C21

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--Estoy viajando, sí; desde mí, desde mí, desde mí ¿Qué yo soy?-- dijo Mel --Es una cuestión circular caberse en pregunta tal, es llenar un casillero de en fila, romperse los falanges para calzar el zapato estándar. Desde mí la respuesta se enrienda, se dispersa, se fuga de mí, tal ves a propósito; las ideas no se enlazan, no se conocen a profundidad unas con otras, no se acogen entre sí, ni se adhieren a estructurar, como lo hacen todas las formas que se sostienen por sí mismas. Desde mí, no me puedo explicar, ni dar a entender, soy un variopinto de partes conjunta; frases sueltas que no se buscan, ni se esperan, ni se adjudican en una razón o función; oscilo, yo suelo oscilar de un extremo a otro, indago, me disgrego por los surcos y otros mundos; desde mí, no soy yo, soy algo más, o tal vez soy un sino disertado, deshecho en el piso de la vacuidad. Podría dejarme a la gravedad, dejarla hacer su trabajo conmigo, dejarla adjuntarme en una sola pieza completa y coherente, dejarme fuera de mí, sería tan fácil, sería tan difícil desde mí. Podría quedarme quietecita y preguntar por las horas del día y ubicarme en una fecha conspicua y hacerla mía, hacerla mi nacimiento absoluto, podría, pero seria tan fácil. Y estas ideas, estas fantasías cotidianas podrían ser yo, podría ser todas esas piezas, todas esas partículas dispersas en los días. Pasa un día, pasa el otro, no hay diferencia alguna, uno no se relaciona con el otro, y el que hubo se ha quedado en la otrora enmudecida o colgado de algún objeto cercano de este cuarto, en algún jeroglifo de la pared, del techo, y todos flotan, las emociones intentan acogerse, ennudarse unas con otras y darse la mano con mis ideas, pero las separo, desde mí eso sería muy difícil. Desde esta casa, desde este alma sin ruido haciendo eco en la corpórea necesidad fisiológica o en las necesidades silentes de atención, afecto; desde mí, todo ello se hace uno, se inserta en una entidad completa, en una sola, entre todas ellas, entre ellas mismas y a una misma, solo una; como las hojas, como las que yacen secas bajo mi jardín, todas del mismo tronco, de la misma sabia heredada, del mismo brazo, y tan una, tan única y completa. Y el hecho, la real dimensión estructural de la vida no se disgrega, se junta, se busca, y se enquista en mis adentros y me bifurca, me aparta de Manuel, del imago que yo le tengo; mis conjeturas se van de la primera dimensión, se van solas de mí y no las puedo pescar, se van a husmear a otra parte, a explorar otra sombra y en su afán se sueltan los nudos y se descubren entre ellas, justo tan a mi vista, tan cerca. El polvo cae y se infiltra por los rincones de la casa, en los ojos de los animales, en los libros, en las ropas del cordel, y se ensucian, se corrompen; ya nada está libre de la polvareda del día, de los tiempos y los sitios; y de así tan elíptico conjugo este suceso desde mí, tan sencillamente como decir sí, como responder a una pregunta con un monosílabo; cuánto podría caber en una palabra, en una sílaba, en las frases completas que hay detrás, en el aire que respiran ellas sueltas diciendo…cae esta tarde, se va, se va con las historias de las que me sostengo, con las de hoy--
--La tarde cae simplemente-- dijo Manuel --cae como los cuerpos al tropezar con las rocas, hacia la arena; cae, así de simple porque ya cedió una misión, sin la conciencia propia, sin darse cuenta de su patrón, ni de su inexistente gloria; su cíclico devenir es tal, su debo, sin el sino y sin conjetura…cae solamente, como un suceso, como un acontecimiento provocado por los seres circundantes, por los inertes incluso pero así cumpliendo su curso, desde un sustantivo como mi ser, desde lo que me gustaría dejar de ser; porque aspiro esa habilidad, ese desinfractuoso devenir; irme y venirme, venir y no regresar nunca más, como Mel, desde su paso dubitativo, con su mirada perdida en el ocaso, con su pulgar e índice marcando su oreja derecha, mientras ella viaja y se desintegra en todos los objetos, los caminos y las luces, en todos los que ella no ve, los que yo tampoco puedo ver, en los que crea en su mente, y a su paso de lado le sigo con mi vista de reojo, intento desintegrarme y proyectarme en mil posibilidades, en alguna con Mel, en el que ella va caminando hoy, y yo me arrancaría los pies, para pertenecer a aquel mundo en aquella gravedad. Intento desasirme de este asiento e irme y venirme, caminar con Mel por la tarde, en las horas precedentes a las 6, en ese sosiego de la quietud de sus ojos al despiezarse ante los míos; en su compañía, cuando cuaja sus días tan distante de mí, cuando la escudriño en cada uno de sus rastros, para alcanzarla desde el pie para que ella no me sienta, para que no se de cuenta, que yo la observo de aquí, desde mi asiento al otro lado del universo, siendo el ser apiezado que ella desea ser, el que está convencida podría explicarla mejor y no se da cuenta, se busca y no se da cuenta, que hago también lo mismo en su revés y mi asiento tampoco me explica mejor a mí, ni me lleva de rumbo en rumbo a descubrir mas allá, no; me quedo aquí, acendrado a este asiento con las frases dispuestas en prosa, con las nocturnas y las diurnas, con los deberes y los sientos, tan claros y perplejos a mi lengua y al discurso, pero me voy sin el movimiento, sin el fluctuante vibrar de Mel, sin su vitalidad oscilante, sin todas esas historias y personajes; a mí, me espera mi asiento constructo, mis ideas claras y mis amistades perennes, así sencillamente, tan cíclico como la duda, como la tarde, como la tarde que detesto, que trato de reemplazar con una historia dibujada, con un trazo firme y otro tenue, es uno y es otro, es el rojo y los azules; los matices todos están ya exentos de mi mismo, pero le siguen a la forma, a la línea de límite, a la factible delimitación de mis dimensiones visuales…pero cuánto cabe en mí todo esto, siento que me miento a mí mismo, que este esquema es alguien a quien estoy dejando de conocer, pero regreso por mis propias pisadas al mismo punto, al onduleo de lo mismo y no me siento, no me reconozco, me comienzo a pensar y suelto palabras únicas sin nexo, y siento que puedo ser ése, pero las cojo inmediatamente y las amarro con este asiento, que se parece más a alguien conocido que a mí mismo…cuánta nube Mel, cuánta confusión natural se nos libra del seguir pensando una y otra ves, conmigo mismo, contigo misma, tan ajenos, tan indiferentes del nexo que nos trenza, tan invisible a los ojos, a tus ojos, a los nuestros--

A: B.

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