Bitácora de muertos

9:58 a.m. Edit This 0 Comments »


Acabas de abrir el periódico y encuentras una bitácora recuento de los muertos de la semana, es lo usual, y a la vez no lo es. La memoria es esa niña traviesa que escoge a dedo el hecho más categórico de la lista.
El fotógrafo se despierta a las 6:00 am como todos los lunes, a las 6:16 para ser exactos. Las cosas suceden así, en el umbral del cambio, en el acto intermedio que se ensaya entre un paso y otro. Tenía una reunión con su jefe en el periódico, para debatir si su trabajo ameritaba que se quedara a tiempo completo. Ya había recorrido provincias y mazmorras de Lima, como para merecerse una reunión.
-          Quiero venderle un muerto al día –interrumpió-
-          Los noticieros venden eso todos los días
-          Claro, pero no venden muerte con misterio
-          Ah, y ¿cómo es una muerte misteriosa?
-          Una muerte con misterio por ejemplo, es encontrar un hombre desnudo en la acequia  con los miembros genitales extraídos
-          ¿Y cómo me conseguirías no solo muertes diarias, sino muertes misteriosas a diario?
-          Es sencillo, tengo amigos en la morgue, recorro por las noches,  Lima; siempre se encuentra algo
-          Una bitácora de muertos
-          Algo parecido; una foto con una pequeña descripción satírica de su muerte, como se merece al menos un NN
-          ¿Crees que vas a encontrar muertos a diario? ¿Hijo, ves muertos por las noches?
-          Tal vez para un hombre diurno le es difícil imaginar que todos los días muere alguien sin historia.
-          ¿Sin historia?
-          Todos tenemos historia, pero si nadie la cuenta, es como si no hubiéramos existido.
-          ¿A cuánto el muerto?

Patheltown

10:46 a.m. Edit This 0 Comments »
Amanece en Patheltown, el brillo azul se levanta como una cortina y da paso al tenue amarillo, se irán pudriendo los colores a lo largo de este sitio.
¿Estás sentado cierto? ¿Cómo prefiere leer alguien en la mañana?, mientras el pasillo de la casa murmura el paso de nuestros cohabitantes, el alcaide de tu voz ya ha llamado a alguien, ya emitió su primera cita. Nuestra voz y nuestros ojos, son más ávidos por la mañana, claman su derecho a insertarse en el tiempo, y hoy es tiempo de qué, es tiempo de que un hombre –si es que hombre, es- nos cuente su secreto. Para leer esta historia, hay que estar de pie; o más exactamente hay que tener el alma de pie. Sí, daremos un paseo, nadie tiene por qué seguir sentado y aburrido en este paradigma de una silla.

I
Yo viví en los tiempos de Isco, Isco era un joven viciado y podrido. Un lunes tocó a mi puerta con un mapa enrollado bajo el brazo, me dijo que teníamos que viajar pronto, que nuestro verano y aquel lunes podían terminar en cualquier momento y absorbernos en su soberana inercia.
En su momento yo lo creía un compañero algo extraño, pero no dañado como descubriría que lo estaba. Tomé lo primero que encontré en mi habitación, que fueron unas zapatillas, un gorro, y una mochila con libros y un reloj; asumí que Isco quería una aventura en el fundo de su abuelo, nos habíamos pasado hablando el verano anterior sobre eso, y claro él siempre tomaría la decisión una mañana cualquiera y yo solo era su satélite, su testigo ocular continuo.
Entonces amigos, imagínense a este chiquillo siguiendo a un freak que gustaba hablar de Dylan y Bukowski, y como este último; siempre llevaba trago cerca. Nos adentramos en el fundo de su abuelo –realmente nunca entendí por qué Isco cargaba el mapa- y la idea era buscar una cabaña en lo alto de una colina que quedaba a 4 kilómetros de la casona del abuelo.

Mi padre, antes de irse a esa estúpida guerra, me dejó un mapa –tenía 8 años- nunca había entendido un mapa y no entendí del todo por qué él deseaba dejarme ese papel arrugado con imágenes y líneas. Una noche que la imbécil de mi novia me dejó caliente, con el pantalón abajo; agarré una botella de vodka de mi madre y le di curso, empecé a hurgar en mis cosas por puro juego y hallé el mapa de nuevo, lo empecé a estudiar mientras tomaba y me fumaba un porro, y entonces tuve la revelación de mi vida, tenía que recorrer los campos del fundo de mi abuelo, él siempre nos había dicho que ni él mismo conocía todos los espacios de las extensas hectáreas que poseía. Además el abuelo era un conchadesumadre, me daba dinero para la fiesta, y si estaba muy drogado siempre podía ir a su casa para la bajado, así mi madre no me gritaría la perra vida.
Tal vez ustedes no lo entiendan, pero a veces necesitas cortar la yugular del animal, para ver en sus ojos su deseo intenso de vivir. Yo quería eso, cortarme la yugular o envenenarme; como con el trago. El trago de los kiitues* era la cosa más horrible que podía uno probar, pero luego ya de varios, me sentía un dios, recorría todas mis vidas en una sola línea de conversación –si es que a ese balbucear con borrachos se le puede llamar, conversar- el tiempo era una buena broma y todos los perros que estábamos ahí éramos felices, felices de mierda tambaleándonos cada noche como una comuna de oráculos, nosotros no teníamos futuro, por lo mismo vivíamos mejor que tú, o no? Un día tomé un cuchillo y se lo clavé en la mano al borracho más horrible que vi en mi vida, lo hice por diversión y porque quería saber que se sentía. Descubrí que no era divertido, era mejor hacérmelo a mí mismo.

Cuando llegamos a la primera cabaña, tiré la mochila y le dije a Isco que ya habíamos llegado y que podíamos comer un par de naranjas que había ido recolectando en el camino. Se volteó para mirarme y me lanzó al piso con una cachetada. Perplejo, mudo; solo atiné a mirarlo con desconcierto. Abrió mi mochila, sacó una naranja y con su cuchillo empezó a pelarlo y a comer, me dijo luego que no podía ser esa choza la cabaña que estábamos buscando, que él buscaba la que estaba encima de una colina. Caí en cuenta que en ese inmenso sitio, habrían varias chocitas de ese tipo, pero que una cabaña claro debía ser diferente. Empecé a sentir temor de Isco, llevaba siempre un cuchillo en el bolsillo y tenía las reacciones más inesperadas.
¿Nos alcanzaría un lunes para llegar? Comencé a darme cuenta que Isco no tenía idea de las dimensiones o los caminos del fundo, le pregunté varias veces por el mapa y que debíamos usarlo, y él solo me miraba y me decía: Cállate y sígueme. Sería la última vez que vería a Isco, y no lo sabía.
Pasamos la noche en una de las chozas derruidas, Isco casi no durmió y se la pasó escribiendo en un cuaderno, yo pensaba que él era una clase de escritor o que quería serlo y que tal vez por eso era así de destructivo.

El perro de Paul, que me ha seguido hasta aquí, cree que lo voy a acuchillar en cualquier momento, no me conoce bien, pero me ha seguido; él es de esa clase de personas que obedecen siempre, o tal vez es más sabio, quiere algo de adrenalina y en esa familia de mierda donde vive, eso no existe.
Cuando llegue a la cabaña de mi padre, decidiré qué hacer con el resto de mi verano; sé que mi padre fue un maricón en la guerra y se hizo matar rápido, pero siempre me gustaron sus libros y las postales que guardaba, mi abuelo me dijo que él guardaba cosas en la cabaña, así que aquí estoy bajo la luna, cagándome de frio; porque aquí hay más humedad, que fuera del fundo.
Calculo que mañana llegaremos a la colina, y Paul dejará de mirarme como un perro aterrorizado y también encontrará algo mejor que contar cuando regresemos a la escuela. Sé que él no lo ha notado, pero el corte que me hice antes de venir, me está jodiendo más que las otras veces, creo que me corté más hondo, pero yo no soy marica, no me tatúo como los imbéciles del barrio, una cicatriz es más alucinante.

Cuando desperté él seguía echado, no entendía como alguien puede dormir tan relajadamente aun con las moscas pegadas al cuerpo, además eso daba mucho asco. Me levanté y fui a orinar, luego me pelé una naranja, tenía miedo de acercarme a él y que me diera otro lapo o sacara su cuchillo, así que solo le hablé fuerte, diciéndole que era hora de seguir.
Sé que ustedes no lo entienden pero fui tan idiota que pensé que él estaba esperando en silencio para darme una emboscada y lanzarme al piso, en ese momento estuve casi convencido de que iba a matarme, me acerqué –por qué lo hice cierto? si iba a matarme- y lo vi con los ojos abiertos, con sangre saliendo del costado de su pecho, me horroricé y me quedé mudo, se había matado? O alguien estaba jugando con nosotros y también me iban a matar a mí. Entré en pánico, ha pasado un año y sigo sintiendo pánico. Si un tipo como Isco con más valor que yo, se mataba; ¿qué me quedaba a mí? Mi padre me dijo: Ese chiquillo no valía nada, estaba podrido; pero mi padre está más podrido que él, se acuesta con su asistente y la acaba de embarazar y cree que no lo sé. Hay cobardías cotidianas -suena Monkey gone to heaven en la radio- y sí, mi padre es un marica, y mi madre está por debajo del suelo, y yo, yo en qué ando, no se los diré, esta es una carta para salir corriendo.
 

*Antro donde todo es permitido, y donde se encuentra el trago más barato –es decir veneno-

Entrevista a Jorge Eduardo Eielson. 1988

1:49 p.m. Edit This 0 Comments »
Entrevista de Renato Sandoval y Hugo Salazar a Jorge Eduardo Eielson. La República, 18 de setiembre de 1988.


(...) m u e r t e ,   j u e g o  y   v a n g u a r d i a

R.S./H.S. — El elemento lúdico es también una de las constantes de tu obra. ¿Qué función le darías frente a la fuerte carga dramática que igualmente contiene tu poesía?
J.E. — En principio no creo que haya contradicción entre lo lúdico y lo dramático. Todo es y está en continuo juego. El dolor mismo es un juego trágico. Incluso hoy en día la teoría lúdica  se  ha extendido a las  ciencias matemáticas con una serie de signos y códigos interpretativos. El gran problema. de esta teoría es que tiene reglas propias, las que a su vez forman un juego. Siempre  el artista  debe romper las reglas para después plantear otras y así ad infinitum.
R.S./H.S. — ¿Y cómo ves la función de la vanguardia en el arte en general?
J.E. — Para mí simplemente la vanguardia no existe.  O en todo caso es absurda. Por ejemplo, los movimientos vanguardistas de los años sesenta decretaron, incomprensiblemente, el fin del arte,  por la sencilla  razón de que, según  su  opinión, en el mundo ya no quedaban  talentos después de lo que ellos habían hecho. Eso es totalmente falso; pues  no se  puede  decretar la muerte de algo que vivió durante  muchos siglos, desde los albores mismos de la humanidad,  solo porque ahora se les ocurrió que tenía que morir.
R.S./H.S. — ¿Pero no crees siquiera  en la vanguardia en el sentido de cambio?
J.E. — Para que haya cambios no es necesario que haya vanguardia.
R.S./H.S. — ¿Y el artista no sería aquel que abre nuevos caminos, que señala nuevas rutas?
J.E. — El camino no lo señala nadie. Las cosas están  allí desde un principio.
R.S./H.S. — Ya que hablamos de cambio, ¿no piensas  en el cambio más radical: la muerte?
J.E. — No, no pienso en la muerte; seguramente es ella la que pensará en mí.
R.S./H.S. — ¿Y nunca has pensado en el suicidio?
J.E. — No; en el suicidio como acto mecánico  en que tomas un arma y todo lo demás, en eso nunca. Pero sí puede que haya tenido una actitud más o menos autodestructiva frente a la vida por la década del cincuenta,  en los tiempos de Habitación en Roma, que me parece un libro desgarrado. Sin embargo, a la enfermedad le temo mucho más; tampoco pienso en ella, pero le temo más que a la muerte.

Comic

7:36 a.m. Edit This 0 Comments »








































El túnel

4:08 p.m. Edit This 0 Comments »

 
 
 
 
 
 




 
7:10 am El bus ya lleva detenido 15 minutos. Algunos varones son los primeros en bajar a investigar la causa de nuestra parada. En el área de la cabina del primer piso, la terramoza nos informa que por Carpapata hubieron deslices, pero que pudimos pasar sin mayor problema. Sin embargo a esta altura, ya varios kilómetros más adelante, al parecer había habido un derrumbe que estaba bloqueando la vía cerca del túnel La Virgen.
Los minutos pasan, más personas bajan del bus y conversan entre ellos sobre las lluvias de esta zona. Un señor le pregunta al copiloto del bus, cuáles son sus predicciones de viaje.
-          Ud. que siempre hace esta ruta, ¿Cómo es en estos casos? –preguntó él-
-          Suele haber derrumbes en estos meses por aquí Señor, ya están yendo máquinas a limpiar la zona –dijo el copiloto-
-          ¿Y cuánto tiempo suelen demorar estas cosas?
-          Depende. A veces han durado 12 horas, a veces 3; estamos averiguando, habrá que esperar.
-          Y ¿dónde estamos?, ¿estamos cerca?
-          Algunos están yendo caminando a San Ramon, que está cerca.
-          Yo voy a Satipo ¿es lejos?
-          Para allá si está lejos, es mejor esperar, de repente Ud. cruza el derrumbe, pero ¿quién le va a llevar luego?
-          Ya veo, gracias.
-          Espere Mister, en estos casos es mejor esperar.

Mientras clareaba la mañana, se podía observar la niebla cubriendo la cima de los cerros, y los delgados árboles que los habitaban eran contradictoriamente largos y coposos. A la distancia, estos mismos cerros, tomaban una coloración azul, siempre tocados por la niebla.
Mientras se develaba la mañana, una enfermera conversaba con un trabajador del Hipódromo de Monterrico, una administradora de Pamer le contaba las anécdotas de sus hijos a otra madre. Y al fondo de la cabina, una joven le contaba a otro pasajero una historia sobre este tipo de sucesos.
-          Hace unos años, hubo un huaico, mucho más fuerte que éste, y una persona tomó una fotografía del exacto momento en que una niña era arrastrada por el aluvión.
-          ¿Y qué pasó? –preguntó el otro pasajero-
-          Quedó la fotografía –dijo ella-
-          ¿No pudieron hacer nada?
-          Sentimos impotencia, pero no podíamos hacer nada, la vimos irse –finalizó ella-
11:34 am  Los buses empiezan a avanzar, al parecer ya está despejada el área. El túnel en sus bordes laterales conserva aún la pila de tierra acumulada que todavía no se ha retirado del lugar. Pasamos lentamente por el túnel, y los pasajeros poco a poco retoman su silencio inicial.

Urgencia de vivienda

12:41 p.m. Edit This 0 Comments »











Basta ya de agonía. No me importa
La soledad, la angustia ni la nada.
Estoy harto de escombros y de sombras.
Quiero salir al sol. Verle la cara
Al mundo. Y a la vida que me toca,
Quiero salir, al son de una campana
Que eche a volar olivos y palomas.
Y ponerme, después, a ver qué pasa
Con tanto amor. Abrir una alborada
De paz, en paz con todos los mortales.
Y penetre el amor en las entrañas
Del mundo. Y hágase la luz a mares.
Déjense de sollozos y peleen
Para que los señores sean hombres.
Tuérzanle el llanto a la melancolía.
Llamen siempre a las cosas por sus nombres.
Avívense la vida. Dense prisa.
Esta es la realidad. Y esta es la hora
De acabar de llorar mustios collados,
Campos de soledad. ¡A otra cosa!
Basta ya de gemidos. No me importa
La soledad de nadie. Tengo ganas
De ir por el sol. Y al aire de este mundo
Abrir, de paz en paz, una esperanza.

Poema: A otra cosa,
Alejandro Romualdo

Poesía Vertical

11:04 a.m. Edit This 0 Comments »

En una noche que debió ser lluvia
o en el muelle de un puerto tal vez inexistente
o en una tarde clara, sentado a una mesa sin nadie,
se me cayó una parte mía.
No ha dejado ningún hueco.
Es más: pareciera algo que ha llegado
y no algo que se ha ido.
Pero ahora,
en las noches sin lluvia,
en las ciudades sin muelles,
en las mesas sin tardes,
me siento de repente mucho más solo
y no me animo a palparme,
aunque todo parezca estar en su sitio,
quizá todavía un poco más que antes.
Y sospecho que hubiera sido preferible
quedarme en aquella perdida parte mía
y no en este casi todo
que aún sigue sin caer.

De: Poesía Vertical II, Roberto Juarroz

Calendarios de frenesí

10:00 a.m. Edit This 0 Comments »
Los funerales tendrían que ser en los pantanos.
Parece justo que los vivos que acompañan
al muerto también lo pasen mal
Henri Michaux 

 
En esta tarde de miércoles me he preparado el almuerzo;
una jaula de aves en misa
ellas rezan por mí, y escriben páginas en blanco
Las puertas anillan el arte sobre mi pecho
y aun las voces de los bárbaros me visitan
Existo, aquí
en esta fábrica abandonada de zapatos
donde labra un hombre que fabrica
el juego de los pasos
Aquí, en la habitación de la tierra
Tu amor como un cubo de hielo, se acuesta antes de desaparecer
Has dejado la bata y el aliento, de tu casa natal
pero tú el tetrarca entre el fósforo, el nardo y el bosque
me nombras desde tu vagón de norias
Bracero de esta bóveda, aún no se ha dibujado nuestro mapa
Estamos como las olas de una ribera de rio
rozando sutilmente la tierra media
Han pasado días muertos sobre ti
Los mamíferos han envejecido
Y nadie entiende a qué viaje nos ha lanzado la labranza
Ahora tu tierna mano coge mi rama joven
y me llevas a las afueras de la ciudad
donde un astro me espera con una silla

No tengo otro horizonte, más que el de arrastrar mi silla
detrás de tus manos
 

El eco en el caos

8:22 p.m. Edit This 0 Comments »

María Polydouri (un poema de El eco en el caos)

[Hoy...]

Hoy, justo antes de que la luz llenara el cielo,
escuché unas campanas que sonaban lejos, en la ciudad.
Unas campanas... ¿Por qué reparé en ellas? Como si las últimas sombras
esparcieran el odio lentamente y se movieran con pesadumbre.

¿Dónde dejé el dulce corazón de mi niñez,
en qué momento, atado a qué tañido de campanas?
En qué momento... Y hoy, para rezar mi oración,
me puse de rodillas, triste.

Una oración a la belleza, esa madre olvidada,
a la ignorancia, a la sonrisa, a la voz de los sueños,
mientras hoy escucho a las campanas del desconsuelo
cómo anuncian con pena la muerte intempestiva.

(María Polydouri, El eco en en caos, 1929)
Traducción: Juan Manuel Macías

El ala-madre de Vallejo

8:00 p.m. Edit This 0 Comments »
El siguiente texto va de la mano de un extracto del poema Pasos Lejanos de Vallejo. La ansiedad estructural de la sociedad; acaso no se detiene, no se pausa en este abrazo fundacional.


«La ternura es, ante todo, adaptación a este ritmo lento, y a la par abundante, dentro del cual hace eclosión la vida. Es, fundamentalmente, desdén del tiempo, olvido de la prisa. En la caricia el tiempo queda suspendido y su más profunda esencia radica en el acorde secreto en el que se instala “la espera”. Unos acordes, el ritmo inescrutable de la vida; la mano que acaricia olvidada del tiempo, de su transcurrir, parece esperar que algo se entreabra y despliegue. Es como un aguardar a que las cosas se revelen en su esencia, y de ahí su lento respeto, su confianza en una identidad arcaida con lo que es acariciado. Una caricia apresurada es la negación de toda ternura. Si la ternura se atropella, basta esto para revelar su falsedad. Hay en toda ternura una sosegada espera al mismo tiempo que una seguridad tranquila. ¿No es la lentitud de la caricia una evocación de la lentitud de todo crecimieto? Y su ritmo, tan opuesto al atropello y a la prisa, ¿no es el eco de ese ritmo con el que toda vida se va desarrollando? Si la caricia da confianza es porque nace de una hondísima confianza en aquello que con la vida surge. En la ternura y en la caricia, la intencionalidad del hombre, el tono de su ser y de sus músculos se solidarizan con el ritmo profundo que renueva las células, los materiales de la vida, con un tiempo biológico, lento, calmoso. Por eso la caricia materna calma el dolor del golpe mejor que ningún analgésico; sabe, de antemano, que aquello va a pasar, que la herida y el daño, arrastrados por el fluir de la vida, van a ser reparados.»

[Rof Carballo, Juan: Violencia y ternura. Madrid: Prensa española, 1967, p. 208]
                                                               «El abrazo», de Klimt
 
"(...)Y mi madre pasea allá en los huertos,
saboreando un sabor ya sin sabor.
Está ahora tan suave,
tan ala, tan salida, tan amor (...)"

[Cesar Vallejo: Pasos Lejanos.]