sobre cómo sería tirarse un futbolista de Lima.
Aquí el tiempo es pausado, pareciera que todos pasearan y se conocieran entre sí. Nadie está conforme con su vida y desean otra, así que critican la ajena para desacreditarla y sentirse al menos conformes. La infidelidad es tan común por aquí; desde jovencitas hasta abuelas –me rio y me pregunto: Será tal vez por eso que adquirí tal costumbre alguna vez?- y es tan usual que las parejas simplemente optan por perdonar y continuar, o si es que terminan la que sigue probablemente también lo engañe. Pareciese que los chicos no tuvieran opción, así que se conforman -eso dicen ellos, algunos amigos míos- Aquí, por ser pueblo chico se sabe lo de todos es cierto, pero se sabe cada testimonio distorsionado de todos y de eso se conversa diariamente, mientras el paisaje te aletarga el pensamiento.
Los niños aquí quieren ser como los personajes de la televisión, los niños en Lima desean lo mismo, ser lo que dice el aparato que es lo bello y lleva al éxito –suspiro y pienso: Si supieran todo lo que hay detrás de esas producciones-
El cielo está celeste claro y un sol radiante se vislumbra, y ni siquiera los que viven aquí se percatan de ello, esas son las circunstancias que aun no cambian. No es tan diferente de Lima, pienso.

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