C15
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Le abrió la puerta la secretaria, y Mariella (como elegí llamarla aquí) ingresó taciturna de la mano de su bolso verde. Al verla, al llegar por fin a conocerla; me provocó una inusual inquietud. Su historia clínica transitaba sin apuro por mi juicio e intenté a la par atribuirle imágenes anodinas para no prendarme de ella. A milímetro escudriñaba, y preparaba mi mente y el ambiente, para celebrar con ella, para conocerla y fascinarme con su sapiencia, que fue tan bien descrita por mi buen amigo y colega Merckel, en su file clínico; el que me había mantenido despierto las ultimas ocho horas.
Ella era un caso desafiante, hacía quince años que no desentrañaba a piel en vivo, un caso que me despertara un interés mayor que una plácida tertulia entre colegas.
Se la percibía en control, confiada, luciendo un lustroso brillo en sus ojos, al verme esperándola en el sillón frente al suyo.
- ¿Como está doctor? Un gusto, me han hablado mucho de ud.
- Bien, gracias; ¿Qué te han comentado sobre mi?
- Bueno en realidad, yo averigüe sobre ud. y no fue difícil, pues dado su prestigio hay artículos suyos a la mano de uno, y muy buenas apreciaciones sobre su labor en el nosocomio donde trabaja. El doctor Merckel le manda muchos saludos.
- El buen colega Merckel, gracias….Mariella compartimos la medicina en la sangre ¿Cómo así te convertiste en doctora?.
- Uhhhh largo de contarle, pero supongo que aquí con ud. puedo darme ese derecho.
- Claro, sí; cuéntame.
- Siempre supe que seria doctora, siempre perseguí ese sueño desde que me tropecé con los Tomo V y VIII del Netter, el compendio de anatomía que encontré en la casa de mis abuelos paternos. Ese libro que le había pertenecido a un tío que falleció joven, fue un hito en mi vida; valía más que el oro y aun a los 10 años, yo lo sabía. A partir de ese suceso, empecé a soñar con los cuerpos diseccionados, dispuestos de par en par, para mí; sobre las mesas de la sala. Los músculos por capas torneando cada hueso, luciéndose en gradientes por nivel en cada brazo y pierna, todos extendidos, sostenidos por agujas; esperando de mi mano y así, así llegaba a excitarme (…)
Quebraba su largo cuello hacia la derecha, virando ligeramente hacia fuera de nuestro espacio, un tanto arriba. Para regodearse de su recuerdo se rozaba los labios de forma sutil con el pulgar y su mente se separaba del presente y me iba narrando su historia.
Toda ella estaba plagada de decisiones convencidas, existía muy poca flaqueza o vulnerabilidad en su haber verbal. La fragilidad que en realidad la poseía como su segunda capa, la cubría exitosamente con un tino inteligente y su postura confiada. Viraba sus largas piernas hacia mi, sin mayor reparo y con elevada fineza y argucia me jugaba la mirada y con ella el discurso.
Nos reunimos cinco veces finalmente, en las que diseccionamos su historia (y en mi adentro, la mía)
- No siento pesar doctor, no me genera pesadumbre ni mucho menos un haz de arrepentimiento, pero me provoca cierto desconcierto cuando lo analizo en tercera persona, pero eso no sucede a menudo.
- ¿Por qué desconcierto?, y no goce, como me explicabas ayer.
- El placer que me genera deshacerme de ese ser formándose en mi, es un goce infinito que me gobierna por más tiempo que un orgasmo vívido.
Sabe, cuando completo el orgasmo con cierto amante, lo deshecho casi de inmediato y me aseguro de ir conociendo al próximo.
- ¿Y luego?
- Luego me embarga una inquietud, como si algo fuese a suceder, algo inevitable.
- ¿Qué podría pasar Mariella?
- Bueno en realidad, nada agradable, pero eso sensación es muy frugal y se esfuma como le decía hace unos días.
- Y a continuación planeas el curso y fin del embarazo cierto?
- Suena tan sencillo salido de su boca y por como me habla.
- ¿Y cómo le hablo?
- Ud. es diferente, me inspira mayor confianza que los otros psiquiatras.
- Mariella, no soy tu próximo amante.
- ¿Por qué dice algo así? ¿Eso dedujo de mi expresión corporal? O de mi voz?
- ¿Por qué sonó tan sencillo de mi boca?
- Porque no sigo un ritual repetitivo para cada uno, me tomo mi tiempo. Calculo con tacto el día de mi ovulación, pacto una cita con mi amante y me procuro un doble orgasmo; lo disfruto aun más porque sé que tendrá un fin más trascendente y un goce mucho más elevado.
- Configuras el día final, tres semanas luego de la fecundación, al formarse el corazón; me decías ayer; ¿Por qué hasta ese suceso?
- Porque eliminar una célula seria insignificante y deshacerme de un feto mas completo sería demasiado demandante para la salud, ud sabe.
A la cuarta semana del embarazo, la bolsa diminuta empieza a latir y se forman las cámaras, cierto? Sigo con alegría esos días y a la quinta semana, cuando el corazón ha tomado la forma básica, cuando la cámara inferior y la superior se dividen en dos, se que debo de ir planeando el fin. Ya durante la sexta y séptima semana, que sé que los vasos sanguíneos se enrollan y se conectan, y las válvulas que aseguran el flujo ya son funcionales, es en ese tiempo del latido que yo debo actuar.
- ¿Con el último y único fin que el goce?
- Es superior a un goce, sabe; ¿Qué es acaso un corazón? El corazón latiendo es el motor de esa vida, es la razón.
Nosotros como doctores nos instruimos del organismo y sus misterios y uno de ellos es el corazón. No es más que un simple motor que hace vibrar la piel, para quienes no se instruyen de su complejidad como nosotros. Pero para mi, detener un corazón, es detener la razón de esa vida.
- ¿Cómo así detener la razón?
- Ud. sabe, el corazón es el órgano muscular más activo, se hincha y desinfla de sangre, no de aire vacío como el pulmón. Está más vivo que cualquier otro órgano, y si bien el cerebro es el del juicio; en un feto, ese encéfalo es un simple lastre que aun no cumple su función y en realidad no ha empezado a pensar siquiera; aunque las investigaciones digan puntos diversos respecto al tema. El corazón cuando ya late, es la única razón de ese cuerpo, la complejidad de su latido es quien se lleva el mérito de la propia vida.
- Y por ser tan trascendente en dicha semana, le das fin con goce.
- Exacto, porque es más que un huevo cigoto o néurula incluso, y que se apague por mi voluntad, me produce el placer más completo porque soy diosa y muerte en ese mismo instante, me regocijo al saberlo, como ningún ser humano lo ha hecho en su vida.
- ¿Porque creas vida y le das fin como un dios, cierto?
- Si, ud sabe; el fin es la razón en sí misma y yo soy plena al decidirlo en mis adentros, una, y otra y otra ves.
Abría delicadamente los ojos y sus labios se expandían invitándome en su reflejo. Su pupila, sus pupilas me enviaban el mensaje directo de sus fines, se dilataba ella y mis manos abiertas me encrucijaban en culpa.
Era ella, estaba seguro, era la Mariella de mi adolescencia, con otro nombre más bonito y con una figura más proporcionada y madura.
¿Cómo no pude advertir que era ella? ¿Qué hacía ella aquí?
Yo también había sido su amante alguna ves, ¿También habría asesinado una razón de mi, en ella? O era una vil treta de su ingenio para cautivarme.
- Doctor, ¿Ud cree que es infame esto que hago?
- ¿Qué es lo que haces?
- Esto, darle fin a un ser en mi.
- ¿Tú crees que es infame?
- Prefiero creer lo que tú me digas.
Ella era un caso desafiante, hacía quince años que no desentrañaba a piel en vivo, un caso que me despertara un interés mayor que una plácida tertulia entre colegas.
Se la percibía en control, confiada, luciendo un lustroso brillo en sus ojos, al verme esperándola en el sillón frente al suyo.
- ¿Como está doctor? Un gusto, me han hablado mucho de ud.
- Bien, gracias; ¿Qué te han comentado sobre mi?
- Bueno en realidad, yo averigüe sobre ud. y no fue difícil, pues dado su prestigio hay artículos suyos a la mano de uno, y muy buenas apreciaciones sobre su labor en el nosocomio donde trabaja. El doctor Merckel le manda muchos saludos.
- El buen colega Merckel, gracias….Mariella compartimos la medicina en la sangre ¿Cómo así te convertiste en doctora?.
- Uhhhh largo de contarle, pero supongo que aquí con ud. puedo darme ese derecho.
- Claro, sí; cuéntame.
- Siempre supe que seria doctora, siempre perseguí ese sueño desde que me tropecé con los Tomo V y VIII del Netter, el compendio de anatomía que encontré en la casa de mis abuelos paternos. Ese libro que le había pertenecido a un tío que falleció joven, fue un hito en mi vida; valía más que el oro y aun a los 10 años, yo lo sabía. A partir de ese suceso, empecé a soñar con los cuerpos diseccionados, dispuestos de par en par, para mí; sobre las mesas de la sala. Los músculos por capas torneando cada hueso, luciéndose en gradientes por nivel en cada brazo y pierna, todos extendidos, sostenidos por agujas; esperando de mi mano y así, así llegaba a excitarme (…)
Quebraba su largo cuello hacia la derecha, virando ligeramente hacia fuera de nuestro espacio, un tanto arriba. Para regodearse de su recuerdo se rozaba los labios de forma sutil con el pulgar y su mente se separaba del presente y me iba narrando su historia.
Toda ella estaba plagada de decisiones convencidas, existía muy poca flaqueza o vulnerabilidad en su haber verbal. La fragilidad que en realidad la poseía como su segunda capa, la cubría exitosamente con un tino inteligente y su postura confiada. Viraba sus largas piernas hacia mi, sin mayor reparo y con elevada fineza y argucia me jugaba la mirada y con ella el discurso.
Nos reunimos cinco veces finalmente, en las que diseccionamos su historia (y en mi adentro, la mía)
- No siento pesar doctor, no me genera pesadumbre ni mucho menos un haz de arrepentimiento, pero me provoca cierto desconcierto cuando lo analizo en tercera persona, pero eso no sucede a menudo.
- ¿Por qué desconcierto?, y no goce, como me explicabas ayer.
- El placer que me genera deshacerme de ese ser formándose en mi, es un goce infinito que me gobierna por más tiempo que un orgasmo vívido.
Sabe, cuando completo el orgasmo con cierto amante, lo deshecho casi de inmediato y me aseguro de ir conociendo al próximo.
- ¿Y luego?
- Luego me embarga una inquietud, como si algo fuese a suceder, algo inevitable.
- ¿Qué podría pasar Mariella?
- Bueno en realidad, nada agradable, pero eso sensación es muy frugal y se esfuma como le decía hace unos días.
- Y a continuación planeas el curso y fin del embarazo cierto?
- Suena tan sencillo salido de su boca y por como me habla.
- ¿Y cómo le hablo?
- Ud. es diferente, me inspira mayor confianza que los otros psiquiatras.
- Mariella, no soy tu próximo amante.
- ¿Por qué dice algo así? ¿Eso dedujo de mi expresión corporal? O de mi voz?
- ¿Por qué sonó tan sencillo de mi boca?
- Porque no sigo un ritual repetitivo para cada uno, me tomo mi tiempo. Calculo con tacto el día de mi ovulación, pacto una cita con mi amante y me procuro un doble orgasmo; lo disfruto aun más porque sé que tendrá un fin más trascendente y un goce mucho más elevado.
- Configuras el día final, tres semanas luego de la fecundación, al formarse el corazón; me decías ayer; ¿Por qué hasta ese suceso?
- Porque eliminar una célula seria insignificante y deshacerme de un feto mas completo sería demasiado demandante para la salud, ud sabe.
A la cuarta semana del embarazo, la bolsa diminuta empieza a latir y se forman las cámaras, cierto? Sigo con alegría esos días y a la quinta semana, cuando el corazón ha tomado la forma básica, cuando la cámara inferior y la superior se dividen en dos, se que debo de ir planeando el fin. Ya durante la sexta y séptima semana, que sé que los vasos sanguíneos se enrollan y se conectan, y las válvulas que aseguran el flujo ya son funcionales, es en ese tiempo del latido que yo debo actuar.
- ¿Con el último y único fin que el goce?
- Es superior a un goce, sabe; ¿Qué es acaso un corazón? El corazón latiendo es el motor de esa vida, es la razón.
Nosotros como doctores nos instruimos del organismo y sus misterios y uno de ellos es el corazón. No es más que un simple motor que hace vibrar la piel, para quienes no se instruyen de su complejidad como nosotros. Pero para mi, detener un corazón, es detener la razón de esa vida.
- ¿Cómo así detener la razón?
- Ud. sabe, el corazón es el órgano muscular más activo, se hincha y desinfla de sangre, no de aire vacío como el pulmón. Está más vivo que cualquier otro órgano, y si bien el cerebro es el del juicio; en un feto, ese encéfalo es un simple lastre que aun no cumple su función y en realidad no ha empezado a pensar siquiera; aunque las investigaciones digan puntos diversos respecto al tema. El corazón cuando ya late, es la única razón de ese cuerpo, la complejidad de su latido es quien se lleva el mérito de la propia vida.
- Y por ser tan trascendente en dicha semana, le das fin con goce.
- Exacto, porque es más que un huevo cigoto o néurula incluso, y que se apague por mi voluntad, me produce el placer más completo porque soy diosa y muerte en ese mismo instante, me regocijo al saberlo, como ningún ser humano lo ha hecho en su vida.
- ¿Porque creas vida y le das fin como un dios, cierto?
- Si, ud sabe; el fin es la razón en sí misma y yo soy plena al decidirlo en mis adentros, una, y otra y otra ves.
Abría delicadamente los ojos y sus labios se expandían invitándome en su reflejo. Su pupila, sus pupilas me enviaban el mensaje directo de sus fines, se dilataba ella y mis manos abiertas me encrucijaban en culpa.
Era ella, estaba seguro, era la Mariella de mi adolescencia, con otro nombre más bonito y con una figura más proporcionada y madura.
¿Cómo no pude advertir que era ella? ¿Qué hacía ella aquí?
Yo también había sido su amante alguna ves, ¿También habría asesinado una razón de mi, en ella? O era una vil treta de su ingenio para cautivarme.
- Doctor, ¿Ud cree que es infame esto que hago?
- ¿Qué es lo que haces?
- Esto, darle fin a un ser en mi.
- ¿Tú crees que es infame?
- Prefiero creer lo que tú me digas.


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