Calendarios de frenesí

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Los funerales tendrían que ser en los pantanos.
Parece justo que los vivos que acompañan
al muerto también lo pasen mal
Henri Michaux 

 
En esta tarde de miércoles me he preparado el almuerzo;
una jaula de aves en misa
ellas rezan por mí, y escriben páginas en blanco
Las puertas anillan el arte sobre mi pecho
y aun las voces de los bárbaros me visitan
Existo, aquí
en esta fábrica abandonada de zapatos
donde labra un hombre que fabrica
el juego de los pasos
Aquí, en la habitación de la tierra
Tu amor como un cubo de hielo, se acuesta antes de desaparecer
Has dejado la bata y el aliento, de tu casa natal
pero tú el tetrarca entre el fósforo, el nardo y el bosque
me nombras desde tu vagón de norias
Bracero de esta bóveda, aún no se ha dibujado nuestro mapa
Estamos como las olas de una ribera de rio
rozando sutilmente la tierra media
Han pasado días muertos sobre ti
Los mamíferos han envejecido
Y nadie entiende a qué viaje nos ha lanzado la labranza
Ahora tu tierna mano coge mi rama joven
y me llevas a las afueras de la ciudad
donde un astro me espera con una silla

No tengo otro horizonte, más que el de arrastrar mi silla
detrás de tus manos
 

El eco en el caos

8:22 p.m. Edit This 0 Comments »

María Polydouri (un poema de El eco en el caos)

[Hoy...]

Hoy, justo antes de que la luz llenara el cielo,
escuché unas campanas que sonaban lejos, en la ciudad.
Unas campanas... ¿Por qué reparé en ellas? Como si las últimas sombras
esparcieran el odio lentamente y se movieran con pesadumbre.

¿Dónde dejé el dulce corazón de mi niñez,
en qué momento, atado a qué tañido de campanas?
En qué momento... Y hoy, para rezar mi oración,
me puse de rodillas, triste.

Una oración a la belleza, esa madre olvidada,
a la ignorancia, a la sonrisa, a la voz de los sueños,
mientras hoy escucho a las campanas del desconsuelo
cómo anuncian con pena la muerte intempestiva.

(María Polydouri, El eco en en caos, 1929)
Traducción: Juan Manuel Macías

El ala-madre de Vallejo

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El siguiente texto va de la mano de un extracto del poema Pasos Lejanos de Vallejo. La ansiedad estructural de la sociedad; acaso no se detiene, no se pausa en este abrazo fundacional.


«La ternura es, ante todo, adaptación a este ritmo lento, y a la par abundante, dentro del cual hace eclosión la vida. Es, fundamentalmente, desdén del tiempo, olvido de la prisa. En la caricia el tiempo queda suspendido y su más profunda esencia radica en el acorde secreto en el que se instala “la espera”. Unos acordes, el ritmo inescrutable de la vida; la mano que acaricia olvidada del tiempo, de su transcurrir, parece esperar que algo se entreabra y despliegue. Es como un aguardar a que las cosas se revelen en su esencia, y de ahí su lento respeto, su confianza en una identidad arcaida con lo que es acariciado. Una caricia apresurada es la negación de toda ternura. Si la ternura se atropella, basta esto para revelar su falsedad. Hay en toda ternura una sosegada espera al mismo tiempo que una seguridad tranquila. ¿No es la lentitud de la caricia una evocación de la lentitud de todo crecimieto? Y su ritmo, tan opuesto al atropello y a la prisa, ¿no es el eco de ese ritmo con el que toda vida se va desarrollando? Si la caricia da confianza es porque nace de una hondísima confianza en aquello que con la vida surge. En la ternura y en la caricia, la intencionalidad del hombre, el tono de su ser y de sus músculos se solidarizan con el ritmo profundo que renueva las células, los materiales de la vida, con un tiempo biológico, lento, calmoso. Por eso la caricia materna calma el dolor del golpe mejor que ningún analgésico; sabe, de antemano, que aquello va a pasar, que la herida y el daño, arrastrados por el fluir de la vida, van a ser reparados.»

[Rof Carballo, Juan: Violencia y ternura. Madrid: Prensa española, 1967, p. 208]
                                                               «El abrazo», de Klimt
 
"(...)Y mi madre pasea allá en los huertos,
saboreando un sabor ya sin sabor.
Está ahora tan suave,
tan ala, tan salida, tan amor (...)"

[Cesar Vallejo: Pasos Lejanos.]

Ciclo vital

4:31 p.m. Edit This 0 Comments »

Soy un árbol;
Crezco, y tengo hijos, ellos maduran, ellos caen
Crezco, y los mamíferos menores hacen de mi busto, su casa de leche
Crezco, y sin embargo, la dama de blanco me toma solo con sus guantes
Pero, crezco y el alba me canta aun en griego
Crezco y un perro me orina

Tumbado en el sofá del bosque
Crezco y hacen de mí, una silla roja

En defensa del Anonimato, Jose Emilio Pacheco

12:48 p.m. Edit This 1 Comment »
CARTA A GEORGE B. MOORE EN DEFENSA DEL ANONIMATO
Jose Emilio Pacheco
De: "Los trabajos del mar" (1983)

No sé por qué escribimos, querido George.
Y a veces me pregunto por qué más tarde
publicamos lo escrito. Es decir, lanzamos
una botella al mar, harto y repleto
de basura y botellas con mensajes.
Nunca sabremos
a quién ni adónde la llevarán las mareas.
Lo más probablees que sucumba en la tempestad y el abismo.

Sin embargo, no es tan inútil esta mueca de náufrago.
Porque un domingo
usted me llama de Estes Park, Colorado,
me dice que ha leído cuanto está en la botella
(a través de los mares: nuestras dos lenguas)
y quiere hacerme una entrevista.
Después recibo un telegrama inmenso
(lo que se habrá gastado usted al enviarlo).
En vez de responderle o dejarlo en silencio
se me ocurrieron estos versos. No es un poema,
no aspira al privilegio de la poesía
(no es voluntaria).
Y voy a usar, así lo hacían los antiguos,
el verso como instrumento de todo aquello
(relato, carta, drama, historia, manual agrícola)
que hoy decimos en prosa.

Para empezar a no responderle,
no tengo nada que añadir a lo que está en mis poemas,
dejo a otros el comentario, no me preocupa
(si alguno tengo) mi lugar en la historia.
(Tarde o temprano a todos nos espera el naufragio.)
Escribo y eso es todo. Escribo: doy la mitad del poema.
Poesía no es signos negros en la página blanca.
Llamo poesía a ese lugar del encuentro
con la experiencia ajena. El lector, la lectora
harán o no el poema que tan sólo he esbozado.

No leemos a otros: nos leemos en ellos.
Me parece un milagro
que algún desconocido pueda verse en mi espejo.
Si hay un mérito en esto –dijo Pessoa—
corresponde a los versos, no al autor de los versos.
Si de casualidad es un gran poeta
dejará cuatro o cinco poemas válidos,
rodeados de fracasos y borradores.
Sus opiniones personalesson de verdad muy poco interesantes.

Extraño el mundo el nuestro: cada día
le interesan cada vez más los poetas;
la poesía cada vez menos.
El poeta dejó de ser la voz de la tribu,
aquel que habla por quienes no hablan.
Se ha vuelto más otro entertainer.
Sus borracheras, sus fornicaciones, su historia clínica,
sus alianzas o pleitos con los demás payasos del circo,
tiene asegurado el amplio público
a quien ya no hace falta leer poemas.

Sigo pensando
que es otra cosa la poesía:
una forma de amor que sólo existe en silencio,
en un pacto secreto entre dos personas,
de dos desconocidos casi siempre.
acaso leyó usted que Juan Ramón Jiménez
pensó hace mucho tiempo en editar una revista.
Iba a llamarse “Anonimato”.
Publicaría no firmas sino poemas;
se haría con poemas, no con poetas.
Y yo quisiera como el maestro español
que la poesía fuese anónima ya que es colectiva
(a eso tienden mis versos y mis versiones).
Posiblemente usted me dará la razón.
Usted que me ha leído y no me conoce.
No nos veremos nunca pero somos amigos.
Si le gustaron mis versos
qué más da que sean míos/ de otros/ de nadie.
En realidad los poemas que leyó son de usted:
Usted, su autor, que los inventa al leerlos.

Al otro lado de la Palabra, por Octavio Paz

2:02 p.m. Edit This 0 Comments »

Allá, donde los caminos se borran, donde acaba el silencio, invento la desesperación, la mente que me concibe, la mano que me dibuja, el ojo que me descubre. Invento al amigo que me inventa, mi semejante; y a la mujer, mi contrario: torre que corono de banderas, muralla que escalan mis espumas, ciudad devastada que renace lentamente bajo la dominación de mis ojos.

(Fotografía de Julia Noni)
 
Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día*
 

*Octavio Paz: Libertad bajo palabra, Barcelona, El Comercio, 1993, p.10

Verano ejercicio

3:20 p.m. Edit This 0 Comments »

En mi casa, hay un pez
de peso grave entre las sombras,

ese pez de riendas blancas
traquetea la leche
distorsiona la mesa
cesa el ejercicio
y sale ardiendo
como poseído títere submarino

fulgurar así en el chasqueo
de las otras bestias
partir desnudo
como vacío, como parque
como pie entornillado al desencanto del agua
he esperado furiosamente
aquí tosiendo sombrillas en la orilla
y nadie quiere mojarse
en el vilo de la vena asible
en la tarde visible
bajo aletas,
vaciadas en la arena

Soberano suspiro entre mis cabellos
trayendo muerte, comida, árboles;
burbujas arrojadas en una herida

Fabulario

9:33 a.m. Edit This 0 Comments »

 
(…) Yo soy ya un vaso quebrado, por cuya incurable rajadura, se escapa mi vida.*

*Extracto de uno de los cuentos de juventud de Hermann Hesse en el libro Fabulario. La Muerte del Hermano Antonio (1904).

Era ilegal, pero no era malvado

9:20 a.m. Edit This 0 Comments »
Uno, camina sobre un cable tendido a una altura de 1,368 pies entre las Torres Gemelas; el otro, recorre las avenidas por las madrugadas con planchas y aerosol para dejar rastro modificando las marcas viales de Montreal para la sorpresa de los transeúntes. ¿Qué sueño une a estos dos hombres?. ¿Locura?, ¿Rebeldía? ¿Arte?. Su performance, su rastro; sin duda nos interpela de frente, como una pregunta hacia nosotros mismos, como una bella melodía de una sirena; que inevitablemente nos captura.
Philip Petit a los 24 años, en agosto de 1974, poco después de las 7:15 de la mañana, partió de la torre sur sobre un cable de acero, cruzó ocho veces entre las torres, un cuarto de milla sobre las aceras de Manhattan, además de caminar se sentó sobre el cable, hizo una reverencia y, mientras se encontraba en el cable, habló a una gaviota que volaba sobre su cabeza.
Durante los 45 minutos aproximados de su paseo, él sonreía extasiado, incluso a los policías quienes amenazaban con capturarlo de cualquier manera. Fue arrestado justo al bajar del cable; y la repercusión mediática y admiración del público dio como resultado el retiro de los cargos que se le habían imputado.
Al ser preguntado por el motivo de la acrobacia, Petit diría “Cuando veo tres naranjas, hago malabares; cuando veo dos torres, las cruzo”
 Peter Gibson, comenzó sus aventuras de madrugada alrededor del 2001, con los carriles para bicicletas. Una noche, convencido de que la sed de petróleo estaba detrás de todas las atrocidades del mundo, decide tomar su lata de spray y sus plantillas para llevarlos a la calle.
Peter empezaría a trabajar sobre otros diseños de plantillas,  como tulipanes, tapas de lata, tijeras, en un juego de posibilidades que nadie imaginó para las señales típicas del orden urbano; sus intervenciones urbanas cambiaron el significado no solo de la cultura vial, sino además destapó la controversia sobre la libertad de expresión y el arte en las calles.
Otra noche de aventura de Roadsworth en el otoño del 2004 es detenido junto con una orden para registrar su casa, lo que lo conecta con todos sus anteriores 85 trabajos, convirtiéndose de la noche a la mañana en un delincuente y en una sensación para los medios.
 Uno, domador del vacío; el otro, visionario vial; ambos nos conceden una visión de lo inusitado, de un sueño tan descabellado como inaugurar una ópera en medio de la selva de Iquitos, y la noción de que hasta el lugar más inaccesible pertenece a aquel que tiene el valor de conquistarlo.

Toyota

5:33 p.m. Edit This 0 Comments »
Parece que Papá acaba de traer el auto como es costumbre los domingos a las 4, es difícil explicar la bicicleta que de pronto se echa andar dentro de cada uno de los que nos vamos a subir; bicicletas dentro de un Toyota, para aumentar la insensatez; somos ruedas y nos damos rienda suelta al silencio mientras recorremos el túnel de sonidos; aquí nuestras voces quedan anuladas, acaso porque el lenguaje ya ha sido iniciado por los insectos, somos bastante tolerantes, esperamos que nuestros anfitriones rompan el hielo y nos comuniquen sus dudas y somos baldes aguardando la lluvia.
He pensado que el horror puede danzar entre las mariposas, a través de la caída rosácea del sol, ellas exhalan su último aleteo y las orugas levantan su primer paso al suicidio aéreo. El auto recorre el fundo, ha girado alrededor de la cerca y la tuerca que adentro se cierne, ha disipado su movimiento en preguntas, en atrapar las palabras para detener la insoportable conversación de todos los insectos nocturnos; nadie quiere callarse, todos hablan al mismo tiempo y el lenguaje al que he sido sometido es cruel y es incierto. La luz no me deja hablar, así que nos disponemos a entablillar el auto para estantes, y cenas. Hemos descubierto que el sonido puede repartirse en los anaqueles, sin embargo a su vez, estamos obligados a asistir a la función de estas conversaciones perpetuas. En realidad estamos cambiando; vamos probando el suelo y de nuevo vamos probando el suelo y de nuevo como llantas vamos probando el suelo.

Mi padre ha detenido el auto y nos ha preguntado qué lenguaje tiene esa abeja taciturna que se empeña en hacerse notar, hemos detenido la rueda y descrito su trayectoria, su agitar desesperado nos comunica que hemos llegado tarde, el vals en el bosque ha iniciado sin nosotros, nuestro lenguaje estorba y nuestra lengua ha perdido su redonda forma de hacerse entender.